Opinión
Residencias Familiares: una oportunidad para soñar y crecer
Día a día vemos cómo personas en situación de calle viven en situaciones extremas, bajo condiciones inhumanas y acumulando enseres, lo que genera incivilidades, inseguridad y una estigmatización por parte de la sociedad.
Los vecinos llaman, la municipalidad les levanta sus rucos, se limpia un sector y, horas después, vuelven a ocupar el mismo lugar. La imagen que queda es que nadie hace nada.
Pero la situación es más compleja de lo que vemos, pese a que la oferta del Gobierno a través del programa «Noche Digna» y otros, como albergues, residencias, centros para la superación, donde se brinda abrigo, alimentación y atención psicosocial, en su mayoría son rechazados por las personas en situación de calle. Hay que entender que las personas y/o familias no están en la calle porque quieren, hay historias de traumas, alcoholismo, drogadicción, quiebres emocionales y rupturas familiares, que los llevan a abandonar sus hogares, sus redes de apoyo y vivir en la calle, y como Estado no podemos obligar a nadie a participar de nuestros dispositivos.
Pero había que hacer un cambio de paradigma en cómo estábamos enfrentando esta política pública. Hasta el año pasado, sabíamos que en la calle vivían personas solas, en algunos casos junto a sus mascotas o parejas, pero la realidad actual es otra. Hoy vemos familias completas en la calle, chilenas y migrantes, con niñas, niños y adolescentes e incluso con lactantes que corren serio peligro por las bajas o altas temperaturas. Vulnerándose incluso sus derechos. Sin dudas, es dramático.
Era necesario redireccionar las soluciones, por ello la nueva política implementada por el Presidente Gabriel Boric de instalar el programa piloto de «Residencias Familiares» durante este 2022 en algunas regiones, fue fundamental. Junto a nuestros aliados estratégicos público-privados, como municipios, fundaciones y ONGs, hemos establecido un trabajo coordinado para ir en apoyo de las familias, realizando visitas y acompañamientos a quienes viven en la calle, para así pasar de una situación extrema, a estas nuevas residencias familiares, de las cuales ya hemos inaugurado nueve dispositivos en la Región Metropolitana, todos diseñados para grupos familiares en situación de vulnerabilidad, que constan de 20 cupos para alojamiento, servicios básicos, alimentación, apoyo psicosocial, apoyo para la inserción laboral y para regularizar sus documentos, a la espera de una solución definitiva.
Este nuevo modelo de intervención, que ojalá se extienda, nos da la esperanza de que podemos abrir más y mejores posibilidades para poder reinsertar a las familias en situación de calle chilenas, como aquellas extranjeras que también merecen una oportunidad para soñar y crecer.
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