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Una amenaza latente: Piscicultura en río San Pedro-Calle Calle Opinión Foto de Pablo Lloncón

Una amenaza latente: Piscicultura en río San Pedro-Calle Calle

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Nicole Colin
Por : Nicole Colin Ecóloga de ríos Académica Universidad Austral de Chile
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Actualmente, tanto la ciudadanía, representada por organizaciones de la sociedad civil, comunidades mapuche, parlamentarios y autoridades locales y regionales, han sido explícitos en la necesidad de propiciar el desarrollo sostenible en la región de los Ríos.


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El río San Pedro-Calle Calle, localizado en la Región de los Ríos, emblemático a nivel nacional por su interés turístico y su belleza paisajística, posee un destacado valor ecológico debido a su biodiversidad y funciones ecosistémicas.

Este río es reconocido por ser hábitat del huillín (Lontra provocax), así como albergar la mayor diversidad de peces nativos en el país, con quince especies estrictas de agua dulce identificadas en su cauce, incluyendo endemismos, microendemismos (pocha, Cheirodon kiliani) y especies en peligro de extinción, como el tollo de agua dulce (Diplomystes camposensis), la carmelita común (Percilia gillissi), así como varias especies en Estado de Conservación Vulnerable.

Además de su riqueza biológica, el río San Pedro-Calle Calle cumple funciones esenciales como corredor biológico, conectando ecosistemas desde la cordillera hasta el mar, y proporcionando servicios ecosistémicos vitales, como la provisión de agua potable para las comunas de Los Lagos y Valdivia, y la regulación de caudales que mitigan riesgos de inundaciones, entre otros.

Dado este gran valor ecológico y social, es que se ha declarado sitio prioritario de conservación por el Ministerio de Medio Ambiente. A su vez, diferentes entidades ambientales, ciudadanas y científicas de la Región están impulsando su protección a través de la declaración de Reserva Nacional, la cual se encuentra en proceso, como también la factibilidad de protección mediante las herramientas que dispone el código de aguas para la protección ecosistémica y el desarrollo de turismo sustentable.

Desafortunadamente, hoy se ve enfrentado a la instalación de proyectos de piscicultura que podrían amenazar su integridad ecológica.

Ha sido ampliamente documentado que la industria acuícola en Chile genera un impacto negativo en los ecosistemas de agua dulce, así como en los usos y valores de las comunidades que habitan en el territorio afectado. La acuicultura de agua dulce en Chile, especialmente en ríos y lagos, se centra en la producción de especies de peces no nativas, específicamente salmónidos como la trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss), y especies que requieren que su fase de reproducción y crecimiento sea en agua dulce, como el salmón del Atlántico (Salmo salar), y el salmón Chinook (Oncorhynchus tshawitscha). Esto obliga a esta industria a instalar plantas de producción en ríos y lagos para cubrir la primera fase de crecimiento y ciclo de vida de estos peces.

Foto de Nicole Colin

A la fecha, de acuerdo a los datos del Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca), son alrededor de 140 los centros acuícolas activos en sitios de agua dulce, concentrados principalmente en las regiones de la Araucanía (36), Los Ríos (28) y Los Lagos (68). En la región de Los Ríos, se encuentran funcionando tanto en la cuenca del río Valdivia, como en la del río Bueno, con notables signos de deterioro en la calidad del agua y ecosistemas donde se encuentran operando.

Entre los principales efectos está el aumento de la materia orgánica, lo que produce incremento en la proliferación de hongos y algas, algunas de ellas tóxicas como las cianobacterias.

Este efecto se ha evidenciado en el Lago Villarrica, ecosistema que ha sido declarado Zona de Saturación por los niveles de contaminación que posee, y que ha derivado en impacto económico, dado la afectación al turismo local. Otro efecto negativo es el incremento en la abundancia de las especies salmónidas introducidas debido a escapes, generando una disminución de las especies nativas por depredación y competencia por alimento.

Por último, el foco de contaminación genera una barrera para el libre movimiento de las especies en el río, perdiendo su función de corredor biológico, como también la función de proveer agua para las personas.

Este escenario esta ad portas de replicarse en ecosistemas de la Región de Los Ríos, como el Río San Pedro-Calle Calle, dado que existen varias Resoluciones de calificación ambiental (RCA) de pisciculturas aprobadas.

Recientemente, se ha declarado a Valdivia como la primera Ciudad Humedal Ramsar en Latinoamérica, un título que posiciona a la ciudad y la Región de los Ríos como un polo de protección ambiental y desarrollo turístico. Sin embargo, la escasa planificación a nivel de cuenca podría mermar el valor ecológico de nuestro principal humedal, el río San Pedro-Calle Calle.

Todas las actividades humanas que alteran el río aguas arriba tienen serias repercusiones aguas abajo. La instalación de la industria acuícola en el río, podría ser una grave amenaza al río San Pedro-Calle Calle y también a la ciudad humedal, de la cual nos sentimos tan orgullosas y orgullosos.

Por otro lado, el efecto de la megasequía y el cambio climático han generado una reducción en el caudal del río San Pedro-Calle Calle, como también el incremento de un 200% en el grado de amenaza de algunas especies, algo grave considerando que más del doble de las especies de peces de este rio se encuentran en categoría de “En Peligro” o “Vulnerable”. A ello, se suma la evolución del turismo basado en el río San Pedro-Calle Calle en las últimas dos décadas, que se ha transformado en una importante actividad económica territorial; y nuevos asentamientos humanos que incluyen comunidades mapuche.

Estos antecedentes socioambientales actuales deben, sin lugar a duda, ser considerados en la Evaluación de Impacto Ambiental (EIA), permitiendo una evaluación exhaustiva de la pertinencia de instalación en el territorio, como también, propiciar una mayor regulación en el caso de instalación de proyectos acuícolas, incluyendo medidas de mitigación, fiscalización y biomonitoreo ambiental.

Si bien tenemos una Norma Secundaria de Calidad Ambiental aprobada para la cuenca del río Valdivia, la cual permite establecer límites de contaminación, solo considerará la medición de ciertos parámetros (un total de 15), donde contaminantes como antibióticos y detergentes, entre otros, no están considerados, como tampoco los indicadores biológicos que permiten detectar daño en el ecosistema. Para su protección, se debería velar por la planificación a nivel de cuenca respetando las particularidades que hacen que el territorio sea considerado sitio prioritario de conservación.

Actualmente, tanto la ciudadanía, representada por organizaciones de la sociedad civil, comunidades mapuche, parlamentarios y autoridades locales y regionales, han sido explícitos en la necesidad de propiciar el desarrollo sostenible en la región de los Ríos.

La reflexión que debemos hacer es la siguiente: ¿Podemos permitir que el desarrollo no sostenible continúe amenazando la biodiversidad, el equilibrio del ecosistema y nuestro propio bienestar?

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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