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Para crecer no sirve bajar impuestos: se necesita desarrollo productivo Opinión

Para crecer no sirve bajar impuestos: se necesita desarrollo productivo

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Roberto Pizarro Hofer
Por : Roberto Pizarro Hofer Economista. exdecano de la Facultad de Economía Política de la Universidad de Chile.
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Se necesita un nuevo paradigma económico, que coloque en el centro políticas de desarrollo productivo y avances sustantivos en ciencia, tecnología e innovación, junto a una política exterior que asegure la protección de nuestros recursos naturales e independencia ante la nueva geopolítica mundial.


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El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz cree posible que el país crezca y genere mayores empleos mediante la reducción de impuestos a las grandes empresas y a las personas más ricas. 

Sin embargo, destacados especialistas niegan esta correlación, como David Hope y Julián Limberg, académicos de la London School of Economics; también, más recientemente, un equipo de investigadores estadounidenses de la Universidad de Michigan, en un estudio que reproduce en español la revista Ecociencias.

Esto no significa que la baja de impuestos no tenga importancia, pero su incidencia específica en favor del crecimiento del PIB es menos clara y poderosa de lo que comúnmente se afirma, como sostienen los especialistas mencionados.

Pero, sobre todo, la propuesta de Quiroz resulta discutible para una economía como la chilena, fundada en focos productivos extractivistas. Su escasa diversificación productiva y limitada sofisticación tecnológica dificultan aún más la correlación positiva que se busca entre la baja de impuestos y el crecimiento y sobre todo en la creación de empleos. Por ello resulta sorprendente que la discusión nacional y parlamentaria haya eludido los temas estructurales de la propuesta económica del actual gobierno y se concentrara exclusivamente en el ámbito macroeconómico. 

Reducir impuestos, olvidando la productividad no generará mayor crecimiento. Atraer mayores inversiones es bueno, pero siempre que sirvan para producir más y mejor empleo, generando mayor valor agregado, diversificando las actividades productivas y con inversiones que se desplieguen en todo el territorio nacional. Solo así se podrá generar más y mejor empleo. Nada de esto se encuentra garantizado en la propuesta de Quiroz.

Hay que recordar que el bajo crecimiento económico y de la productividad arrastra largos años en el país y trasciende gobiernos de signos políticos distintos. Y el asunto es estructural y no macroeconómico. En efecto, la creciente baja ley en el cobre exige nuevas tecnologías; el agotamiento de los recursos pesqueros obliga a regular la sobreexplotación y controlar las técnicas de arrastre; la superficie de plantaciones forestales se encuentra frenada por el desarrollo de proyectos inmobiliarios; incendios de magnitud en los últimos años e impactos del cambio climático; y la agricultura tiene dura competencia con países que han introducido digitalización y robotización a sus procesos productivos .

Es decir, los focos productivos extractivistas presentan serias limitaciones estructurales.

Por otra parte, las nuevas fuentes productivas naturales, como el litio y el hidrógeno verde, abren oportunidades para el crecimiento económico y el empleo, pero siempre que se potencien como industrias de transformación y no solo como recursos naturales para la exportación.

En consecuencia, la baja de impuestos tendrá un efecto marginal sin una política pública clara que atienda las limitaciones estructurales del cobre, la madera, la pesca y la agricultura.

En el caso del litio y el hidrógeno verde, la baja de tasas impositivas podrá generar crecimiento y mayor empleo siempre que la sal de litio se convierta en baterías y en otros productos que le agreguen valor; mientras el hidrogeno verde podrá generar buen empleo convertido en pilas de combustible para vehículos eléctricos o en la recuperación de la industria del acero, entre otras actividades de transformación.  

Así las cosas, la disminución de las tasas impositivas a las grandes corporaciones y a los más ricos no garantiza mayor crecimiento y empleo, junto con cercenar recursos para apoyar el mejoramiento de la productividad y la educación.  

En realidad, lo que corresponde es apuntar a la transformación de los activos naturales tradicionales y a los de reciente incorporación e incluso a los potencialmente existentes, como las tierras raras. Y para que esos recursos naturales aseguren mayor crecimiento y empleo deben convertirse en industrias de transformación. 

Por ello, ha sido insuficiente la discusión sobre los impuestos y la macroeconomía, y debiera llevarse al ámbito productivo.  

En consecuencia, para garantizar mayor crecimiento y empleo el Estado debe estimular a los inversionistas más allá de los focos productivos extractivistas, para favorecer su instalación en nuevos sectores de actividad, agregadores de valor.

Además, simultáneamente, el Estado deberá aumentar el gasto en Inversión y desarrollo (I+D) y estimular al sector privado en esa misma tarea, de manera tal que el país pueda elevar la cifra modesta de I+D desde 0,38% del PIB hasta alcanzar la media de la OCDE de 2,5%, en un plazo breve. 

Ninguna de estas ideas ha sido señalada en la propuesta económica del ministro y tampoco fueron esgrimidas por parlamentarios y economistas opositores al gobierno. 

Por otra parte, hay que tener presente, que el mismo desafiante contexto internacional que vivimos obliga a nuevas políticas productivas, que trascienden largamente el asunto impositivo.

En primer lugar, está el aumento de las barreras arancelarias, iniciadas por el presidente Trump, que inicia un preocupante proteccionismo internacional. En segundo lugar, se encuentra la creciente presión de Europa y EE.UU., interesada en capturar las materias primas y tierras raras existentes en nuestro país. Y, finalmente, está el desafío de la inteligencia artificial y la digitalización que están cambiando los paradigmas productivos, lo que afectará seriamente nuestro mercado laboral.

En consecuencia, es indiscutible que nuestro país necesita aumentar la inversión. Pero, la disminución de los impuestos a las grandes empresas no asegura ese propósito. Se necesita un nuevo paradigma económico, que coloque en el centro políticas de desarrollo productivo y avances sustantivos en ciencia, tecnología e innovación, junto a una política exterior que asegure la protección de nuestros recursos naturales y de independencia ante la nueva y agresiva geopolítica mundial. 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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