Opinión
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Corea y Chile: de la cooperación a la asociación
Desde Corea, quienes apreciamos especialmente a Chile esperamos que esta visita sea un espaldarazo a una relación en la que ciudadanos y las futuras generaciones de ambos países aprendan, creen y puedan seguir creciendo juntos.
El presidente de la República de Corea, Lee Jae-myung, realizará una visita oficial a Chile del 29 al 30 de julio, para una cumbre bilateral con el presidente Kast y una mesa redonda empresarial Corea-Chile.
Antes de esta gira, declaró que la relación entre Corea y Sudamérica está entrando en una nueva etapa, que debe crear valor conjunto a través de la innovación, la inversión, la tecnología y el talento, y no limitarse al intercambio de recursos y productos manufacturados.
La agenda de esta visita es amplia —TLC, inversión, minerales, energías limpias, investigación polar—, pero su significado no se agota en sumar temas: la pregunta relevante es ¿Pueden ambos países acumular juntos tecnología, talento, creatividad y confianza social, más allá de intercambiar recursos y bienes?
Chile fue el primer país sudamericano en reconocer a Corea, en 1949, y el primero con el que Corea firmó un TLC, vigente desde 2004; en 2022 elevaron su relación a una asociación estratégica. Ese acuerdo, sin embargo, difícilmente refleja hoy el comercio digital, la estabilidad de las cadenas de suministro, los estándares laborales y otras normas ya centrales para la vida de los ciudadanos.
Por ello, la modernización del TLC bilateral no debe limitarse a ajustar aranceles, sino a rediseñar la relación en una dirección más justa, inclusiva y sostenible. Y sus resultados tampoco deben medirse solo por el volumen del comercio, sino por la tecnología y el talento que se acumulan, las oportunidades para las comunidades locales, y la confianza mutua.
Chile tiene competitividad mundial en energía solar y minerales estratégicos como el cobre y el litio; Corea, en baterías, vehículos eléctricos, electrónica y manufactura de precisión, entre otras industrias. En un contexto de proteccionismo y tensiones geopolíticas, combinar fortalezas —en vez de competir— puede generar más valor y cadenas de suministro resilientes, basadas en normas claras y confianza mutua.
Las empresas coreanas pueden cooperar con Chile en refinamiento de minerales, reciclaje de baterías, producción de energías limpias y automatización minera. Sumando investigación conjunta, formación de especialistas y participación de pymes chilenas en la cadena de suministro, la cooperación puede evolucionar hacia la acumulación conjunta de capacidad industrial.
Lo importante no es que Chile establezca todos los procesos de manufactura en su territorio, sino identificar juntos las etapas de la cadena de valor donde tenga ventaja comparativa y lograr que sus empresas y técnicos participen efectivamente.
Cuanto más se acumulen en Chile tecnología, talento y empleos de calidad, más estable será también la cadena de suministro para Corea: una relación en la que ambos combinan fortalezas para crear juntos, no una en la que uno suministra recursos y el otro produce bienes terminados.
Como es sabido, Corea logró industrializarse en un período relativamente corto invirtiendo en educación y capital humano, una experiencia que ha despertado interés en numerosos países. Pero presentarla como una respuesta aplicable a todos, o como un modelo transferible tal cual, exige prudencia: ese mismo proceso dejó lecciones sobre desigualdad, brechas regionales, los efectos ambientales y los conflictos sociales. Por eso, el activo más valioso que Corea puede compartir con Chile no son solo los resultados del éxito, sino también los límites de sus decisiones políticas.
Ahora bien, construir capacidades conjuntas no concierne únicamente a la industria. En Chile, el K-pop y la industria audiovisual coreana ya no son foráneos: los jóvenes los han reinterpretado a su manera, creando comunidades donde aspectos de la cultura de Corea se combinan con la sensibilidad social chilena. El siguiente paso es dejar de ver a los chilenos como meros consumidores y reconocerlos como co-creadores, sobre todo porque hay una base institucional para ello: un acuerdo cultural (1983) y un memorando de cooperación cinematográfica (2025) que contempla proyectos conjuntos, con la posibilidad de futuros acuerdos de coproducción.
Chile dio al mundo a Mistral y Neruda; Corea, al Nobel de Literatura Han Kang en 2024. Al reflexionar sobre la memoria y la dignidad humana, nuestras distintas historias tienen un gran potencial de identificarse mutuamente.
Mediante la coproducción cinematográfica, la traducción literaria, las residencias de artistas y el intercambio de jóvenes creadores, ambos países podrían construir juntos nuevas historias que conecten Asia y América Latina —no para exportar más contenidos, sino para crear en conjunto y abrir oportunidades a sus jóvenes en el escenario internacional.
El presidente Lee ha subrayado que Corea y Sudamérica deben construir una relación profunda que vaya más allá del éxito económico, también en el intercambio social y entre futuras generaciones —un objetivo que se aplica igualmente a Corea y Chile. Los resultados de la cooperación no pueden evaluarse solo por el comercio o el número de memorandos: en la industria, importa qué tecnología y base industrial se acumulan en Chile; en la cultura, cuánto crean juntos los creadores de ambos países; en educación, cuán constante es el intercambio entre jóvenes y científicos.
Corea y Chile pueden conectar no solo sobre recursos y tecnología, sino también en su humanidad, creatividad y apertura al mundo, conectando sus fortalezas para crear juntos. Vale la pena seguir de cerca qué avances logra la negociación del TLC durante esta visita, y si el memorando cinematográfico de 2025 se traduce en proyectos concretos de coproducción.
Desde Corea, quienes apreciamos especialmente a Chile esperamos que esta visita sea un espaldarazo a una relación en la que ciudadanos y las futuras generaciones de ambos países aprendan, creen y puedan seguir creciendo juntos.
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