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Aprender sin miedo: el verdadero desafío de la nueva convivencia escolar Opinión

Aprender sin miedo: el verdadero desafío de la nueva convivencia escolar

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Maritza Contreras Salas
Por : Maritza Contreras Salas Rectora Colegio Bicentenario Jorge Huneeus Zegers
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El espíritu de este nuevo marco debe impulsarnos a superar la lógica punitiva para avanzar hacia una pedagogía del vínculo.


El inicio de 2026 ha marcado la entrada en vigor de un nuevo marco normativo en materia de convivencia, buen trato y bienestar en las comunidades educativas. Para muchos establecimientos, la reacción inmediata ante este escenario ha sido estrictamente administrativa: una carrera contra el tiempo para actualizar reglamentos internos, ajustar protocolos y reescribir manuales. Sin embargo, abordar estos cambios exclusivamente como una obligación burocrática es perder una oportunidad histórica para dar un salto cualitativo estructural. El verdadero desafío —y donde radica el potencial transformador de esta política pública— es comprender, de una vez por todas, que el bienestar socioemocional no es un accesorio decorativo de la vida escolar, sino una condición fundamental para el aprendizaje cognitivo profundo.

Durante décadas, el sistema educativo ha operado bajo la falsa dicotomía de que destinar horas y recursos a la convivencia escolar implicaba mermar el rigor de la excelencia académica. Hoy, la evidencia científica internacional desarma ese mito con claridad. El metaanálisis más citado en este ámbito, que revisó intervenciones en más de 270.000 estudiantes, mostró que los programas estructurados de aprendizaje socioemocional no solo mejoran las actitudes y reducen problemas de conducta, sino que también elevan el rendimiento académico -en promedio- en 11 puntos porcentuales. 

En la misma línea, los resultados de PISA 2022 de la OCDE evidencian una asociación consistente entre un clima disciplinario positivo, un mayor sentido de pertenencia y mejores desempeños en áreas clave como matemáticas. La conclusión es clara: un estudiante angustiado, marginado o temeroso ve severamente comprometida su capacidad de sostener aprendizajes profundos.

Cuando esta evidencia se traduce en la práctica diaria de nuestras aulas, el cambio de paradigma produce efectos concretos. Si una institución asume que el apoyo socioemocional debe integrarse de manera transversal en el trabajo de todo el profesorado —y no relegarse a una función reactiva de inspectoría o del equipo psicosocial frente a crisis ya instaladas—, se genera una transformación visible en la calidad del entorno educativo. Mejoran los niveles de atención y participación, disminuye la inasistencia crónica y se consolidan espacios seguros donde el error académico se comprende como parte del proceso de aprendizaje y no como motivo de sanción social entre pares. Esta reducción de las fricciones cotidianas devuelve a los docentes un tiempo invaluable, que antes se consumía en la gestión de conflictos, para invertirlo en innovación pedagógica y en la construcción de confianzas.

El espíritu de este nuevo marco debe impulsarnos a superar la lógica punitiva para avanzar hacia una pedagogía del vínculo. Decretar el buen trato a través de normas resulta insuficiente si las comunidades educativas no cuentan con herramientas de gestión institucional ni con acompañamiento profesional para educar en la empatía. La calidad de la educación en Chile ya no puede medirse únicamente por la precisión de una respuesta en una evaluación estandarizada, sino también por la solidez de la red humana que sostiene el trayecto formativo de cada estudiante. 

El éxito de esta transformación no estará en la publicación de nuevos manuales en los sitios web de los colegios o liceos, sino en nuestra capacidad de demostrar —con prácticas concretas— que poner en el centro el bienestar integral de los estudiantes es, en rigor, una de las estrategias académicas más efectivas que podemos implementar.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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