Opinión
El “segundo tiempo” de la transición ya se juega y con las baterías como protagonistas
Incluso, se podría decir que hemos pasado de una década de escasez de energía a una de escasez de capacidad de gestión de esta. He ahí la relevancia del almacenamiento, para seguir aprovechando nuestras energías limpias y, con ello, avanzar en independencia energética.
Hace unos días, el Senado eliminó la licitación de almacenamiento en el marco de la discusión del proyecto de ley de Transición Energética. La medida se acordó una vez que el Ejecutivo informara que, tras “sacar las cuentas,” no era necesario contar con este mecanismo, considerando que actualmente los proyectos ya superan la meta de 2.000 MW que el Gobierno se había propuesto para los próximos tres años. Actualmente hay iniciativas privadas por 1.560 MW en construcción, 240 en etapa de pruebas y 400 en operación.
Y es que, a pesar del retraso en la oficialización de modificaciones regulatorias que incentivan el desarrollo del almacenamiento (principalmente aquellas referentes al reconocimiento de potencia de suficiencia de dichos activos), la industria ha mostrado nuevamente su proactividad y que piensa en grande al momento de apostar por la transición energética.
En la década pasada vimos cómo el cambio tecnológico llevó al sector generador a aprovechar el gran potencial solar de nuestro país para dar pie a un despliegue fotovoltaico acelerado, todo esto en ausencia de subsidios. Hoy vemos algo homólogo en almacenamiento, pues las caídas en los costos de las baterías de litio, sumado esto a la madurez de la tecnología y las señales de precio en el mercado mayorista de electricidad, llevan a las empresas a tomar posiciones con fuerza, incluso ante cierta incertidumbre regulatoria.
Es un momento fascinante para el sector eléctrico en Chile. Las energías renovables no convencionales abundan en nuestro país y hemos avanzado con decisión en aprovecharlas. Actualmente, existen más de 86 proyectos de energías renovables, el 54% de las cuales corresponde a energía solar. En 2023, el 63% de la electricidad producida provino de estas energías. Incluso, se podría decir que hemos pasado de una década de escasez de energía a una de escasez de capacidad de gestión de esta. He ahí la relevancia del almacenamiento, para seguir aprovechando nuestras energías limpias y, con ello, avanzar en independencia energética.
Esperemos que con la inminente publicación en el Diario Oficial del DS-70 veamos la confirmación de nuevos proyectos de baterías, que sumen impulso a la inercia ya existente en esta tecnología clave para la integración masiva de energías renovables y consolidar a nuestro país como pionero y referente en cómo recorrer lo que se ha denominado el “segundo tiempo” de la transición energética de manera responsable.
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