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Mundial 2026: el fútbol y la política Opinión BBC

Mundial 2026: el fútbol y la política

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Boris Yopo H.
Por : Boris Yopo H. Sociólogo y Analista Internacional
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Como dijo el escritor Juan Villoro, en la sociedad actual un poco de alegría ha pasado a ser también un asunto de primera necesidad. Entonces, hay que vivir el fútbol con pasión, pero siempre hay que denunciar cuando es manipulado con otros propósitos, distintos de los genuinamente deportivos.


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Estamos a días del próximo Mundial de Fútbol, el evento deportivo (junto a los Juegos Olímpicos) más importante del mundo. Más de mil millones de personas van a estar conectadas para ver los grandes partidos y la pasión que despierta el fútbol es inigualable, como ya lo describiera Eduardo Galeano en su memorable libro: El fútbol a sol y sombra.

Considerando lo anterior, el fútbol no podía estar ajeno al interés del mundo político. A lo largo de la historia humana los deportes han sido utilizados también con fines extradeportivos. Los emperadores romanos organizaban luchas de gladiadores para “tranquilizar” al pueblo; Hitler usó los Juegos Olímpicos de 1936 para probar la “superioridad de la raza aria”; y la dictadura argentina usó el Mundial de 1978 para distraer la atención de los crímenes cometidos.

En nuestra época, las tentaciones de instrumentalizar los éxitos del fútbol siempre existen y este ha sido usado en ocasiones como “trampolín” en ciertas carreras políticas (como fueron los casos de Berlusconi con el Milan, y Macri en Boca Juniors, por ejemplo) o en el “blanqueo de imagen” de personajes a veces de dudosa reputación, de donde parte el interés por comprar clubes.

Más recientemente, las imágenes del presidente de la FIFA en La Casa Blanca, entregando una medalla “de la paz” a Trump (increíble) reafirman ese nexo, a veces espurio, entre el fútbol y la política. Y es que las decisiones en el fútbol no se adoptan con criterios siempre estrictamente “deportivos”. ¿Por qué, por ejemplo, Rusia está suspendida de los torneos internacionales, e Israel no, cuando ambos están acusados de cometer graves crímenes de lesa humanidad? Es el factor político.

Haber mercantilizado al extremo el fútbol profesional ha distorsionado el verdadero sentido que siempre lo guio en el pasado: la pasión por el deporte más popular del planeta. Hoy a los jugadores ya no les queda espacio en las camisetas para la publicidad, y de lo primero que hablan los medios es de “cuánto vale” un jugador.

Millones de pobres, además, ven al fútbol como una palanca de “movilidad social”, pero son muy pocos los que llegan al final, a las ligas profesionales. Queriendo imitar el “estilo de vida” de sus ídolos, cuando no lo logran, se acrecienta la frustración y el malestar social entre jóvenes marginales que tienen muy pocas oportunidades en la vida.

Las barras del fútbol, por su parte, se han convertido en una forma de vida para muchos aficionados, y una forma de expresión e identidad para millones de jóvenes que ahí encuentran un espacio para dar un sentido a su vida. Y esto incluye las manifestaciones políticas, también. Hay reconocidas barras antifascistas, de apoyo a la causa palestina, y otras de ultraderecha, donde se ven manifestaciones xenófobas y racistas. Algunas barras son usadas también para dar cobertura a actividades ilícitas y del crimen organizado.

Por otra parte, el fútbol ha sido tratado muchas veces como un asunto de Estado. No solo se han iniciado guerras a propósito de un partido (El Salvador-Honduras, 1969) sino que gobernantes de diversas latitudes se disputan e incluso han corrompido a dirigentes de la FIFA o de las asociaciones nacionales para obtener la sede de los próximos mundiales. Ya se supo en su momento, por ejemplo, que la designación de Qatar como sede del anterior Mundial fue resultado de un proceso opaco, que incluyó claros actos de corrupción.

Ante todo lo ya descrito, la responsabilidad recae en aquellos que buscan apropiarse de una actividad que provee entretención y alegría, y que puede cumplir otras funciones benéficas en una sociedad, en la medida que no sea utilizado para otros fines que no sean el deporte, la recreación y la integración social.

Aquí sí que la política puede jugar un rol positivo. Algunos dicen que el fútbol es el nuevo opio del pueblo, y es cierto que muchos gobernantes y élites dirigentes lo usan para manipular y distraer la atención de la gente común (y esto hay que denunciarlo). Pero también hay que considerar que la vida es difícil para muchas personas.

Un poco de alegría, un espacio para compartir y reencontrarse con otros, sentir pasión por algo, no es algo menor en este contexto.

Como dijo el escritor mexicano Juan Villoro, en la sociedad actual un poco de alegría ha pasado a ser también un asunto de primera necesidad. Entonces, hay que vivir el fútbol con pasión, pero siempre hay que denunciar cuando es manipulado con otros propósitos, distintos de los genuinamente deportivos.

Ahora, a disfrutar un junio lleno de partidos, y como dijo el gran Leonel Sánchez alguna vez: “Que gane el más mejor”.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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