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Estanflación: el nuevo escenario de riesgo Opinión

Estanflación: el nuevo escenario de riesgo

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Esteban Polidura
Por : Esteban Polidura Estratega Global Julius Baer
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La estanflación sigue siendo un riesgo secundario, no el escenario central, pero ya parcialmente anticipado por el mercado.


La inflación en Estados Unidos subió al 3.3% en marzo, frente al 2.4% de febrero, reactivando entre los inversores el temor a una estanflación. Este repunte se debió principalmente al alza del 20% en los precios de la gasolina, responsable de casi tres cuartas partes del incremento del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Este shock energético ha provocado turbulencias en los mercados y renovado las preocupaciones por el equilibrio entre una inflación en ascenso y un crecimiento económico en desaceleración.

El contexto geopolítico complica el panorama. El conflicto con Irán ha entrado en una nueva etapa crítica tras el anuncio de Estados Unidos de bloquear el tráfico comercial a través del Estrecho de Ormuz, buscando disminuir la influencia iraní. Hasta ahora no hay daños graves en infraestructuras ni interrupciones sostenidas del suministro, pero la ventana para evitar una escalada es cada vez más estrecha.

De prolongarse las tensiones o restringirse el flujo de petróleo, aumentaría el riesgo de una espiral inflacionaria más amplia. Esta amenaza se combina con indicios de debilitamiento en la demanda: ventas minoristas flojas y un mercado laboral en enfriamiento. Ante este escenario, la economía estadounidense aparece vulnerable a una dinámica estanflacionaria: bajo crecimiento acompañado de alta inflación.

La respuesta adecuada no es el pánico, sino la precisión. Históricamente, la rentabilidad de acciones en épocas de estanflación han sido cercanas a cero, resultado modesto pero destacable dadas las condiciones adversas. Lo clave es que los retornos varían drásticamente según el sector y la región, lo que hace imprescindible una gestión selectiva del portafolio. Los sectores defensivos como servicios públicos, bienes de consumo básico y salud han demostrado resistencia, respaldados por demanda estable y capacidad para transferir costos a los consumidores. Empresas de energía y materias primas también suelen beneficiarse directamente de los aumentos en los precios de las materias primas. Por el contrario, sectores sensibles a las tasas de interés, como tecnología y servicios financieros, tienden a tener un desempeño más débil.

Geográficamente, Estados Unidos presenta mayor vulnerabilidad debido a su fuerte peso en tecnología, mientras que Europa gana atractivo por el impulso del gasto en defensa e infraestructura. Suiza, con una exposición importante a sectores defensivos y sanitarios, ofrece calidad resiliente en entornos de baja expansión económica. Curiosamente, las acciones chinas están actuando como un estabilizador imprevisto, gracias a una matriz energética más diversificada y menor dependencia del transporte por el Estrecho de Ormuz.

En renta fija, consideramos viable mantener exposición a bonos soberanos y corporativos de alta calidad con vencimientos entre cinco y diez años, donde la relación riesgo-beneficio sigue siendo favorable. Para créditos corporativos, se recomienda cautela: bonos a corto plazo permiten capturar rentabilidad sin comprometer demasiado frente a posibles movimientos bruscos en los diferenciales.

El oro mantiene su valor como activo refugio. Con los bancos centrales comprando activamente y la incertidumbre macroeconómica en alza, su función protectora se fortalece. Históricamente, el oro ha tenido un rendimiento sólido durante la estanflación de los años setenta, lo que refuerza su utilidad actual.

Ahora no es momento de recortes masivos de riesgo ni de inacción pasiva. Lo decisivo es adaptar estratégicamente las carteras: inclinar la exposición hacia sectores defensivos y vinculados a commodities, manejar con tacto la duración en renta fija, limitar el riesgo crediticio y aprovechar activos reales como el oro. Estrategias estructuradas con protección definida contra caídas profundas pueden mejorar la resiliencia.

La estanflación sigue siendo un riesgo secundario, no el escenario central, pero ya parcialmente anticipado por el mercado. El verdadero peligro no es la situación misma, sino responder mal a ella. En tiempos así, la agilidad, la disciplina y la diversificación marcarán la diferencia entre quienes sobreviven y quienes prosperan.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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