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Un gobierno de metáforas e hipérboles Opinión

Un gobierno de metáforas e hipérboles

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Germán Silva Cuadra
Por : Germán Silva Cuadra Psicólogo, académico y consultor
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La seguidilla de errores comunicacionales, promesas incumplidas y polémicas dentro del oficialismo volvió a tensionar al Gobierno de José Antonio Kast, en medio de cuestionamientos por seguridad, migración, recortes en salud y el desgaste anticipado de su equipo político.


Voy a partir por confesar que me costó elegir el tema de la columna de esta semana. Los chascarros del Gobierno, y del Presidente, se están convirtiendo en material de stand comedy y libretos de los distintos programas de humor que se dan en televisión.

José Antonio Kast sigue cometiendo el error de salir a diario a defender las metidas de pata de sus más cercanos colaboradores, pasando a ser parte del problema, con el correspondiente daño en su imagen. Solo en la semana pasada tuvimos a la ministra Steinert confesando en el Congreso que no tenía un plan de seguridad, -“no sabía que debía tener uno”, dijo en un programa de radio al día siguiente- entre medio de una lectura poco afortunada y papeles que volaban por la mesa.

La vocera se refugió en Isla de Pascua, luego que su última performance pública fuera una explicación no muy didáctica a un grupo de niños, acerca de en qué consistía su rol. Ojalá le hayan entendido.

Jorge Quiroz, por su parte, justificaba con toda naturalidad los recortes en salud, con una frase que compite como una de las mejores del año: “con menos se puede hacer más”. Por cierto, notable filosofía y forma positiva de ver la vida.

Los alcaldes de oposición salieron de La Moneda cabizbajos luego de ser escuchados por cuatro horas por el Mandatario y salir tal como entraron. También en la semana, un valiente subsecretario de Ciencia -uno de los médicos destacado en el manejo de la pandemia- presentaba su renuncia luego de denunciar que no estuvo de acuerdo en desvincular a un tercio de los funcionarios del ministerio, por orden de la polémica ministra Lincolao -la misma que dijo que se alegraba de haber sido pobre…- quien por esos días confesaba públicamente que había hecho omisiones en su declaración de patrimonio, siguiendo los consejos de sus pares.

Araos -la primera renuncia de una autoridad de primera línea, que se suma a los 19 seremis que han hecho lo mismo- tuvo que recurrir a una entrevista exclusiva en un medio para rebatir a su exjefa quien dijo que nunca existió la orden.

Y si no bastara con los desaguisados del Gobierno, un diputado que se disfraza del dictador para concurrir al Congreso protagonizó un extraño incidente en un club deportivo, luego de llegar al lugar de madrugada y pelearse con alguien en la pista de baile. Su denuncia inicial, de haber sido objeto de un ataque político, se fue diluyendo con las horas. Los detenidos fueron dejados en libertad por el juez de garantía y el propio club se encargó de desmentir al parlamentario.

Y aunque el hecho en sí es vergonzoso, de fondo, este personaje y las declaraciones de Pamela Jiles –“nunca he dicho que soy de izquierda…”- dan para un análisis en profundidad acerca de que es realmente el PDG. Pese a la frase de Parisi “ni facho ni comunacho”, lo cierto es que esta colectividad ha tomado una evidente posición en la derecha. Tener a un parlamentario disfrazado de Pinochet y defensor de la dictadura sin tapujos, hace pensar que a nadie le incomoda esta situación dentro del Partido de la Gente. Lo dejamos para la próxima columna.

Pero nada de lo anterior, puede competir con la triple performance del Presidente Kast la semana pasada. Primero dijo que se podían revisar -léase recortar- los almuerzos de los estudiantes más vulnerables, argumentando que muchos niños llevaban un sándwich al colegio, y por tanto no se comen la ración entregada por el Estado, la que un muchas ocasiones es “la” comida de algunos menores en el día. Sin comentarios.

Y si esto fuera poco, luego vendría uno de los momentos más delirantes del Mandatario en estos dos meses y una semana en el Gobierno. A estas alturas, la duda es si el Presidente improvisa en las alocuciones diarias que está haciendo para suplir el déficit de Sedini y defender a sus ministros o tiene asesores comunicacionales ineptos. En cualquiera de las opciones, José Antonio Kast está ejerciendo, en la práctica, el rol de vocero de Gobierno, por lo que en su entono debería preocuparse de preparar sus intervenciones o entrenarlo para sus constante salidas de libreto.

Algunas son inofensivas, como confundir a Julio Martínez con el gran Leonel Sánchez, sin embargo cuando son constantes, terminan transformándose más en el fondo que en la forma.

En cambio, hay otras metidas de pata que están teniendo repercusiones importantes en la ciudadanía, principalmente porque han dejado al descubierto que las sobre promesas de la campaña, no eran más que eso: promesas inalcanzables. La desafortunada afirmación que la promesa de expulsar de inmediato a los más de 300.000 migrantes ilegales, había correspondido a una “metáfora”, no hizo más que confirmar lo obvio: que era imposible.

Además, el Mandatario ironizó con quienes entendieron el mensaje de manera concreta. Cuando insistes en una campaña hasta el cansancio que puedes resolver un problema de manera mágica, y lo repites una y otra vez, incluyendo un contador en reversa -ese de “les quedan xx días para abandonar el país”-, las personas terminan asumiendo que eso puede ser realidad. Y como lo hemos analizado muchas veces, hace buen tiempo que más que ciudadanos, no estamos comportando como clientes exigentes.

Si Kast intentó decirnos que la promesa de controlar la migración ilegal fue una metáfora, la verdad es que no se entiende cual fue el objetivo. Como saben, esta figura retórica se usa cuando queremos nombrar un elemento real utilizando el nombre de otro con el que guarda alguna semejanza o analogía. Definitivamente, la promesa de expulsiones desde el día uno, simplemente no se ha cumplido. Eso es todo.

Pero lo que más llamó la atención de este episodio -por lo garrafal del error, desde las perspectiva comunicacional- es que José Antonio Kast volviera a poner el tema el día siguiente, manteniéndolo en la agenda, y más encima rectificando el concepto usado por otro peor, el de hipérbole. Es decir, una exageración consciente para provocar una emoción.

En otras palabras, el Presidente terminó por confirmar lo que sabíamos que era imposible, pero que muchos chilenos, desesperanzados, compraron como realidad, como una oferta de liquidación de temporada, ilusionados con que -en una de esas- se cumplía. Sobre promesa, falsa promesa.

Así las cosas, el Presidente terminó por transparentarle a los chilenos que las promesas de campaña suelen ser solo eso, que por más que criticara a sus antecesores, cuando se está en el Gobierno, la realidad supera a los eslogans y que la soberbia -esa de que todo lo anterior fue un desastre- termina por pasar la cuenta. Más que mal, llevamos trece años viviendo de promesas refundacionales que han terminado en nada.

No lo sabrán Boric, quienes lideraron los dos plebiscitos fallidos y Bachelet y Piñera II.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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