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El rol de las universidades en la Estrategia CTCI 2026 Opinión

El rol de las universidades en la Estrategia CTCI 2026

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Felipe Jara Schnettler
Por : Felipe Jara Schnettler Director de Desarrollo e Innovación, U. Central
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La pregunta ya no es si las universidades deben participar en el desarrollo de Chile. La pregunta es si serán capaces de transformarse a la velocidad que este nuevo rol exige.


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La nueva Estrategia Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación para el Desarrollo de Chile 2026 redefine profundamente el rol esperado de las universidades dentro del ecosistema de desarrollo nacional. Ya no se las concibe únicamente como instituciones dedicadas a la formación profesional y a la generación de conocimiento científico, sino también como actores estratégicos capaces de impulsar transformación económica, social y territorial.

El documento reconoce que gran parte de las capacidades nacionales de investigación, desarrollo e innovación se concentran en universidades y centros de I+D. Sin embargo, también plantea que estas capacidades han operado históricamente con baja articulación respecto de los desafíos reales del país y con una conexión insuficiente con el desarrollo productivo y el bienestar social.

El diagnóstico es exigente. Chile sigue mostrando bajos niveles de inversión en I+D, una débil articulación entre academia, empresas y Estado, y una baja capacidad de transferencia tecnológica. A ello se suma que buena parte de la investigación y de la formación doctoral continúa concentrada dentro del propio sistema universitario, sin suficiente inserción en empresas, territorios o instituciones públicas.

Frente a este escenario, la Estrategia CTCI 2026 impulsa un cambio de trayectoria. Las universidades deben dejar de ser únicamente generadoras de conocimiento y transformarse también en instituciones capaces de movilizarlo, transferirlo y convertirlo en impacto.

Ya no basta con investigar y publicar. El documento propone pasar desde un modelo lineal —centrado en producir ciencia esperando que eventualmente genere efectos— hacia una lógica sistémica y orientada a resolver desafíos país.

Esto implica fortalecer la investigación aplicada, interdisciplinaria y asociativa. La estrategia insiste en que las capacidades científicas deben contribuir de manera más directa a problemas vinculados a salud, transición energética, inteligencia artificial, sostenibilidad, seguridad hídrica, cohesión social y sofisticación productiva.

En este nuevo escenario adquieren enorme relevancia las estructuras de interfaz entre conocimiento y aplicación. Las Oficinas de Transferencia y Licenciamiento (OTL), los hubs tecnológicos y otros mecanismos de articulación pasan a ocupar un lugar estratégico. Las universidades ya no solo deben producir conocimiento: deben aprender a conectarlo con empresas, territorios, instituciones públicas y actores sociales capaces de utilizarlo.

Otro elemento central es el impulso a las Empresas de Base Científico-Tecnológica (EBCTs) y al emprendimiento deep tech. La estrategia apuesta a que parte importante de las nuevas capacidades de crecimiento del país emerjan desde investigación universitaria vinculada a tecnologías avanzadas como inteligencia artificial, biotecnología y soluciones asociadas a recursos naturales y transición energética.

El documento también cuestiona parcialmente el sistema tradicional de incentivos académicos. Durante años, buena parte de la evaluación universitaria estuvo centrada casi exclusivamente en publicaciones científicas y productividad bibliométrica. El nuevo enfoque propone incorporar métricas vinculadas a transferencia tecnológica, impacto territorial, adopción de soluciones y contribución efectiva al desarrollo.

Otro aspecto especialmente relevante es el rol territorial asignado a las universidades. La estrategia propone avanzar hacia hubs regionales de innovación, infraestructura compartida de pilotaje y gobernanzas articuladas entre gobiernos regionales, empresas, instituciones públicas y universidades. Esto abre oportunidades particularmente importantes para instituciones con fuerte vínculo territorial, que podrían transformarse en articuladoras de ecosistemas locales de innovación y desarrollo.

Finalmente, la Estrategia CTCI 2026 instala una idea de fondo: las universidades dejan de ser vistas únicamente como instituciones académicas y pasan a concebirse como actores estratégicos del desarrollo país. La pregunta ya no es si las universidades deben participar en el desarrollo de Chile. La pregunta es si serán capaces de transformarse a la velocidad que este nuevo rol exige.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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