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Una reingeniería naval disruptiva Opinión Ceremonia de Lanzamiento del Buque LPD Magallanes, en ASMAR. Crédito: Raphael Sierra| Agencia Uno

Una reingeniería naval disruptiva

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La planificación militar deberá reorientarse desde una fuerza del siglo XX hacia la identificación participativa de soluciones creativas a través de programas prioritarios que permitan mantener el alistamiento de capacidades incrementales.


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En mi columna de opinión anterior “Una marina híbrida colaborativa” identifiqué varios desaciertos relevantes en el programa que pretende impulsar la Armada con el apoyo de Corfo para la construcción de fragatas en Chile.

En esta segunda parte de mis propuestas aprovecho el marco de la botadura al mar del buque LSD Magallanes en Armar-Talcahuano para exponer las soluciones que comienzan a implementarse en las principales marinas del mundo y sus efectos en una nueva Política Naval para Chile, que complementarán a los buques actuales con nuevas plataformas autónomas que a futuro también permitirán desplegar armas de energía dirigida (láser).

Solución híbrida

Históricamente la Royal Navy del Reino Unido ha sido un modelo a seguir de tradiciones navales y experiencias para nuestra Armada. Es por este motivo que me permito considerar algunas opiniones recientemente presentadas por su Primer Lord del Mar, Almirante Sir Gwyn Jenkins, respecto a la urgencia de evolucionar hacia una “flota híbrida” para prevalecer en los próximos conflictos a través de la operación de sistemas navales no tripulados. Para esto, dice Jenkins, “se debe abandonar la necesidad de plataformas cada vez más grandes y costosas”; razonamiento que tiene implicaciones relevantes para los programas de construcción naval que pretende desarrollar nuestra Armada y Corfo.

Su brillante postura precisa que: “con tripulación donde sea necesario, sin tripulación siempre que sea posible, integrados siempre”. Esta es una declaración de principios muy clara para reconocer que los recursos siempre serán escasos y que la tarea consiste en impulsar una marina poderosa y letal a partir de una combinación más amplia y con mayor capacidad de supervivencia, en lugar de concentrar las inversiones exclusivamente en buques vulnerables de alto valor. A su juico, es preciso reconocer que “aún existen algunos escépticos respecto a la autonomía híbrida, pero la cruda realidad es que no tenemos tiempo para complacer a los tradicionalistas, porque la autonomía ya está transformando de manera demostrable la naturaleza de la guerra“. Luego agrega: “el reto reside en la rapidez con la que podemos incorporar estos sistemas autónomos para que combatan junto a la flota …pues estamos en esta trayectoria porque no nos queda otra opción

Energía dirigida (láser)

El próximo desafío para la principal marina del mundo que plantea el almirante Daryl Caudle, jefe de operaciones navales de la Armada de Estados Unidos, lo constituyen las armas láser de alta energía, que no son un sueño sacado de las famosa películas de Star Wars, sino una realidad irrenunciable para reemplazar las voluminosas defensas antimisiles actuales y liberar espacio para armas ofensivas en los buques de combate. “La energía dirigida será un componente fundamental de la guerra naval del futuro, especialmente para la defensa contra misiles entrantes… diseñadas con la potencia y la capacidad necesarias para escalar estos sistemas a niveles de energía muy altos, proporcionando así letalidad contra amenazas sofisticadas“, plantea Caudle.

Sin embargo, este objetivo aún tiene importantes limitaciones que se pueden observar considerando que la defensa de un buque podría costar alrededor de 10 dólares por disparo y no millones de dólares por misil, como actualmente ocurre. Pero para desplegar estas armas los buques actuales todavía son incapaces de suplir las grandes demandas de energía de las armas láser pues sus generadores eléctricos no están diseñados para ello. Por este motivo, los nuevos “acorazados de bolsillo” BBG(X), propuestos por el presidente Trump y que serían comisionados a partir del USS Defiant en 2036 a un costo de alrededor de MMUS$15.000 la unidad, tendrán que disponer de propulsión nuclear para alimentar las armas láser y electromagnéticas que incorporarán, lo cual está absolutamente fuera de nuestro alcance real.

En todo caso y con el objeto de mantener actualizadas a nuestras tripulaciones, sí podríamos considerar una etapa de transición entre la marina actual y la “flota láser” del futuro.  Mediante el uso de contenedores, se permitiría el despliegue de armas de “energía dirigida” como una respuesta inicial a las limitaciones de los buques de guerra existentes, independizando los sistemas de armas y permitiendo a la Armada adaptar sus capacidades más rápidamente para ofrecer este poder de combate tan pronto como sea posible.

Liderazgo político

Para los escenarios descritos se hace imprescindible actualizar a la brevedad nuestra Apreciación Global Político Estratégica de los riesgos y amenazas que enfrentaremos en un mundo global cada vez más convulso y considerar que a nivel estratégico no hay verdades absolutas, sino solamente alternativas, con diferentes riesgos y costos asociados.

De esta forma, la planificación militar deberá reorientarse desde una fuerza del siglo XX, hacia la identificación participativa de soluciones creativas a través de programas prioritarios que permitan mantener el alistamiento de capacidades incrementales de un reducido núcleo básico de defensa para el siglo XXI que posibilite su oportuna expansión ante los entornos estratégicos emergentes que lo requieran.

En este marco, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) nos alerta sobre la drástica baja en la tasa de natalidad que se ha experimentado en Chile. Los nacimientos en nuestro país descendieron de 275.916 en 1993 a 146.446 en 2025, lo que inexorablemente se traducirá en una disminución en las disponibilidades de tripulaciones para las fragatas propuestas por la Armada y Corfo, obligándonos a reencauzar el desarrollo naval mediante una reingeniería naval al año 2030. Esto con el fin de enfrentar las incertidumbres a través de una fuerza híbrida capaz de regenerar un potencial suficiente para su empleo en legítima defensa y relevante para cooperar por un mundo global seguro.

Mi conclusión es que los argumentos expuestos por los líderes de las potencias navales que he comentado nos exigen mirar al futuro para rediseñar el proyecto de fragatas que está proponiendo la Armada con el apoyo de Corfo.

Para ello, deberemos motivar a nuestro Ministerio de Defensa para que supere su eterno síndrome de Estocolmo y lidere un cambio de rumbo siguiendo la maduración del estado del arte naval analizado.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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