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1.567 días: Conflicto en Ucrania ya dura más que la Primera Guerra Mundial ANÁLISIS Archivo

1.567 días: Conflicto en Ucrania ya dura más que la Primera Guerra Mundial

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Alberto Rojas
Por : Alberto Rojas Director del Observatorio de Asuntos Internacionales de la Escuela de Periodismo y Comunicación de la U. Finis Terrae. @arojas_inter
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Lo único evidente es que el mundo que existía antes del 24 de febrero de 2022 ya no existe y que, al igual que ocurrió en 1918, estamos presenciando el nacimiento de una nueva época histórica cuyos contornos todavía resultan difíciles de definir.


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Este 9 de junio ocurrió algo que pasó prácticamente inadvertido para gran parte del mundo: que la guerra de Ucrania alcanzó una duración equivalente a la de la Primera Guerra Mundial. Entre el 28 de julio de 1914, cuando Austria-Hungría declaró la guerra a Serbia, y el armisticio del 11 de noviembre de 1918, transcurrieron 1.567 días. Y entre el 24 de febrero de 2022, cuando las tropas rusas cruzaron las fronteras de Ucrania desde Bielorrusia, Rusia y Crimea, y el 9 de junio de 2026, ha pasado prácticamente el mismo tiempo.

La comparación es impactante porque la Primera Guerra Mundial ocupa un lugar especial en la memoria histórica. Fue el conflicto que provocó cerca de 10 millones de muertos militares, arrasó vastas regiones de Europa y provocó la desaparición de los imperios alemán, austrohúngaro, otomano y ruso. Y, además, se convirtió en el símbolo de una guerra interminable. Sin embargo, hoy la guerra de Ucrania ha alcanzado una duración equivalente y la diferencia es que la Primera Guerra Mundial terminó, pero la de Ucrania sigue desarrollándose.

Cuando comenzó la invasión rusa, pocos imaginaban que el conflicto seguiría activo más de cuatro años después. En Moscú existía la expectativa de una campaña rápida que permitiera derribar al gobierno de Volodimir Zelenski en cuestión de días o semanas. Las columnas blindadas rusas avanzaron hacia Kyiv desde el norte, mientras otras fuerzas ingresaban desde el este y el sur, y el Kremlin apostó por una operación de choque destinada a alterar el equilibrio político ucraniano antes de que Occidente pudiera reaccionar.

La realidad fue muy diferente, ya que Ucrania resistió. Rusia fracasó en su intento de capturar Kyiv y debió retirarse del norte del país durante la primavera de 2022. Posteriormente, el conflicto evolucionó hacia una guerra de desgaste que recuerda algunos aspectos de las guerras industriales del siglo XX. Kilómetros de trincheras, campos minados, artillería masiva y combates prolongados volvieron a aparecer en el corazón de Europa, algo que muchos analistas consideraban improbable apenas unos años antes.

Las cifras también ayudan a dimensionar la magnitud del conflicto. Millones de ucranianos se vieron obligados a abandonar sus hogares. Ciudades como Mariúpol, Bajmut, Avdiivka y Severodonetsk quedaron asociadas a algunos de los combates más intensos de la guerra. Rusia movilizó cientos de miles de reservistas y reorientó gran parte de su economía hacia la producción militar. Los países occidentales comprometieron decenas de miles de millones de dólares en asistencia militar, financiera y humanitaria para sostener a Ucrania. Y desde febrero de 2022, además, Europa inició el mayor proceso de rearme desde el fin de la Guerra Fría.

Las consecuencias estratégicas también han sido profundas. Finlandia ingresó a la OTAN el 4 de abril de 2023, mientras Suecia hizo lo mismo el 7 de marzo de 2024. Alemania anunció un fondo extraordinario de 100.000 millones de euros para modernizar sus fuerzas armadas. La Unión Europea aprobó sucesivos paquetes de sanciones contra Rusia y aceleró programas destinados a fortalecer su industria de defensa. En otras palabras, la guerra transformó la arquitectura de seguridad europea de una manera que pocos habrían imaginado antes de 2022.

Sin embargo, el verdadero significado histórico de estos 1.567 días va mucho más allá del campo de batalla. La Primera Guerra Mundial no sólo fue una tragedia humana; también representó el colapso del orden internacional que había surgido tras el Congreso de Viena de 1815. Durante casi un siglo, las grandes potencias europeas mantuvieron un sistema basado en equilibrios, alianzas y mecanismos diplomáticos destinados a evitar una conflagración continental. Aquella estructura sobrevivió a crisis, revoluciones y conflictos regionales, pero terminó derrumbándose en las trincheras de Europa occidental.

La guerra de Ucrania podría ocupar un lugar similar en la historia del siglo XXI, ya que, durante décadas, el mundo vivió bajo las reglas de la Posguerra Fría. Es que tras la desaparición de la Unión Soviética, en diciembre de 1991, predominó la idea de que la integración económica, la globalización y las instituciones multilaterales reducirían la probabilidad de grandes conflictos entre Estados. Se asumió que Europa había dejado atrás para siempre las guerras de conquista territorial. E incluso, cuando Rusia ocupó Crimea en 2014, muchos observadores consideraron que se trataba de una excepción y no del anuncio de una transformación más profunda.

La invasión de 2022 destruyó esa ilusión, ya que demostró que la competencia entre grandes potencias seguía vigente, que la fuerza militar continuaba siendo un instrumento central de la política internacional y que la estabilidad posterior a la Guerra Fría era mucho más frágil de lo que se creía. En cierto sentido, las explosiones que despertaron a Kyiv durante la madrugada del 24 de febrero de 2022, marcaron el final definitivo de una época histórica iniciada con la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989.

Quizás por eso la cifra de 1.567 días posee una carga simbólica tan poderosa. No se trata simplemente de una comparación cronológica entre dos guerras separadas por más de un siglo, sino de la constatación de que ambos conflictos parecen desempeñar una función similar en la evolución del sistema internacional. La Primera Guerra Mundial cerró el largo siglo XIX. La guerra de Ucrania podría pasar a la historia como el conflicto que puso fin a la era de la Posguerra Fría.

Cuando la Primera Guerra Mundial cumplió 1.567 días, el armisticio estaba a punto de entrar en vigor y Europa se preparaba para construir un nuevo orden. Sin embargo, cuando la guerra de Ucrania alcanza esa misma cifra, nadie sabe cuándo llegará la paz ni cuál será la forma del sistema internacional que emergerá después. Lo único evidente es que el mundo que existía antes del 24 de febrero de 2022 ya no existe y que, al igual que ocurrió en 1918, estamos presenciando el nacimiento de una nueva época histórica cuyos contornos todavía resultan difíciles de definir.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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