Opinión
Economía del bienestar: un nuevo motor de crecimiento
Por eso, las empresas tienen la oportunidad de asumir un papel protagónico en una transformación que apenas comienza.
La salud ya no ocupa un lugar secundario en nuestras vidas ni aparece únicamente cuando surge un problema. Hoy está presente en las decisiones que tomamos cada día: desde lo que comemos y cómo descansamos, hasta la manera en que buscamos mejorar nuestra calidad de vida.
La investigación global Voice of the Consumer 2026 de PwC, realizada entre más de 21.000 consumidores de 27 países, confirma esta tendencia: la salud se ha convertido en una prioridad permanente y profundamente personalizada.
Nutrición, sueño, manejo del estrés, control del peso, rendimiento físico y longevidad son factores que cada vez más personas integran a su rutina, transformando hábitos cotidianos en elecciones deliberadas de bienestar.
El potencial económico asociado al bienestar es tan relevante como su impacto en los hábitos de consumo. En 2024, la economía global del bienestar alcanzó los US$ 6,8 billones, equivalente a cerca de uno de cada ocho dólares gastados por los consumidores a nivel mundial. De acuerdo con el Global Wellness Institute, esta cifra podría escalar hasta los US$ 9,8 billones en 2029. Estamos, por tanto, ante una transformación de fondo que está modificando la forma en que las personas toman decisiones sobre su salud y calidad de vida.
El efecto ya se deja sentir en numerosos sectores. Desde alimentos y retail hasta cuidado personal, salud, tecnología y farmacéutica, por tanto, las empresas tienen ante sí la oportunidad de acompañar a consumidores que buscan propuestas más integrales, adaptadas a sus necesidades y orientadas a mejorar su bienestar de manera sostenible.
En Chile, esta tendencia adquiere una relevancia especial. El envejecimiento de la población, el aumento de las enfermedades crónicas y una creciente preocupación por la calidad de vida están llevando a las personas a asumir un rol más activo en el cuidado de su salud. A mi juicio, esta puede convertirse en una de las oportunidades de crecimiento más relevantes para las empresas chilenas en la próxima década, precisamente porque conecta cambios demográficos, nuevas expectativas de consumo y avances tecnológicos.
Sin embargo, estamos ante algo más profundo que una nueva tendencia de mercado. Se trata de un cambio cultural que está redefiniendo las expectativas de las personas y la forma en que las empresas construyen valor.
En este contexto, el bienestar se perfila como uno de los principales motores de crecimiento e innovación para las empresas chilenas en la próxima década, al convertirse en un elemento cada vez más determinante en las decisiones de consumo y en la creación de vínculos de largo plazo con los clientes.
La tecnología se ha convertido en un habilitador clave de esta transformación. Aplicaciones móviles, dispositivos conectados, inteligencia artificial y diagnósticos personalizados están cambiando la forma en que las personas monitorean y gestionan su bienestar. Sin embargo, en medio de esta creciente digitalización, los profesionales de la salud siguen siendo una de las fuentes de confianza más relevantes al momento de tomar decisiones.
Por eso, las empresas tienen la oportunidad de asumir un papel protagónico en una transformación que apenas comienza. Más que adaptar productos o servicios, el desafío es repensar la forma en que generan valor, incorporando el bienestar como un eje central de su estrategia. La economía del bienestar ya no es una tendencia emergente se está consolidando como una fuerza que redefinirá la próxima década.
Para las empresas chilenas, la pregunta ya no es si participar es esta transformación, sino cómo liderarla.
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