Opinión
Fortalecer los SLEP: una oportunidad para la convivencia escolar
Frente a la crisis de convivencia escolar, la respuesta sensata no es debilitar al único nivel del sistema con capacidad real de apoyo territorial.
El anuncio del actual gobierno sobre una eventual pausa en el traspaso de colegios municipales a los Servicios Locales de Educación Pública (SLEP) merece una mirada que el debate administrativo ha dejado en segundo plano: lo que esta reforma significa para enfrentar los desafíos pedagógicos urgentes que viven las escuelas, en particular en materia de convivencia escolar.
Nuestra investigación FONIDE (#2300107) sobre convivencia escolar en los SLEP – basada en datos SIMCE, entrevistas con sus profesionales y grupos focales con directores y encargados de convivencia escolar de 11 Servicios Locales a lo largo del país – muestra que la convivencia escolar postpandemia atraviesa por un deterioro del bienestar socioemocional, la presencia de conflictos graves y una expansión de la conflictividad al entorno digital. Frente a este escenario, las escuelas no son pasivas: han desplegado prácticas innovadoras, pero con equipos sobrecargados y sin redes de apoyo suficientes.
Es precisamente ahí donde los SLEP están comenzando a marcar una diferencia: acompañamiento técnico en terreno, articulación de microrredes entre escuelas y con instituciones locales, formación continua de equipos y diagnóstico territorial. Son las primeras formas de un liderazgo intermedio con sentido pedagógico que la administración municipal, estructuralmente, no podía ofrecer. Evidencia internacional es contundente en señalar la importancia de contar con niveles intermedios de gestión en sistemas escolares, con foco y especialización pedagógica. Los directivos escolares con que conversamos no piden volver atrás: piden más presencia, recursos y más apoyo de sus SLEP.
Por supuesto, los SLEP presentan fragilidades reales – como la rotación de profesionales, carga administrativa y ambigüedad de funciones – que es necesario corregir. Pero el diagnóstico correcto no sugiere pausar, sino fortalecer. Justamente, parte importante de estas fragilidades se debe a la necesidad de aún más recursos de diversa índole, que permitan a los SLEP cumplir sus diversas tareas de coordinación y apoyo escolar a un número importante de establecimientos por territorio. Detener ahora una reforma que ya superó el 50% de implementación, y que ha sido extensamente evaluada por organismos nacionales e internacionales, supondría desarmar justo los equipos que recién están instalando capacidades para acompañar a las escuelas en sus desafíos más urgentes.
Frente a la crisis de convivencia escolar, la respuesta sensata no es debilitar al único nivel del sistema con capacidad real de apoyo territorial. Es fortalecerlo.
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