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Ch.ACO 16: la feria, un ministro y el presupuesto que no aparece Crédito foto: Facebook Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio

Ch.ACO 16: la feria, un ministro y el presupuesto que no aparece

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Samuel Toro
Por : Samuel Toro Licenciado en Arte. Doctor en Estudios Interdisciplinarios sobre Pensamiento, Cultura y Sociedad, UV.
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Ch.ACO puede seguir con sus 3.000 metros cuadrados en Vitacura. Pero que no se presente como el salvador del arte contemporáneo chileno, y que el ministerio aprenda a distinguir cuándo y para qué pone su nombre en una inauguración. Una feria es una feria.


El año pasado escribí en este mismo medio una columna sobre Ch.ACO. La respuesta de su directora fue predecible, con lugares comunes sobre democratización del arte, cifras de asistencia sin verificación independiente, y la amenaza implícita de que criticar a Ch.ACO equivale a querer dejar a Chile sin feria de arte. La reductio ad absurdum como política comunicacional. No es un argumento, es un reflejo. Esto último, “sin mencionar” temas como cambios, sin aviso, de convenios del 2024 de porcentajes de entrada a la feria, lo que provocó que GAM, el 2025 no percibiera porcentaje pecuniario ese año, acuerdo firmado para 2024, 25 y 26.

Esta vez vuelvo sobre algo más preocupante. El ministro de las Culturas, Francisco Undurraga, estuvo presente en la inauguración de la 16ª edición de Ch.ACO y la elogió sin ninguna reflexión crítica, por ingenuidad en el tema o por cercanía con la directora. ¿Qué hace un ministro de Estado inaugurando una feria privada con fuertes intereses comerciales, cuya entrada cuesta entre $12.500 y $75.000 por persona, al mismo tiempo que el mismo ministerio recorta, de manera fragmentaria y sin anuncio claro, presupuestos a instituciones culturales públicas como el GAM? Esa yuxtaposición es el “escenario” más elocuente del momento cultural que atraviesa Chile.

El problema no es que Ch.ACO exista. El problema es la “confusión de roles” que su presencia tiende a producir, y una validación ministerial inapropiada en los primeros días de asumir su rol. Una feria de arte es un dispositivo comercial y su objetivo es la venta. Que eso sea compatible con mostrar obra interesante no convierte a la feria en política cultural. La directora ha descrito, en más de una entrevista, su evento como una “bienal con fines de lucro”, y una bienal es un evento sin fines de lucro individual, con agenciamiento institucional y reflexión crítica. Una feria es un evento comercial. Mezclarlos es apropiación de legitimidad simbólica para fines de mercado.

El nuevo ministro, proveniente del mundo empresarial, declaró además que el ministerio debe estar al servicio de quienes “consumen” cultura. Hablar de consumidores supone trasladar al campo de las artes un vocabulario de la economía material. Las políticas culturales construidas sobre derechos -crear, participar, expresarse, acceder- no hablan de consumidores, sino de sujetos, o individuos. La diferencia no es semántica, es política. Sin embargo, es necesario ser claros resumidamente: el mercado no es el capitalismo, y el consumo no es consumismo. Un mercado del arte que funcione puede ser parte de cómo un país sostiene económicamente a sus artistas. El problema de Ch.ACO no es que venda obras, sino su fracaso cultural inflacionario al servicio de un negocio particular que, en 16 años, ni siquiera ha resuelto sus denuncias laborales internas.

Lo que hace aún más difícil de justificar la presencia ministerial es el contexto de austeridad selectiva que vive el sector público cultural. Mientras el GAM ve reducido su presupuesto sin explicación transparente, y mientras el financiamiento estatal a instituciones de acceso gratuito se recorta de manera fragmentaria, el ministro aparece inaugurando una feria privada que cobra entrada diferenciada por comunas y que produce una “materialidad de segregación cultural”, lo que un discurso de intento democrático no puede obviar. Esa es la señal, quizá involuntaria, que el Estado está enviando, donde van a haber recursos materiales y simbólicos para lo privado (aunque las Pymes también las están debilitando), y existirán fuertes recortes para lo que, “republicanamente” es un derecho.

Ch.ACO puede seguir con sus 3.000 metros cuadrados en Vitacura. Pero que no se presente como el salvador del arte contemporáneo chileno, y que el ministerio aprenda a distinguir cuándo y para qué pone su nombre en una inauguración. Una feria es una feria. Y el presupuesto público en cultura no puede ser una incógnita casi a la mitad del año 2026.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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