Opinión
Armenios, griegos y judíos en los orígenes del fútbol turco
Mientras la selección turca compite en el Mundial de la FIFA 2026, considero oportuno e interesante recuperar una historia poco conocida: las bases del fútbol en el Imperio Otomano fueron puestas, en gran medida, por armenios, griegos y judíos, y no principalmente por la población musulmana turca que se adaptó a ella mucho después.
A finales del siglo XIX y principios del XX, bajo el régimen del sultán Abdul Hamid II, las restricciones culturales y religiosas limitaban la participación pública de musulmanes en actividades deportivas “occidentales” como el fútbol. Las minorías no musulmanas de Constantinopla, Esmirna y Salónica —que contaba con mejor acceso a colegios extranjeros y contactos europeos— llenaron ese vacío con entusiasmo.
El nacimiento del fútbol otomano
El fútbol llegaría a territorio otomano mediante marineros británicos y residentes levantinos. Entre 1901 y 1904 se organizaría la Istanbul Football League (también conocida como Constantinople Football League), una competición multiétnica en la que ingleses, italianos, armenios, griegos y judíos jugaban juntos. Los primeros equipos turcos musulmanes se incorporarían más tarde.
Como explica el historiador Murat Cihan Yıldız en The Ottoman World of Sports (University of Texas Press, 2026), el deporte generó tanto espacios de encuentro como intensas rivalidades comunales.
Los armenios: los más organizados y visionarios
Los armenios fueron los más activos y sistemáticos en implementar y desarrollar el fútbol otomano. Shavarsh Krissian fundó en 1905 el equipo Balta Liman, que en 1906 logró una victoria histórica: goleó 5-0 al mismísimo Galatasaray ante unos 3.000 espectadores.
Esta derrota tuvo un significado especial porque el Galatasaray acababa de ser fundado en octubre de 1905 por estudiantes del Galatasaray High School (liderados por Ali Sami Yen), como uno de los primeros clubes turcos musulmanes lo que representaba el esfuerzo nacionalista por incorporar a los turcos al fútbol moderno. La goleada armenia fue, por tanto, un duro golpe simbólico temprano contra el emergente orgullo futbolístico/nacionalista turco.
Pronto aparecieron otros clubes armenios destacados: el Araks, el Santral y el Tork en Constantinopla, y el Armenian Hunters’ Club en Esmirna. En 1911, Krissian lanzó a la venta Marmnamarz, primera revista deportiva del Imperio en la que el fútbol tenía un lugar destacado. Hacia 1914 había alrededor de cuarenta clubes atléticos armenios solo en la capital otomana.
Hayk Demoyan, principal experto en el tema documenta todo esto detalladamente en su libro Armenian Sports and Athletics in the Ottoman Empire (2009/2015).
Los griegos: Fuerza en Esmirna y el exilio de 1922
Los griegos otomanos fueron otro pilar fundamental. En Constantinopla destacaron equipos como el Hermes (que luego se llamaría Pera) desde finales del siglo XIX. Sin embargo, fue en Esmirna (Izmir) donde brillaron con mayor fuerza: clubes como el Panionios (fundado en 1898), el Apollon y otros dominaban las competiciones locales y rivalizaban con armenios e ingleses.
En septiembre de 1922, tras la derrota griega en la Guerra Greco-Turca, las tropas turcas entraron en Esmirna. La ciudad fue escenario de la Gran Catástrofe de Esmirna (o Catástrofe de Asia Menor): incendios masivos (especialmente en los barrios griego y armenio), matanzas y un éxodo desesperado. Decenas de miles de griegos y armenios murieron o huyeron. Este evento marcó el fin de siglos de presencia griega en Asia Menor.
Miles de deportistas, directivos y aficionados griegos de Esmirna y Constantinopla se refugiaron en la Grecia continental. Muchos clubes griegos de fútbol no desaparecieron, se “trasplantaron”: el Panionios se reestableció en Atenas; el Apollon Smyrnis también. En Salónica, refugiados constantinopolitanos fundaron o fortalecieron al AEK y PAOK (este último heredero directo del Hermes/Pera de Constantinopla). Estos clubes conservan hasta hoy símbolos como el águila bicéfala y su identidad y connotación de “refugiados” de Asia Menor.
Los judíos: El toque cosmopolita y la búsqueda de regeneración física
La comunidad judía, especialmente en Salónica —llamada la “Jerusalén de los Balcanes”— y Estambul, aportó un componente cosmopolita importante. Clubes como el Maccabi (o Maccabi de Foot-ball) participaron activamente en las ligas de Esmirna y Estambul, compitiendo junto a equipos griegos, armenios y levantinos como los ya mencionados Apollon, Panionios, además del Bournabat y el Wanderer inglés.
En Estambul, el Maccabi SK fue fundado en 1913 en el barrio de Hasköy por miembros de la comunidad judía. Su sección de fútbol participó en ligas locales como la Sunday League de 1919-1920. El movimiento Maccabi tenía raíces más profundas: ya desde 1895 existían sociedades de gimnasia judías en Constantinopla, inspiradas en el ideal del “Muscular Judaism” (judaísmo muscular), que promovía la regeneración física y moral de la juventud judía. Estos clubes no solo jugaban fútbol, sino que organizaban exhibiciones gimnásticas y fomentaban un fuerte sentido de identidad comunitaria en un entorno multiétnico.
Aunque menos numerosos que armenios y griegos en el fútbol otomano, los Maccabi reforzaron el carácter burgués, plural y moderno de las competiciones iniciales, tal como refleja Murat Cihan Yıldız en sus estudios sobre las interacciones deportivas entre las comunidades del Imperio.
Reacción nacionalista y silenciamiento
Este liderazgo de las minorías no musulmanas en el fútbol generó una reacción. Tras la Revolución de los Jóvenes Turcos de 1908, se impulsaron y fundaron clubes turco-musulmanes con apoyo estatal. Cüneyd Okay, en su artículo “Sport and Nation Building” (The International Journal of the History of Sport, 2003), analiza cómo el Estado y los nacionalistas turcos seculares usaron el deporte para fortalecer la nueva identidad turca.
El Genocidio Armenio de 1915 destruiría gran parte de la infraestructura futbolística armenia, la comunidad griega sufriría duramente en 1922 y la comunidad judía sería objeto de pogroms y abusos. La gran mayoría de las tres comunidades desaparecería del territorio turco.
En la Turquía republicana, esta historia multicultural fue minimizada y escondida para favorecer una narrativa nacional centrada en la identidad turca musulmana.
Un legado que enriquecería el presente
Reconocer el papel fundacional de armenios, griegos y judíos no resta mérito al fútbol turco actual, sino que lo enriquece con su verdadera complejidad histórica. Como muestran las investigaciones y publicaciones de Demoyan, Yıldız y Okay, el fútbol otomano nació como un fenómeno multiétnico que conectó al Imperio con la modernidad europea.
En pleno Mundial 2026, recordar estos orígenes permite apreciar mejor las capas profundas, diversas y contradictorias que sustentan la pasión por el fútbol en Turquía.
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