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Los desafíos climáticos que se nos vienen encima

por 1 marzo, 2019

Los desafíos climáticos que se nos vienen encima
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Hasta aquí hemos sido afortunados. Las devastaciones climáticas no nos han golpeado con la magnitud que golpearon el año pasado a EEUU, Centro de Europa, y otros países, en especial a las pequeñas Islas. Pero esto no debería ser motivo de despreocupación por parte del Gobierno, por el contrario, tendría que asumir una mayor responsabilidad protegiéndonos de los peligros a los que estaremos expuestos. Pero sí hemos sido severamente golpeados por extremos climáticos estos últimos dos meses. En el Norte, temporales de gran intensidad, inundaciones, desbordes de ríos, pérdida de poblados. En el Centro olas de calor que volvieron a superar los records de temperatura alcanzados en 2017. En Santiago por primera vez en la historia se registraron 38,3º C. En el extremo Sur, altas temperaturas e inusitados incendios forestales.

Hace unas semanas nos sorprendieron nuevas declaraciones sobre el clima de Trump, quien ante la tragedia del frío extremo hasta -40ºC que afectó a mediados de enero a cientos de miles de personas en varios Estados del Medio-Oeste de la Unión Americana, se burló twiteando: “¿Qué diablos está pasando con el calentamiento global? ¡Por favor, vuelve rápido, te necesitamos!” La reacción de miles de ciudadanos americanos no se hizo esperar dirigiéndole los peores descalificativos. Lo que él debería haber sabido es que se trataba de eventos extremos nunca vistos, provocados por el cambio climático, en los que una persona podía morir de hipotermia en pocos minutos.

Ese aire gélido fue un caso muy especial. Se originó por un súbito calentamiento de la atmósfera justo encima del Polo Norte debido a una corriente de aire caliente desde Marruecos. Esto partió en trozos al vórtice polar y uno de esos fragmentos fue el causante de ese frío extremo. Como ha quedado manifiesto, una vez más, Trump no entiende que el cambio climático es complejo, conlleva incertidumbres, provoca extremos tanto de frío como de calor, cada vez más intensos y frecuentes, y que la mayoría de sus efectos son irreversibles. Tampoco sabe la diferencia entre “clima” y “tiempo”. ¿Qué más se puede esperar o no esperar, del resto de líderes políticos, empresarios, parlamentarios que lo apoyan? Muy poco.

Debido a esta mentalidad, hemos tenido mínimos avances en la reducción mundial de emisiones de CO2. Esa es la realidad. Peor aún, en 2017 y 2018 aumentaron las emisiones de CO2, lo que demuestra que en la mayoría de los países, aún no existe una verdadera voluntad política para adoptar medidas urgentes, drásticas en la reducción de nuestras emisiones tal como lo recomendó el último Informe del IPCC de Octubre 2018. Chile es uno de esos países. Aún no damos una debida atención al alto riesgo de ser golpeados, en cualquier momento, por un desastre climático de envergadura y, su derivado inmediato, el desplazamiento de un elevado número de migrantes climáticos. Ni siquiera nos han preocupado en toda seriedad la serie de eventos extremos de inundaciones y lluvias torrenciales en el Norte, la sequía en la zona central y los incendios forestales que nos han afectado en gran parte del territorio en los primeros dos meses de este año.
Tampoco el gobierno parece comprender que el proceso del cambio climático ya está en marcha. Que el mayor peligro al que estamos expuesto como sociedad, es precisamente lo que ejemplifica Trump, es decir, que nuestros gobernantes lo ignoren o se burlen, y finalmente no hagan absolutamente nada por detenerlo o mitigarlo. Si no actuamos pronto perderemos un tiempo precioso para detenerlo de una manera racional y planificada. Que no se engañe nadie, sólo hay un camino: disminuir las emisiones de CO2 lo más pronto posible. No hay otra alternativa. La disrupción tecnológica será lenta y tendrá que vencer obstáculos más fuertes y violentos, que los que enfrentará el freno a las emisiones.

La tarea para el gobierno chileno, por tanto, es comenzar pronto, ojalá antes de 2020, a impulsar por todos los medios a su alcance a una disminución de las emisiones y, al mismo tiempo, preparar al Estado y a los ciudadanos a convivir, por una parte, con los eventos climáticos extremos y, por otra, con los "refugiados climáticos". Esta nueva categoría de migrantes aún carece de una definición concreta, mucho menos una aceptación, reconocimiento o protección formal en Chile, tampoco por parte del derecho internacional. Teniendo presente que nuestro país será la sede de la próxima Cumbre Climática (COP 25) y que como tal un representante de nuestro gobierno tendrá la responsabilidad de presidir las deliberaciones, no podremos eludir participar en las negociaciones sobre los migrantes climáticos. La Cancillería debería tener presente que desde 2008, cada año, un promedio de 24 millones de personas en el mundo han sido desplazadas por catástrofes climáticas.

