Opinión
Imagen referencial
Algunos ratones, una sigla y cuatro A
Cuando un jardín infantil enfrenta durante semanas la presencia reiterada de ratones, no estamos ante un problema menor de infraestructura. Estamos frente a una afectación de esas garantías y una vulneración de derechos educativos.
Había una vez un jardín infantil hermoso, lleno de vida. Cada mañana llegaban guaguas que reconocían a sus educadoras, les tiraban los brazos con confianza, sabían qué canción venía después de cuál, cuándo era hora de jugar, comer o dormir. Era un jardín donde niñas y niños entraban felices. Algunos, como nuestra guagüita, parecían no tener prisa por irse a casa y preferían quedarse disfrutando del resbalín del patio un rato más. Era un jardín con una rutina que daba seguridad.
Como personas que trabajamos en educación sabemos que eso importa, que el aprendizaje ocurre cuando una niña se siente segura para explorar, cuando una guagua construye vínculos de confianza con quienes la cuidan, cuando encuentra un espacio estable donde jugar, descubrir y convivir, y no solamente cuando alguien les enseña colores, números o los nombres de los animales y las cosas. Y eso ocurre en el Jardín Infantil y Sala Cuna Manzanilla de Ñuñoa.
Por todo eso, la historia que venimos a contar nos tiene en vilo.
Desde el 15 de mayo comenzaron a aparecer fecas de ratón. Primero algunas en la cocina. Luego más. A veces también aparecieron los propios ratones.
Lo primero que hay que decir es que nadie del propio Jardín ha estado de brazos cruzados. La directora ha hecho todo lo que está a su alcance. Las educadoras, técnicas, auxiliares de aseo y manipuladoras de alimentos han limpiado, desinfectado, vaciado bodegas, botado materiales y seguido directrices una y otra vez. Las trabajadoras de aseo han desinfectado tras cada aplicación de rodenticida y cada vez que se encuentran restos de actividad de roedores. Se han actualizado protocolos, se han sostenido reuniones, se han buscado soluciones.
La Corporación Municipal de Desarrollo Social de Ñuñoa (CMDS), sostenedora del establecimiento, ha realizado varias desratizaciones. También ha efectuado inspecciones y cada vez que encuentran un nuevo punto de ingreso, lo sellan, cada vez que aparece un nuevo hoyo, lo tapan. Se han instalado burletes. Se han comprometido desratizaciones periódicas. Y, sin embargo, los ratones siguen apareciendo. Porque el problema nunca estuvo únicamente dentro del jardín.
Manzanilla es un recinto pequeño emplazado al interior de una manzana compleja en Pedro de Valdivia. Comparte entorno con un liceo municipal —con el que incluso comparte predio—, colinda con un liceo técnico profesional de administración delegada y tiene detrás un campus de la UMCE. Frente a él se encuentra el enorme Estadio Nacional. Los ratones no conocen deslindes administrativos. No saben qué espacio corresponde a la municipalidad, cuál a la corporación, cuál es público y cuál privado.
Pero esta historia no trata solamente de ratones. También de una sigla que para muchas familias era completamente desconocida hasta que comenzó esta crisis: VTF. Vía Transferencia de Fondos.
VTF significa que JUNJI financia el jardín, pero la administración recae en la Corporación Municipal de Desarrollo Social. En teoría parece sencillo. En la práctica, cuando las familias comenzamos a buscar respuestas, descubrimos una red de responsabilidades fragmentadas donde cada institución tiene atribuciones parciales. Ninguna parece capaz de ofrecer una solución integral ni de entregar alternativas seguras y consistentes mientras se encuentra esa salida.
JUNJI transfiere recursos y lineamientos. La CMDS administra y también pone recursos. La Superintendencia fiscaliza. La directora dirige a su equipo, implementa lineamientos
técnicos y pedagógicos, y trabaja hacia dentro del jardín con niñas, niños y sus familias. La Superintendencia ya fue a fiscalizar y encontró el jardín limpio. ¡Seguro que estaba impoluto! porque siempre lo ha estado. El problema nunca ha sido la falta de limpieza. JUNJI, por su parte, considera que los recursos ya fueron transferidos al sostenedor. A estas alturas la CMDS estima que ha realizado todas las acciones que están dentro de sus posibilidades. Y en medio de esa cadena de derivaciones, las familias quedamos atrapadas en un limbo institucional.
Entonces aparecen las cuatro A. Desde hace décadas, el derecho a la educación se comprende a partir de cuatro dimensiones inseparables: Asequibilidad, Accesibilidad, Aceptabilidad y Adaptabilidad. La Asequibilidad exige que el Estado financie y garantice condiciones materiales adecuadas para que la educación exista. La Accesibilidad implica que niños y niñas puedan asistir efectivamente a los establecimientos sin enfrentar barreras de ningún tipo que afecten ni económicas ni edilicias para su participación. La Aceptabilidad supone que la educación sea impartida en condiciones seguras, dignas y de calidad. Y la Adaptabilidad exige que las instituciones sean capaces de responder a las necesidades concretas de quienes educan y cuidan. Cuando un jardín infantil enfrenta durante semanas la presencia reiterada de ratones, no estamos ante un problema menor de infraestructura. Estamos frente a una afectación de esas garantías y una vulneración de derechos educativos.
Las guaguas se arrastran por el suelo, duermen a ras de piso, exploran el mundo llevándose objetos a la boca. Por eso resulta tan preocupante escuchar a autoridades plantear que, si el liceo de al lado continúa funcionando, entonces el jardín también podría hacerlo. No porque los liceos no importen, sino porque las necesidades de una lactante y las de una persona joven simplemente no son equivalentes.
Lo que las familias de Manzanilla necesitamos, especialmente niñas y niños, no es una nueva fiscalización, un nuevo hoyo tapado, una nueva desratización o un nuevo comunicado en redes sociales. Necesitamos una intervención integral de toda la manzana. Un megaoperativo. Una respuesta coordinada entre la Municipalidad de Ñuñoa, la CMDS, quienes sean responsables de los establecimientos aledaños, las “instituciones competentes”. De lo contrario los ratones y sus fecas seguirán apareciendo y, mientras lo hagan, una sigla (VTF) seguirá funcionando como una excusa para diluir responsabilidades y las cuatro A continuarán siendo una promesa incumplida.
Había una vez un jardín infantil hermoso, y sigue siéndolo. Lo que necesitamos ahora es que las instituciones estén a la altura del lugar que sus trabajadoras, niñas y niños y sus familias han construido día a día. Necesitamos un final feliz de cuento, como niñas y niños merecen, en el presente y siempre.
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