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Longitud de las carreras universitarias Opinión

Longitud de las carreras universitarias

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Ignacio Sánchez Díaz
Por : Ignacio Sánchez Díaz Profesor titular, Pontificia Universidad Católica de Chile.
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En suma, la evaluación de la duración de las carreras universitarias requiere un análisis de toda la trayectoria educativa, es decir desde la educación escolar hasta los estudios de posgrado, ya que es un continuo educacional.


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En las últimas semanas se ha reiniciado un debate que lleva años en nuestro país, que se refiere a la duración de las carreras universitarias. Esto se gatilla por diversos factores, dentro de los que se incluye la comparación con otros países, los altos costos de la educación superior, las actualizaciones curriculares, la Inteligencia Artificial y su impacto en la docencia y en el campo laboral, la articulación entre los programas de pre y posgrado, entre otros. Este es un debate muy pertinente, en el cual deben intervenir diferentes actores del ámbito de la educación, laboral, político, empresarial y la sociedad en su conjunto.

Lo primero que se explicita es que las carreras en nuestro país son más largas que en los países de la OCDE. Esto es real solo si se comparan las primeras salidas al campo laboral, ya que la formación de pregrado en varios países es de tres a cuatro años, con un grado académico, sin título profesional. En estos países es habitual que un egresado de pregrado con esta duración de formación inicie su trayectoria laboral, para continuar una especialización o profesionalización posteriormente. De hecho, sólo los grados académicos (pregrado, magíster y doctorado) son otorgados por las universidades. Los títulos profesionales son entregados por otras agencias ya sea en el país o en los diferentes estados de una nación, lo que es una gran diferencia con nuestra realidad.

La cultura de una formación permanente y a lo largo de la trayectoria laboral es muy frecuente en países desarrollados. Un egresado de pregrado trabaja unos años y luego adquiere un magister y en ocasiones sigue a un doctorado, sin necesidad de un título profesional. En estos países tampoco existe la exigencia del sector público de solicitar cinco años de estudio para contratarse como profesional. En carreras como Derecho, Medicina y otras en las que el título es mandatorio, los estudios continúan posterior a los cuatro años de College, lo que en total suman más años de estudio en relación a nuestro país. 

Considerando las diferencias descritas, es importante hacer una evaluación y análisis de lo que se enseña hoy en nuestros programas de pregrado y ver vías de mejora, tanto en los contenidos como en la optimización del tiempo. En primer lugar, este análisis tiene implicancias y requiere la evaluación de todo el sistema educativo, ya que los conocimientos de entrada son muy importantes para la planificación de los programas. 

Hoy, en varias carreras los primeros semestres son de nivelación por las significativas brechas de la enseñanza escolar. Es importante planificar una real Integración entre la educación secundaria y superior, con evaluaciones de conocimientos y competencias. Segundo, los contenidos curriculares requieren actualización permanente y una proyección a futuro. La IA, los cambios acelerados en el conocimiento, el qué se enseña, los contenidos de formación integral y la realidad de que al menos el 50% de lo que se enseña va a cambiar, nos obliga a pensar en los contenidos y en la enseñanza futura. 

Tercero, y muy importante, es pensar en el verdadero sentido de la educación, la reflexión en profundidad de los temas más intrínsecos del ser humano, en relación a las humanidades, a las ciencias, al arte, lo que requiere tiempo y reflexión. Las universidades no solo entregamos información, -para esto hoy hay canales abiertos de gran accesibilidad-, lo nuestro es la reflexión en profundidad del conocimiento. Se requiere tiempo, meditación de las ideas, contrastar información, lo que tendrá gran importancia en la formación de personas con ideas propias, libertad de pensamiento, iniciativa y creatividad para crear y emprender. Por esto, las líneas de trabajo debieran ir más a reenfocar que a acortar las carreras. Los estudios amplios y generales son una base de apoyo crucial. Esto va en contra de programas de pregrado muy especializados y profesionalizantes. En este sentido va el desarrollo de College UC, así como de la interdisciplina en las carreras de diversas facultades.

Otros aspectos relevantes a evaluar son la eliminación de las tesis en carreras de pregrado; la integración de carreras entre el pregrado y el grado de magister; el impacto de los cambios curriculares en los sistemas de acreditación nacional; el aporte de las artes y humanidades en la formación integral de los estudiantes; entre otros. En todo lo que se ha mencionado, es imprescindible lograr tener el apoyo del cuerpo académico de cada institución si se anhela lograr cambios profundos y duraderos.

En suma, la evaluación de la duración de las carreras universitarias requiere un análisis de toda la trayectoria educativa, es decir desde la educación escolar hasta los estudios de posgrado, ya que es un continuo educacional. En este proceso, es necesario considerar la maduración psicoemocional de los estudiantes, su proceso de autonomía, la libertad y profundidad de pensamiento como objetivo final de la educación universitaria, y en especial, lo que se espera de sus capacidades y competencias para enfrentar el futuro. En resumen, se trata de volver a los orígenes y al sentido de la universidad, en la formación jóvenes con pensamiento crítico e independiente al servicio de la sociedad.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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