Un desafío importante será el de los migrantes climáticos, el cual ya fue discutido durante las negociaciones del Acuerdo de París en 2015, pero aún no trasciende en los centros de poder político ni en la opinión pública. Esa esperanza se esfumó cuando atestiguamos que los gobiernos, entre ellos el chileno, equivocadamente decidieron no otorgar "protección internacional legal a los migrantes inducidos por el clima". Un impasse más, otra decepción, en la dolorosa cuesta arriba de adelantar una agenda climática racional en los ámbitos nacional, regional y mundial. En otras palabras, y esto hay que subrayarlo, hemos llegado a enero de 2019 con un grave problema humanitario a nuestras espaldas. Una pesada mochila.

Esta indiferencia podría afectarnos como país en un futuro próximo, ya que deja expuestas a las poblaciones chilenas vulnerables que ya han comenzado a sufrir los efectos extremos climáticos. Para los más pobres la situación está empeorando por los records de calor, los incendios, las sequías. No son proyecciones de lo que podría suceder. Es lo que experimentaron duramente en enero y febrero de este año. Es decir, no se trata de algo que eventualmente podría sucederles mañana. La expansión del desierto, la sequía, los incendios forestales y el aumento del nivel del mar están obligando en estos momentos a un buen número de familias vulnerables chilenas a abandonar sus hogares. Un informe del Banco Mundial en marzo 2018 proyectó que en las tres regiones más vulnerables, África subsahariana, sur de Asia y América Latina, más de 143 millones de personas podrían ser desplazadas por estos impactos de aquí al 2050. Estamos hablando de verdaderas catástrofes.

Pero no todo es negativo. Vemos con confianza el auge de las tecnologías y el creciente desarrollo y aplicación de las fuentes renovables de energía, en particular la solar. Mejoras en los transportes con apertura a la electro-movilidad. Sin duda, ocuparemos un lugar importante en el concierto mundial en el tema de las energías renovables. También es muy auspicioso verificar que los jóvenes profesionales, la ciudadanía y la juventud en general han empezado a tomar conciencia sobre los efectos negativos del cambio climático, lo reconocen como un problema medioambiental muy grave, cuyos efectos devastadores nos acompañarán por varias décadas más.

Para usar esta fuerza en la toma de conciencia, el Gobierno chileno tiene que asumir el liderazgo y pasar pronto a la acción. Un paso importante será reconocer que las migraciones serán una de las formas más usadas, directas y accesibles que las poblaciones chilenas y de países vecinos dispondrán, para adaptarse al cambio climático. Abrir espacio a nuevas comunidades. Estamos ciertos, que en un futuro con extremos climáticos, migrar será la consigna. No habrá otro escape. Por tal razón, el gobierno, en particular, el Ministerio de Medioambiente debería incluir desde hoy a las migraciones climáticas como un componente importante en el conjunto de la Ley Marco sobre Cambio Climático en preparación y en las medidas que se vayan a adoptar como parte del programa nacional de “adaptación al cambio climático”. Esto es fundamental.

¿Cómo apoyar a los migrantes climáticos que se desplazarán fuera de las zonas más pobres y vulnerables?¿Cómo contrarrestar los impactos medioambientales, sociales y económicos de los desastres, utilizando la nueva fuerza laboral de esos migrantes? Tenemos que prepararnos, con objeto de ayudar eficazmente a los migrantes para cuando el peso de las circunstancias obliguen a compatriotas y vecinos a migrar por razones climáticas. Estar alertas debería ser la directriz de la futura política pública en esta materia. ¿El Gobierno chileno será capaz de llevar a cabo semejante tarea? ¿Oportunamente? Difícil saberlo. Pero, si sabemos que nuestro gobierno sigue en casi todo a Trump. Conocemos lo sucedido en las últimas 8 semanas con los temporales e inundaciones en el Norte; la ola de calor, la sequía extrema y los incendios en la Zona Central; y los inusuales incendios forestales en el extremo Sur. Por todo ello, es muy difícil ser optimista. ¿No le parece?

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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