viernes, 26 de febrero de 2021 Actualizado a las 12:41

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Harasic y la toma de Derecho: un comportamiento equivalente al de la iglesia Católica

Harasic y la toma de Derecho: un comportamiento equivalente al de la iglesia Católica
¿La investigación contra Carlos Carmona tomará el mismo rumbo sin destino de las denuncias por abusos sexuales en la Iglesia católica? ¿Cuál es la relación de amistad y de conveniencia entre Davor Harasic y Carmona y cómo ha influido eso en la inoperante tramitación de la causa? Que la mayoría de estas preguntas no tengan una respuesta digna es lo que hizo solidarizar tan rápidamente a la opinión pública con el movimiento que partió en la Universidad de Chile y que tiene ahora dominada la agenda en el país.
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En todos los movimientos sociales exitosos hay una chispa que enciende una llama, y esa llama alcanza tales dimensiones que al poco tiempo la chispa inicial se hace indistinguible. En la ola feminista que actualmente remece a nuestro país, la chispa nació en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, y conviene preguntarse qué tuvo de especial como para lograr el nivel de movilización que actualmente observamos.

Muy pocos egresados, maestros o estudiantes de esa facultad dudarían en nombrar a Davor Harasic y Carlos Carmona entre los profesores más poderosos e influyentes de ese lugar. Este dato, en una facultad en la que el poder se enseña, promueve, discute y obtiene, hace del acto de la alumna denunciante un ejemplo de arrojo y valentía difícil de calibrar si no se ha estado allí. El profesor Carmona, objeto del sumario, fue sancionado y decidió no seguir apelando a esa sanción ni referirse públicamente al caso. Más difuso es el rol que cumple en esto el decano Harasic, que ha comparecido en varios medios de comunicación para referirse, fundamentalmente, a sus propios méritos en estas materias.

¿Cómo se explica que se tramite una denuncia de esta naturaleza durante la friolera de nueve meses y que, durante todo ese período, no se tome ninguna medida cautelar en favor de la denunciante? ¿Cómo se evaluó su protección cuando las primeras filtraciones sobre este caso provinieron evidentemente del mismo decanato hacia los medios de comunicación?

¿Qué sentido tiene que no se le informe a la denunciante de ninguna parte del contenido del proceso y que, cuando se le notifique de los resultados, no se le permita asistir ni con sus padres ni con su abogado? ¿Cómo se compatibiliza reconocer el rol de esta manifestación –“siento orgullo”, dijo en televisión– con evidentes medidas de hostigamiento hacia ella, como la innecesaria suspensión de los exámenes de grados agendados con meses de anticipación? ¿Qué parte de ese orgullo se manifestó en el inicio de la toma, con una actitud violenta y altanera hacia las dirigentas?

¿No es esta la misma actitud a medias negligente y a medias interesada que se critica de los jerarcas de la Iglesia católica en los casos de abuso que todos conocemos, donde denuncias gravísimas durmieron eternamente en cajones de oscuras oficinas episcopales? ¿Seguiría en un cajón equivalente esta denuncia de no mediar la presión ejercida por los estudiantes? ¿Cuál es la relación de amistad y de conveniencia entre Harasic y Carmona y cómo ha influido eso en la inoperante tramitación de la causa?

¿Qué sentido tiene que no se le informe a la denunciante de ninguna parte del contenido del proceso y que, cuando se le notifique de los resultados, no se le permita asistir ni con sus padres ni con su abogado? ¿Cómo se compatibiliza reconocer el rol de esta manifestación –“siento orgullo”, dijo en televisión– con evidentes medidas de hostigamiento hacia ella, como la innecesaria suspensión de los exámenes de grados agendados con meses de anticipación? ¿Qué parte de ese orgullo se manifestó en el inicio de la toma, con una actitud violenta y altanera hacia las dirigentas?

¿En qué pie quedan futuras denunciantes, sabiendo el camino que les espera? ¿Es consecuente que Harasic opine que una toma “no es una vía idónea para condicionar”, siendo que en años recientes apoyó entusiasta y financieramente otras tomas por motivos diversos? Y, sobre todo, ¿qué medidas propone para que de ahora en adelante las cosas cambien?

Probablemente, el que la mayoría de estas preguntas no tengan una respuesta digna es lo que hizo solidarizar tan rápidamente a la opinión pública con el movimiento. En realidad, la única pregunta que admite una respuesta venturosa es la última. La esperamos con ansias, a la vez que celebramos la llama que actualmente nos alumbra y tributamos a la valiente alumna que pasó por el involuntario trance de encenderla.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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