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Humedales: Nuestro seguro de vida ante el Cambio Climático
Un año después del reconocimiento de Ramsar como la primera Ciudad Humedal de América Latina y el Caribe, la ciudad que quisieron acusar de frenar el progreso es una de las que mejor resistió a la peor lluvia en años.
Hace algunos meses, el Ministro de Vivienda, Iván Poduje, llegó a Valdivia a decir que nuestra condición de Ciudad Humedal era un obstáculo para las familias sin casa. Calificó la ley de “una locura”. Días después, en Coyhaique, el presidente Kast fue más lejos y bromeó con que el campo de su padre también podría ser humedal, “porque es todo húmedo”.
Para nuestros vecinos, esto es un asunto serio. Les respondimos con datos: Valdivia tiene alrededor de 140 hectáreas disponibles, aptas y no inundables, para construir la vivienda que las familias necesitan. Las familias que habitan viviendas sociales tienen derecho a estar en buenos suelos y no en zonas de riesgo de inundaciones. Los humedales que protegemos no son un capricho: son infraestructura verde que regula crecidas y evita el colapso urbano en eventos extremos.
Pero no se trataba de ganarle un debate a un gobierno de turno. Se trataba de proteger a nuestra ciudad.
El 7 y 8 de julio, un río atmosférico dejó más de 170 milímetros de agua en 24 horas sobre Valdivia, con estaciones periféricas sobre 210 milímetros. Los sectores que se anegaron fueron, sistemáticamente, aquellos donde nunca hubo una buena articulación entre desarrollo urbano y naturaleza. Los que conservaron sus humedales resistieron.
Pese al récord histórico de lluvia y a la afectación de alrededor de 80 viviendas, la ciudad siguió operando gracias también al despliegue de más de 100 funcionarios municipales, en articulación con bomberos, fuerzas de seguridad y orden, y vialidad en los puntos críticos. La misma realidad impuso lo razonable: proteger los humedales es seguridad, no un capricho ambiental.
Esto no es una intuición: es una política con respaldo técnico. Valdivia cuenta con cinco humedales urbanos formalmente declarados bajo la Ley N°21.202 —Isla Teja, Bosque-Miraflores-Las Mulatas-Guacamayo, Krahmer, Catrico y Angachilla-Estero Catrico—, que suman más de 900 hectáreas delimitadas con hidrología y vegetación hidrófita, análisis satelital y trabajo en terreno. A ellos se agregan cuatro Santuarios de la Naturaleza, entre ellos Río Cruces y Chorocamayo, primer sitio Ramsar de Chile desde 1981.
Hace un año, la Convención Ramsar reconoció a Valdivia como la primera Ciudad Humedal de América Latina y el Caribe. Esa condición no es un adorno simbólico o algo de poca importancia: es la base sobre la que construimos vivienda, desarrollo económico y resiliencia frente al clima.
Y hay algo aún más de fondo. Durante años pensamos el cambio climático como el problema que dejaríamos a nuestros hijos. Pero el futuro que temíamos ya llegó: es el que provocó remociones y evacuaciones en el sector costero de nuestra región, el que ha dejado estragos terribles en las regiones del centro y norte del país con zonas de catástrofe, y el mismo que en junio de este año dejó miles de muertes por calor extremo en Europa.
Gestionar ese riesgo hoy, con infraestructura verde y azul —humedales, parques inundables, drenaje sostenible— es una urgencia de primer orden y en términos de eficiencia económica para el Estado, es más barato que reconstruir después de un desastre. Esa es la lógica de Ciudad Humedal que Valdivia defiende e impulsa.
Tampoco es una apuesta solo ambiental: es urbana y es económica. Un desarrollo no planificado agrava la segregación y concentra el impacto ambiental en quienes menos tienen; por eso insistimos en que el barrio, y no solo la periferia, debe ser la unidad de la planificación, y que los proyectos de viviendas sociales deben ser construidos en buen suelo y no en terrenos baratos y expuestos a los riesgos de inundaciones y humedad. Y en lo económico, nuestra ciudad arrastra por décadas, como muchas zonas del sur del país, una dificultad real para consolidar un desarrollo dinámico, generar empleo y tener inversión.
La sostenibilidad no es la traba de ese proceso, es su activo diferenciador: el turismo de intereses especiales, la industria de bebestibles (como la cerveza y la sidra), la actividad fluvial y de astilleros y la industria creativa dependen, todas, de la misma calidad ambiental que protegemos, y se retroalimentan entre sí.
Valdivia no eligió los humedales por privilegio, sino porque tras décadas de búsqueda de un modelo de desarrollo robusto entendió que es su activo más valioso. Un año después del reconocimiento de Ramsar como la primera Ciudad Humedal de América Latina y el Caribe, la ciudad que quisieron acusar de frenar el progreso es una de las que mejor resistió a la peor lluvia en años.
Esta semana lo abordaremos en el seminario internacional “Valdivia: Ciudad Humedal”, con otras ciudades del mundo que enfrentan los mismos dilemas sobre el desarrollo. Y aquí respondemos sin ambigüedad: no hay atajo de desarrollo que no pase por cuidar lo que nos sostiene. Al Gobierno le tomó una temporada de burlas entenderlo. A Valdivia le bastó una lluvia para demostrarlo, y seguirá demostrándolo cada día.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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