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La reintegración: el “corazón intransable” de la Reforma Tributaria

por 18 octubre, 2019

La reintegración: el “corazón intransable” de la Reforma Tributaria
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Cuando se habla de reintegración del sistema, se habla de una franquicia que apunta a los retiros de utilidades (o distribución de dividendos), ya que re-integrar significa —para quienes efectúen tales retiros o distribuciones— volver a contar, como antes, con todo el impuesto que soportaron las empresas y descontarlo del impuesto personal que afectará al consumo de tales flujos por parte de sus dueños.
La reintegración entonces, apunta finalmente a una franquicia sobre el consumo, o si se quiere, sobre los fondos de libre disponibilidad de los empresarios. ¿Permitiremos con esto que estos flujos se reinviertan en nuevos proyectos que generen riqueza y empleo? La respuesta es sí, lo permitiremos, pero no la garantizaremos.
Y es justamente de eso de lo que se trata toda la discusión legislativa actual; interponer o no al empresariado para que administre lo del resto (sus pensiones, su salud, su trabajo, sus recursos), o darles sólo el necesario espacio para que lo hagan, dejando otro tanto para que sea el Estado el que asegure las garantías mínimas al resto de la población. Ese es el común denominador de las discusiones legislativas actuales; Por un lado - hasta qué punto enfrentar el temor y la amenaza continua de la baja del empleo, del crecimiento y de todas aquellas variables económicas que los propios empresarios se encargarán de afectar con tal de no rozar su margen de utilidad actual, por muy excesivo que este fuere, y hasta qué punto asumir – por otro lado- que eso es un hecho, una realidad que no podemos negar y que sólo podemos aspirar a mejorar, modernizando el debate, en el que las variables económicas han perdido el monopolio ante otras que persiguen algo más amplio y profundo; El bienestar (tiempo libre, administración de los recursos propios, etc).
En el ámbito tributario, el problema es más grave aún, pues además de la tensión anterior, lo que la reintegración pretende es que sea finalmente el resto a quienes no involucra la misma reintegración (la inmensa mayoría de la población que no retira ni retirará jamás utilidades) el que termine compensando la menor carga tributaria por los retiros de las utilidades, rebajándola de 44,45% a un 35%, contrariamente a lo que se espera de cualquier reforma tributaria que transfiera recursos equitativamente.
Es decir, a quienes debiésemos exigir transferencia de recursos si lo que pretendemos es una reforma tributaria integralmente equitativa y proactiva, no se le está pidiendo sacrificio alguno, sino por el contrario, se le está reponiendo un beneficio. ¿Es eso lo que se considera “esencial”, el “corazón” de la reforma, lo “intransable” del proyecto?
Resultan inaceptables desde un punto de vista técnico y ético, los etéreos y ya reiteradamente agotadores argumentos referidos a que la reintegración permitiría la “simplicidad del sistema” o la “equidad horizontal” para pretender seguir escondiendo lo evidente debajo de la aplanadora legislativa.
Lo cierto es que el modelo de sociedad que queremos es el que debe indicarnos qué régimen tributario proponemos. Así, lo verdaderamente “intransable”, el real “corazón” de una reforma tributaria debiese ser su capacidad redistributiva, su progresividad y su equidad, más que la imposición de una condición previa e infranqueable que apunte al beneficio para unos pocos afortunados.
Ciertamente hay mejores, más eficientes y más justas herramientas tributarias para lograr el objetivo propio de una reforma pro empleo, pro inversión y pro dinamismo, caminos que no pasan necesariamente por aliviar el bolsillo personal (no de la empresa) de los más favorecidos y esperar que sus buenos corazones y sus olfatos comerciales decidan cuándo y cómo invertir nuevamente tales beneficios.
Se extraña algún esfuerzo argumentativo, bueno o malo, pero alguno al fin sobre el cual discutir seriamente, que explique con precisión por qué ese mal definido corazón intransable de la reforma no permite siquiera abrirse a distinguir entre grandes y pequeños empresarios – como sí distinguen otras tantas materias del mismo proyecto- o bien, no admita evaluar derechamente la disminución de la tasa de impuesto a las empresas o, en fin, que analice una versión mejorada del mecanismo de reinversiones efectivas.
Es difícil entender entonces por qué esta ya manoseada reintegración sigue siendo a estas alturas para el Gobierno el tan defendido “corazón intransable” del proyecto modernizador, mientras el mismo cuenta con tantas otras propuestas que siguen a la espera y que indiscutidamente sí permitirán lograr – en alguna medida - los objetivos que todos esperamos de una reforma tributaria sensata.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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