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Adaptabilidad sin precarización: el dilema pendiente del turismo chileno Opinión Crédito foto: Magnific.es

Adaptabilidad sin precarización: el dilema pendiente del turismo chileno

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Verónica Pardo Lagos
Por : Verónica Pardo Lagos Exsubsecretaria de Turismo.
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No se trata de elegir entre la supervivencia de las pymes y los derechos de los trabajadores. Se trata de entender que la marca país no se sostiene solo con paisajes, sino con la dignidad, seguridad y profesionalización de quienes sostienen el turismo en el territorio.


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El debate sobre la adaptabilidad laboral en el turismo no puede ignorar la arquitectura real de esta industria: un sector atomizado donde el 98% son mipymes, caracterizado por una baja o nula sindicalización, distribuido en las 16 regiones del país y con formatos de trabajo que —en alta temporada— nada tienen que ver con los de las oficinas tradicionales.

En este contexto, los gremios vuelven a pedir una condición especial para distribuir de diferente manera las horas máximas de trabajo. Esta adecuación responde a una necesidad objetiva de adaptabilidad operativa para responder con jornadas intensas en periodos de alta demanda. A fin de cuentas, esta es una industria que trabaja cuando el resto descansa. Por ello, adaptar la jornada a la estacionalidad no es solo un capricho de contar con mejores experiencias, sino una realidad operativa que exige reglas claras y justas.

Sin embargo, frente a esta necesidad de gestión de horas, el límite debe ser tajante: la flexibilidad no puede ser sinónimo de precarización. Para que una industria crezca de forma sostenible, la estabilidad, el cuidado y la dignificación de sus trabajadores deben ser la primera prioridad. La verdadera adaptabilidad es la que formaliza y profesionaliza, no la que traslada el riesgo del negocio a las espaldas de los trabajadores.

Lecciones internacionales: de España a Oceanía

Al observar a referentes globales del turismo de naturaleza y aventura como Nueva Zelanda o Australia, queda claro que su posicionamiento no es casualidad. Entendieron a tiempo que la excelencia de la experiencia turística depende directamente del nivel de calificación, certificación y resguardo laboral de sus guías e instructores. Por otro lado, la experiencia de España demuestra que es posible articular marcos regulatorios para el empleo estacional que protejan la continuidad de los ingresos y los derechos laborales sin asfixiar la operatividad de las pymes.

Chile posee la geografía, el reconocimiento internacional y la vocación de ser un país turístico de primer nivel, posicionándose a la cabeza de la región en la cantidad de turistas recibidos por cantidad de habitantes. Con estas cifras y este prestigio, lo que nos falta es seguir alineando nuestras reglas del juego con los estándares internacionales.

Seguridad y fatiga laboral: el corazón de la reforma

En paralelo a la discusión de la Ley de 40 Horas, avanza el debate para reformar la Ley de Turismo Aventura. La conjugación de ambos proyectos exige poner al centro un factor crítico que suele invisibilizarse: el bienestar físico y mental de los guías e instructores.

En el turismo de naturaleza, la línea entre una experiencia inolvidable y una tragedia es extremadamente delgada. Por ello, la regulación no solo debe elevar exigencias técnicas, sino también integrar la fiscalización de la fatiga laboral como una dimensión central de la prevención y la calidad. Un guía sometido a jornadas extenuantes pierde capacidad de reacción y criterio de decisión, transformando la sobrecarga en un riesgo objetivo para todo el grupo. Abordar la fatiga implica garantizar descansos efectivos y diseñar protocolos de prevención obligatorios.

Una oportunidad histórica

El turismo chileno se encuentra en un punto de inflexión. La inclusión de manera conjunta de la adaptabilidad laboral considerando la estacionalidad —sin precarización y con la voz de los propios trabajadores— junto a una Ley de Turismo Aventura enfocada en la seguridad, representa una oportunidad histórica.

No se trata de elegir entre la supervivencia de las pymes y los derechos de los trabajadores. Se trata de entender que la marca país no se sostiene solo con paisajes, sino con la dignidad, seguridad y profesionalización de quienes sostienen el turismo en el territorio.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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