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Trump casi lo logra

por 6 septiembre, 2020

Trump casi lo logra
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En su mayor parte, Estados Unidos bajo el liderazgo de Donald Trump ha ofrecido una lección objetiva sobre cómo NO manejar una pandemia. La demora y la negación privaron a los norteamericanos de cualquier posibilidad de contener la propagación temprana del coronavirus; la impaciencia, y una mayor negación todavía, condujeron a una enorme segunda ola de infecciones. Como señaló el profesor de economía (y premio Nobel) Paul Krugman en una de sus columnas del New York Times, la gran mayoría de las muertes por Covid-19 en Estados Unidos se han producido desde el 17 de abril, el día en que Trump tuiteó su apoyo a los manifestantes que exigían que los estados pusieran fin a las restricciones de las actividades de alto riesgo (entre ellas: ir al bar, a la peluquería, al restaurante). Y pareciera que en Estados Unidos los asuntos son vistos desde una óptica diferente y bastante única en comparación con las demás naciones avanzadas, pues algunas precauciones que deberían ser de sentido común, como cubrirse la cara con mascarilla y evitar grandes reuniones en interiores, se han convertido en campos de batalla dentro de la guerra cultural estadounidense. Sin embargo, en un área, que vendría siendo la política económica, Estados Unidos hizo un trabajo sorprendentemente bueno, conteniendo las dificultades y los daños colaterales de la pandemia de manera mucho más efectiva de lo que muchos esperaban.

Es cierto que el empleo y el PIB se hundió, lo cual era inevitable dada la necesidad de cerrar las actividades que estaban propagando el virus. Pero la caída del empleo se concentró en sectores como el ocio y el entretenimiento; no se extendió, de acuerdo a un estudio de la Universidad de Stanford, a la economía en su conjunto. Y a pesar de las enormes pérdidas salariales, la pobreza no se disparó; algunas estimaciones sugieren que incluso puede haber disminuido ligeramente.

El serio y jodido problema llegó cuando la Convención Nacional Republicana pretendió fingir que la pandemia había terminado, sin siquiera el virus estar de acuerdo. Después de todo, si uno compara con el caso chileno, quizá no haya sido tan condenable o grave que el presidente Sebastián Piñera le haya rogado al virus partir. Al menos, se dirigió de tú a tú y no intentó, como los republicanos, simplemente ignorarlo.

La respuesta económica efectiva, en definitiva, ha concluido y se podría decir que Trump hizo algo bueno este año, pero ahora dejó de hacerlo.

Fue el propio partido de Donald Trump, respondiendo a su liderazgo o falta de él, lo que acabó con el único aspecto loable de su política frente al coronavirus. “Competente” no es una palabra que se le viene a la mente al economista Alan Greenspan cuando piensa en los funcionarios de Trump, y la creencia republicana de que los recortes de impuestos para los ricos resuelven todos los problemas no ha vacilado en décadas, pero, a fines de marzo, el Congreso aprobó y Trump firmó la Ley CARES, un enorme proyecto de ley de gastos que, en aspectos importantes, era justo lo que Estados Unidos necesitaba. Fue un proyecto de ley que dejaba a Donald como Papá Noel con algo para casi todos. Las pequeñas empresas obtuvieron préstamos que podían convertir en subvenciones si usaban el dinero para mantener las nóminas. Las grandes empresas también obtuvieron préstamos. La mayoría de los adultos estadounidenses recibieron cheques de estímulo, por lo general $1200, con la esperanza de gastar el dinero y, por lo tanto, apoyar la demanda de los consumidores. Pero el elemento realmente crucial de la Ley CARES fue la ampliación de la ayuda a los desempleados. Los beneficios se ampliaron a personas que anteriormente habían caído en el olvido, y todos quienes recibieron los beneficios obtuvieron $600 adicionales a la semana.

Esta expansión de la ayuda a los desempleados cumplió, según explica Brandon Friedman, una doble función. Alivió las dificultades, permitiendo que los trabajadores despedidos siguieran pagando el alquiler y llevando comida a la mesa. Y, sumado a ello, respaldó el gasto general de manera mucho más eficaz que los controles de estímulo, la mayoría de los cuales probablemente se ahorraron. ¿Quién merece crédito por esta muy buena política? Un artículo reciente del Washington Post describe a Steven Mnuchin, el secretario del Tesoro, como el “arquitecto” de la Ley CARES. Y el proyecto de ley fue analizado por The Wall Street Journal como una “victoria” para Trump. En realidad, sin embargo, las disposiciones cruciales sobre el desempleo fueron diseñadas en gran parte por el senador Ron Wyden, demócrata de Oregon, y lo máximo que se puede decir sobre Mnuchin y Trump es que no rechazaron las demandas demócratas de que se incluyeran estas disposiciones. Pero los republicanos odiaban ese suplemento de 600 dólares, insistiendo, sin evidencia, en que desanimaba a los trabajadores a aceptar trabajos. Trump pareció estar de acuerdo y, tal vez animado por el aumento de las acciones, alentó a los republicanos del Senado a adoptar una línea dura a medida que expiraban las disposiciones clave de la Ley CARES. Y debido a que los republicanos se negaron a extender la ayuda en caso de crisis o hacer una contraoferta de buena fe, el suplemento expiró hace un mes, a pesar de que todavía están 13 millones de puestos de trabajo por debajo de donde estaban los norteamericanos en febrero.

La chance que tuvo el presidente Trump de otorgar una buena respuesta, la única oportunidad de hacerlo para salvarse del desastre ahora se ha ido.

Puede que pase algún tiempo antes de que veamos todos los efectos de este abandono de los trabajadores estadounidenses, pero es una buena apuesta plantear que advertiremos una desaceleración del crecimiento, un aumento de los desahucios y, en general, el tipo de sufrimiento masivo que se había logrado evitar en la primera ronda de la crisis del Covid-19. En retrospectiva, entonces, la única característica digna de elogio de la política estadounidense en este año pandémico parece haber sido un accidente afortunado. En marzo, la economía y los mercados se estaban desmoronando. Los demócratas tenían algunas buenas ideas sobre qué hacer, mientras que los republicanos no tenían ninguna. Y Trump, presa del pánico, se dejó apresurar para hacer algo bueno. El candidato a la reelección hizo algo bueno en respuesta a la pandemia, y luego él y su partido mataron esa joya.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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