lunes, 16 de septiembre de 2019 Actualizado a las 00:34

OPINIÓN

Autor Imagen

Chile y Bolivia: La hora de la verdad

por 15 septiembre, 2018

Chile y Bolivia: La hora de la verdad
Personalmente no conozco a nadie en Chile, incluidos quienes han tenido participación directa o indirecta  en el proceso del juicio, que opine que ganaremos en La Haya. Por lo mismo, pienso que el fallo de la Haya, cualquiera este sea, debe ser acatado sin reservas dobleces ni ambigüedades de ninguna especie, y que el mismo debiera ser implementado sin demora. Aunque nos duela.
  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

Todo hace suponer que estamos próximos a conocer el fallo con que  la Corte Internacional de Justicia se pronunciara en torno a la disputa en que Chile y Bolivia se encuentran enfrascados, a propósito de la demanda que el país altiplánico interpuso contra nuestro país, solicitando se nos obligara a negociar una salida soberana al Océano Pacífico.

A estas alturas del proceso, cuando el veredicto ya debe estar redactado y su tenor en consulta entre los jueces, a nadie le debe quedar dudas que Bolivia logró finalmente construir su caso. El mismo al que nosotros negamos existencia desde el principio, argumentando que la demanda era un invento y que en realidad de lo que se trataba, era de intentar desconocer subrepticiamente el Tratado de 1904, el mismo que fijó nuestros límites a perpetuidad.

Nuestra primer traspié quedó evidenciado con motivo de la presentación de las objeciones preliminares,  las cuales nunca debieron invocarse por el altísimo riesgo que implicaban, tal y como aconsejaron a Chile numerosos juristas. La Corte le dio la razón a Bolivia acogiendo el caso, aunque recortando sus pretensiones originales al declarar que dicho fallo no prejuzgaba sobre los resultados prácticos de un eventual pronunciamiento final  que obligara a una negociación bilateral.

Estimo que los jueces de la Corte, que son hombres de derecho, pero también seres políticos, ponderarán debidamente todos los aspectos del caso y tendrán presente que siendo la Corte un órgano de la ONU, cuyo principal propósito es cautelar la paz y seguridad internacionales obraran en consecuencia. Esto significa, palabras más o menos, que  la Corte nos instará en su fallo a negociar bilateralmente con Bolivia.

En medio de todo este largo y reñido proceso, es bien sabido que hubo episodios muy ingratos como incidentes fronterizos y numerosas declaraciones altisonantes de parte del presidente Evo Morales. Como palabras sacan palabras, se configuró un cuadro de crispación que hizo afirmar a numerosos analistas que las relaciones bilaterales atraviesan hasta hoy por el peor momento en los últimos cincuenta años.

En paralelo, Bolivia desplegó una intensa y metódica campaña internacional buscando apoyo para su causa, con visibles resultados. Por el contrario, Chile pudo conseguir bastante poco al respecto, por más empeño y recursos que se colocaron tras este objetivo. Visitas de delegaciones de políticos y parlamentarios nacionales a distintos países del todo el orbe no lograron concitar apoyo sustantivo a nuestra causa.

Cuando más, conseguimos que algunos pocos países se pronunciaran señalando que el caso era una cuestión estrictamente bilateral, y que por lo mismo no tomarían partido. Tal como acaba de hacer el presidente del Gobierno Español Pedro Sánchez, quien ha dicho que su gobierno se declara neutral en este caso. Mientras que por debajo, esos mismos gobiernos no dejaban de aconsejarnos que buscáramos una solución razonable y práctica con Bolivia. Y es preocupante que este cuadro se diera en casi todo el mundo, pero principalmente en nuestra región.

¿Por qué ocurrió aquello? Por la sencilla y al mismo tiempo compleja razón que la causa boliviana es simple y fácil de explicar y, por lo mismo, capaz de suscitar simpatías y solidaridades. Mientras que la nuestra requiere una larga y hasta tediosa explicación. Por ejemplo  a propósito de las extensas ventajas que Chile proporciona a Bolivia en materia de acceso al mar a través de sus puertos, la que sin duda se encuentran entre las amplias que país alguno en el mundo otorga a naciones sin litoral.

Personalmente no conozco a nadie en Chile, incluidos quienes han tenido participación directa o indirecta  en el proceso del juicio, que opine que ganaremos en La Haya. Por más que en público los mismos  personeros se muestren optimistas y con ánimo triunfante, estimando por ejemplo, a propósito de los alegatos orales, que la argumentación chilena por su contundencia demolió parte por parte  lo postulado por Bolivia.

Yo tampoco creo que ganaremos. Estimo que los jueces de la Corte, que son hombres de derecho, pero también seres políticos, ponderarán debidamente todos los aspectos del caso y tendrán presente que siendo la Corte un órgano de la ONU, cuyo principal propósito es cautelar la paz y seguridad internacionales obraran en consecuencia. Esto significa, palabras más o menos, que  la Corte nos instará en su fallo a negociar bilateralmente con Bolivia.

Sin embargo, aunque perdamos, todo dependerá del “fraseo” que utilice el tribunal al momento de emitir su veredicto inapelable. En otras palabras, de cómo esté exactamente redactado el fallo.

Por demás, bien sabemos que de cualquier modo que el tribunal le dé la razón a Bolivia, aunque solo sea en una mínima parte, Evo Morales se encargará de presentar el resultado como un triunfo rotundo para Bolivia y una derrota estruendosa para Chile.

Tras el fracaso en el juicio en La Haya con Perú, pues eso fue, un fracaso sin matices, hay que preguntarse si acaso está nuestro país preparado para aceptar otra derrota en la misma instancia judicial.

Yo pienso que no. Y por lo mismo,  la tentación del gobierno del Presidente Sebastián Pinera de culpar de todo al “gobierno anterior” es demasiado grande. E incluso la de patear el tablero llamando al país a desconocer un eventual fallo adverso. Olvidando incluso que esta controversia legal de inicio bajo su primer mandato.

¿Tiene piso político el presidente para intentar semejante cosa? Yo creo que lamentablemente sí lo tiene, especialmente frente a la actitud mayoritariamente anti-boliviana que hoy por hoy exhiben nuestros compatriotas. Otra cosa muy distinta y de más largo plazo son las gravísimas consecuencias para la política exterior de Chile que semejante política traería aparejada.

Ya se escuchan voces desde diversos círculos llamando a retirarnos del Pacto de Bogotá, incluso a sabiendas que aquello no tendrá ningún efecto en este juicio. Y además, considerando que tenemos otra querella pendiente en La Haya también con Bolivia por las aguas del Río Silala, en la cual estimo que los argumentos de Chile son incontrarrestables.

El derecho internacional fue construido ladrillo a ladrillo por las naciones medianas y pequeñas precisamente para protegerse de los intentos de predominio sin contrapesos por las grandes potencias. Por lo mismo nuestro deber como país, con limitados recursos de poder, no consiste en debilitar ese derecho y sus instituciones, sino por el contrario, entraña la obligación de hacer nuestra contribución a fortalecerlo y extenderlo cuanto sea posible.

Por lo mismo, pienso que el fallo de la Haya, cualquiera este sea, debe ser acatado sin reservas dobleces ni ambigüedades de ninguna especie, y que el mismo debiera ser implementado sin demora. Aunque nos duela.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director
Cartas al Director

Noticias del día

TV