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Limitar la reelección de autoridades no es suficiente. Se necesita cambiar la Constitución

por 21 junio, 2020

Limitar la reelección de autoridades no es suficiente. Se necesita cambiar la Constitución
Resulta insuficiente poner límites a la reelección de las autoridades y representantes de la ciudadanía sin hacer cambios de fondo en cuanto a la distribución del poder y las atribuciones que tienen los distintos actores políticos, incluyendo las que tiene el Parlamento. Estos cambios deben buscar siempre el fortalecimiento de la ciudadanía y el respeto de sus derechos. Es por esta razón que se hace imperativo ganar el plebiscito de octubre y así construir entre todos una nueva constitución, que de cuenta de las necesidades del Chile de hoy, que incluya una redefinición del rol del Estado y garantice derechos. Solo después de estas transformaciones veremos los efectos del recambio en la política, pues será la Política la que se verá fortalecida y no tengo dudas de que nuestra democracia dará un salto en cuanto a legitimidad y eficiencia.
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Soy un convencido de que la democracia es el mejor sistema de gobierno que podemos tener. Sin embargo, ésta se encuentra muy lejos de la perfección. La democracia es el sistema de gobierno busca hacer prevalecer los intereses de la mayoría respetando al mismo tiempo los intereses de las minorías. Esto sin dudas es difícil, pues coexisten en una sociedad como la nuestra distintos intereses y por qué no decirlo, estos muchas veces son contrapuestos. En este caso, mi opinión es que se debe morigerar las discrepancias pero al final siempre debe imponerse el bien común. Esta es una visión pluralista de la democracia. Sin embargo, ésta se ha visto muy cuestionada en los últimos años, pues, ha ganado espacio la noción de que más allá de los aspectos formales, lo que prevalece finalmente son los intereses de una minoría poderosa; y de acuerdo a esa premisa quienes estamos en la cosa pública, lo hacemos con el único fin de velar por intereses personales o lo que es peor; que velamos por los intereses de los poderosos. Esto es atentatorio contra la democracia, pues  bajo esta lógica los intereses de la ciudadanía pasan a segundo o tercer plano.

Considero preocupante que se vaya instalando esta premisa, en razón de que tiene el potencial de socavar la democracia y que ésta pierda legitimidad y credibilidad y que incluso termine siendo aborrecida por los propios ciudadanos. Ante esto, mi posición es clara. La democracia debe defenderse y para ello debemos hacer nuestro máximo esfuerzo en perfeccionarla. Por esta razón considero que limitar la reelección de cargos de elección popular es un paso bien direccionado y además éste cuenta con  respaldo ciudadano. En efecto, la encuesta Cadem señaló que el 71% de los encuestados se mostró a favor de esta medida. Al respecto, no puedo dejar de mencionar que hay personas valiosas que no podrán repostular y que han sido un gran aporte a nuestra sociedad, lo que sin dudas es triste. Sin embargo, mi convicción es que debe prevalecer un interés que es infinitamente mayor, este es mantener la democracia.

La recién aprobada reforma constitucional que limita la reelección estableció un máximo de dos reelecciones en el caso de diputados y que una sola reelección en el caso de los senadores. Esta es una decisión política con un objetivo claro, fortalecer la competitividad y evitar que las personas se mantengan eternamente en los cargos de elección popular. Sin embargo, es preciso decir que su aprobación no estuvo exenta de polémicas y a ratos asistimos a un debate político pobre y cortoplacista; que no veía el beneficio del país sino que se centraba en los perjuicios personales que tendría su aprobación, lo que  ratificó en mi opinión, la necesidad de su aprobación.

Un aspecto importante de esta reforma constitucional es que no consideró un proceso transitorio de implementación. Esto se produjo al eliminar en el Senado el artículo transitorio que disponía el método de contabilizar los periodos, lo que conllevó finalmente a que el límite a la reelección se implementara In Actum, tesis hegemónica en los constitucionalistas que se refirieron a a esta reforma. En este sentido, es necesario hacer una precisión. La norma que aprobamos en el Congreso Nacional no es retroactiva como se le ha conocido mediáticamente; de ser así, aquellos parlamentarios y otros representantes populares deberían dejar su cargo al momento de publicarse la ley en el Diario Oficial. Lo que se aprobó finalmente es que quienes en el periodo actual cumplan con el número de reelecciones permitidas no puedan participar en los próximos comicios electorales. Esto significa que los alcaldes y concejales que iban por un tercer periodo, no podrán hacerlo. Lo mismo ocurrirá en las elecciones parlamentarias del 2021 en que parlamentarios que cumplen el máximo de periodos no podrán presentarse a la reelección.

Sin perjuicio de lo mencionado anteriormente y dejando establecido que apoyé con mi voto el límite a la reelección, considero que el recambio que involucra esta reforma constitucional tendrá nulos efectos si mantenemos la actual Constitución Política, ya que ésta impone grandes limitaciones a la actividad política y a la democracia. En efecto, el texto constitucional incluye verdaderas barreras a la democracia, como lo son el poder de veto que tiene el Presidente de la República, los quórums supramayoritarios y las atribuciones del Tribunal Constitucional, que en definitiva limitan la voluntad popular y hacen prácticamente imposible lograr cambios reales.

Por lo tanto, considero insuficiente poner límites a la reelección de las autoridades y representantes de la ciudadanía sin hacer cambios de fondo en cuanto a la distribución del poder y las atribuciones que tienen los distintos actores políticos, incluyendo las que tiene el Parlamento. Estos cambios deben buscar siempre el fortalecimiento de la ciudadanía y el respeto de sus derechos. Es por esta razón que se hace imperativo ganar el plebiscito de octubre y así construir entre todos una nueva constitución, que de cuenta de las necesidades del Chile de hoy, que incluya una redefinición del rol del Estado y garantice derechos. Solo después de estas transformaciones veremos los efectos del recambio en la política, pues será la Política la que se verá fortalecida y no tengo dudas de que nuestra democracia dará un salto en cuanto a legitimidad y eficiencia.

Finalmente, reiterar que la democracia se defiende con más democracia, con transparencia, competitividad y ampliando las barreras de lo posible y debe poner siempre en el centro de la discusión la búsqueda inagotable de un país justo, solidario y fraterno

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