Opinión
AgenciaUno
Cambios pertinentes y cambios pendientes
El reciente cambio de gabinete le abre oportunidades al gobierno. Louis de Grange es uno de los ministros mejor evaluados, competente en las dos carteras que quedan bajo su mando. Con Poduje pueden volverse arietes del gobierno en áreas sensibles y visibles, territorialmente significativas.
El paso de Arrau, alguien del riñón del kastismo y dotes organizacionales, permite avizorar mejores tiempos para la promesa incumplida de seguridad: que el Estado pueda por fin empezar a volver a decir, tras años de avance del crimen organizado y la inseguridad, que su tarea más básica de protección de la vida y la integridad de las personas, será cumplida con prestancia. La fusión de tareas en Alvarado parece indicar que el Presidente le quiere dar más peso a su área política, por sobre un segundo piso entre errático y desbocado.
¿Basta con lo anterior para que el gobierno recupere el apoyo y sus fuerzas de conducción?
Por supuesto que no.
Está en curso la negociación de un proyecto de reactivación donde el gobierno tiene la tarea ineludible de pactar con los sectores más razonables de la centroizquierda y aislar a los más extremos, básicamente, el PC y el ala dura del Frente Amplio (los revolucionarios de Lenin o de Ñuñoa).
Y viene un después de ese proyecto: gobernar y avanzar en grandes reformas sin las cuales Chile no saldrá de la crisis profunda de legitimidad institucional en la que se encuentra. Porque debe repararse en esto: seguimos en la Crisis del Bicentenario, cuyos episodios álgidos fueron 2011 y 2019, pero que se halla latente. Las instituciones sociales, públicas y privadas, cuentan con un reconocimiento crítico. Si no se lo recupera, si no se regenera el vínculo del pueblo con sus instituciones, el país no levantará cabeza de manera estable.
Y eso, precisamente esto: la producción de legitimidad, es una tarea para la cual no bastan los Irarrázaval y sus bravatas, y es absolutamente insuficiente el pensamiento economicista y gestionalista del segundo piso y hacienda.
Entiéndase bien: la economía y la gestión son muy importantes, pero son ciegas políticamente si no van acompañadas de un sustento doctrinario profundo, de una visión nacional de calado.
Sólo sobre esos fundamentos es posible dar sentido a las medidas de gestión. Justificar y no dejar al mero criterio del ahorro, por qué se cerrarán programas de ayuda. Sólo a partir de esas bases cabe entender, asimismo, algo tan básico e inexcusable como qué es producir legitimidad. Se trata de adecuar al pueblo a sus instituciones según pensamientos mínimamente articulados, una visión del mundo expresada en obras y acciones en las que el mentado pueblo pueda sentirse reconocido.
Esa es la capacidad que ha perdido no sólo la derecha, en sus ejercicios autocontenidos de economicismo y gestión; también la izquierda, con su moralización de la política y su idea de una comunidad tan ideal como irrealizable, aún presentes en las cabezas de los leninistas del PC, los Atria o los Jackson. Por eso la crisis ha sido tan larga, porque sectores principales de la política entienden esa actividad desde la economía y desde la moral.
Sólo con un pensamiento maduro, capaz de entender la tarea política en su carácter específico, podrá el gobierno: obtener orientación en sus medidas fundamentales, dirección estratégica; entrar con prestancia en la discusión ideológica con la izquierda más radical; darle razones a la centroizquierda para allegarse a una tarea nacional de recomposición de la legitimidad del sistema político entero (dejo este libro descargable sobre el asunto).
Recién sobre esa base, cabe aguardar el renacer de un orden político legítimo, reconocido por el pueblo. Sólo sobre ese reconocimiento se puede esperar el progreso nacional: educativo, territorial, cultural, también el económico.
Sin él, en cambio, cualquier gestión o medida económica adoptada habrá sido como construir en arena.
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