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El poder sin armas de León XIV Opinión Archivo

El poder sin armas de León XIV

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José Rodríguez Elizondo
Por : José Rodríguez Elizondo Periodista, diplomático y escritor
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Aludiendo tácitamente a la amenaza trumpista de “borrar a Irán de la faz de la tierra”, la encíclica advierte con el equivalente a una excomunión: “cualquier intento o proyecto de eliminar o someter una nación es gravemente inmoral y, por lo tanto, inaceptable”.


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Tras vivir y sufrir dos guerras mundiales, el filósofo francés Raymond Aron tenía claro que  “la tragedia de la humanidad es que hace su historia, pero no sabe la historia que está haciendo”.

Esa advertencia, antes formulada por Marx, debiera incentivar el tránsito desde el lugar común “la historia no se repite” a la reacción ilustrada contra quienes hoy tienen la historia en la cuerda floja de una catástrofe mayor. Téngase presente que, tras las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki y hasta la guerra en Ucrania, nadie amenazaba con el arma nuclear.

En cuanto protagonistas activos o pasivos de las guerras vigentes, los jefes de las grandes potencias militares se hacen los sordos y los otros callan en todos los idiomas. Por eso fue tan notable que la amenaza fuera denunciada desde el Vaticano, primero por el Papa Francisco y después, de manera recurrente  y potente, por su sucesor León XIV.

Jefes de un Estado sin fuerzas armadas, ambos pontífices advirtieron que ya estamos viviendo “una tercera guerra mundial por partes”. Luego, en su Llamamiento del Angelus de marzo pasado, León XIV definió la coyuntura como una “tragedia de proporciones enormes con el riesgo de un abismo irreparable”. Y hace poco, en mayo, produjo una tercera e impresionante advertencia con su encíclica Magnifica Humanitas.

¿Hacia el mundo de Mad Max?

En este documento, el pontífice argumenta desde tres perspectivas estratégicas: una potente denuncia antibélica, una disección tácita de los desplantes agresivos de Donald Trump y, en el centro, un sofisticado análisis sobre los prodigios y amenazas  de la Inteligencia Artificial (IA).

Desde esa mirada, León XIV reconoce el progreso científico-tecnológico que significa la IA. Sería la ejecución de fantasías anunciadas en la literatura de ciencia-ficción. Pero, en paralelo advierte que es un instrumento intrínsecamente ambivalente y evoca la amenaza que significa en cuanto programado y administrado sólo por las grandes empresas tecnológicas.

Sin control social responsable, mezclando hechos con opiniones sesgadas, la IA sería idónea -lo está siendo- para construir realidades que privilegian “la cultura del poder” sobre la cultura de la coexistencia pacífica. Con esta suerte de profecía bíblica, el Papa no sólo alerta a millones de feligreses y cristianos de distintas obediencias, que incluyen a electores de los Estados Unidos. En paralelo, ha encendido una luz roja ante quienes sólo ven la magia de la IA e ignoran la posibilidad de que potencie la industria armamentista, la normalización del arma nuclear y nos condene a vivir entre el mundo de Orwell y el de Mad Max.

Las divisiones de León XIV

Magnifica Humanitas emerge, así, como la réplica poderosa de un líder religioso norteamericano contra el poderoso y peligroso presidente norteamericano Donald Trump.  Baste señalar que, aludiendo tácitamente a la amenaza trumpista de “borrar a Irán de la faz de la tierra”, la encíclica advierte con el equivalente a una excomunión: “cualquier intento o proyecto de eliminar o someter una nación es gravemente inmoral y, por lo tanto, inaceptable”.

Por lo mismo, mientras otros gobernantes y políticos administran su rivalidad con Trump, lo adulan o tratan de pasar inadvertidos, León XIV se alza como el defensor mayor de la paz humanista. El único capaz de  denunciar urbi et orbi a quien viola sistemáticamente las costumbres y códigos de la paz, en cuanto sedicente jefe de “la nación más grande y exitosa en la historia de la humanidad”.

Con esto se repite la historia del poder espiritual que desafía al poder temporal, cuando éste excede los límites de lo tolerable. Al respecto, suele recordarse una célebre frase triunfalista de Stalin a fines de la Segunda Guerra Mundal. Advertido por Winston Churchill sobre las críticas de Pio XII a su régimen, el dictador soviético y exseminarista respondió con la siguiente pregunta irónica:  ¿Y cuántas divisiones tiene el Papa?

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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