Opinión
Rimpac 2026 (imagen: Armada de Chile)
Los 30 años de la Armada de Chile en Rimpac
Existen capacidades cuyo valor resulta difícil de cuantificar. El prestigio internacional es una de ellas. Se construye lentamente, mediante años de trabajo consistente, y adquiere verdadero significado cuando son otros quienes lo reconocen.
Mientras los últimos buques abandonan Hawái tras la conclusión de Rimpac 2026, en Chile pasó prácticamente inadvertido un aniversario que dice mucho sobre la posición internacional que el país ha construido durante las últimas décadas. Es que este año se cumplieron tres décadas desde que nuestra Armada fue invitada por primera vez a participar en el principal ejercicio naval multinacional del mundo. Esa presencia no solo se ha mantenido de manera ininterrumpida, sino que ha evolucionado hasta situar a la Armada de Chile en posiciones de conducción dentro de una de las organizaciones militares multinacionales más exigentes del planeta.
Organizado cada dos años por la Armada de Estados Unidos desde 1971, Rimpac (Rim of the Pacific Exercise) reúne frente a las costas de Hawái a las principales marinas del Pacífico y a un número creciente de países invitados.
Este año, este ejercicio naval se desarrolló entre el 24 de junio y el 31 de julio, y participaron alrededor de 30.000 efectivos, más de 30 buques de superficie, 5 submarinos, más de 200 aeronaves y fuerzas de 30 países. En ese contexto, la Armada de Chile desplegó como unidad naval principal a la “Almirante Cochrane”, una fragata Tipo 23 (clase Duke) especializada en guerra antisubmarina.
El propósito es entrenar operaciones navales de alta complejidad, desarrollar procedimientos comunes y fortalecer la interoperabilidad entre fuerzas de distintos países. En la práctica, constituye el mayor ejercicio naval multinacional del mundo y uno de los principales espacios donde las armadas evalúan su capacidad para operar conjuntamente frente a escenarios de creciente complejidad estratégica.
Chile se incorporó a Rimpac en 1996 con la fragata “Almirante Lynch” y el submarino “Simpson”. Aquella participación coincidió con una etapa de expansión del ejercicio tras el término de la Guerra Fría y representó una oportunidad para que la Armada de Chile entrenara junto a algunas de las fuerzas navales más avanzadas del mundo.
Desde entonces, Chile ha participado en todas las versiones de Rimpac. Y esa continuidad ha ido acompañada de un reconocimiento creciente por parte de las demás marinas participantes. Basta mencionar que en 2018 la Armada de Chile se convirtió en la primera institución naval de un país no angloparlante en asumir el mando del componente marítimo del ejercicio. Y en la edición recién concluida, el comodoro Andrés Howard desempeñó el cargo de Segundo Comandante de la Fuerza de Tarea Combinada, una de las responsabilidades de mayor jerarquía dentro de la organización del ejercicio.
Estos antecedentes permiten comprender que la presencia chilena en Rimpac trasciende la participación periódica en un entrenamiento multinacional y refleja un prestigio profesional construido durante décadas, reconocido por quienes integran una de las instancias de cooperación naval más exigentes del mundo.
En el ámbito militar, la confianza constituye un activo estratégico. Ninguna marina entrega responsabilidades de conducción por razones protocolares ni como gesto de buena voluntad. Esas funciones recaen en instituciones y oficiales que han demostrado, durante años, capacidad profesional, liderazgo, disciplina e interoperabilidad. En otras palabras, son el resultado de un reconocimiento construido sobre la experiencia y el desempeño.
La interoperabilidad suele asociarse a la compatibilidad entre sistemas tecnológicos, pero su dimensión más importante es humana. Esto, porque supone que oficiales y tripulaciones formados en instituciones diferentes sean capaces de planificar, decidir y ejecutar operaciones bajo procedimientos comunes y con niveles equivalentes de preparación. Esa capacidad no se improvisa, porque requiere entrenamiento sostenido, intercambio de experiencias y una cultura institucional orientada a la excelencia.
La trayectoria de Chile en Rimpac también refleja un proceso más amplio de inserción internacional. Durante las últimas décadas, el país ha consolidado su condición de nación del Pacífico mediante una política exterior que combina apertura económica, participación en APEC, una extensa red de acuerdos comerciales con Asia y un creciente interés por el Indo-Pacífico como uno de los principales centros de gravedad del sistema internacional.
Desde esa perspectiva, la participación en Rimpac trasciende el ámbito estrictamente militar, dado que expresa la decisión de mantener una Armada preparada para operar junto a las principales marinas del mundo. Y, al mismo tiempo, proyecta la imagen de un país serio, confiable y capaz de asumir responsabilidades en un entorno internacional cada vez más exigente.
Esa realidad adquiere una relevancia aún mayor en un escenario marcado por la creciente competencia estratégica entre Estados Unidos y China. Sobre todo, porque el Indo-Pacífico concentra hoy buena parte de las tensiones que influirán en la evolución del sistema internacional durante las próximas décadas. Y para un país con más de cuatro mil kilómetros de costa continental, territorios insulares proyectados hacia el Pacífico y una economía estrechamente vinculada al comercio marítimo, comprender esa transformación no constituye un ejercicio académico, sino una necesidad estratégica.
Con frecuencia, el debate sobre defensa se concentra en la incorporación de nuevas plataformas o sistemas de armas. Sin embargo, existen capacidades cuyo valor resulta más difícil de cuantificar. El prestigio internacional es una de ellas. Se construye lentamente, mediante años de trabajo consistente, y adquiere verdadero significado cuando son otros quienes lo reconocen.
Los 30 años de Chile en Rimpac representan precisamente eso. No constituyen un reconocimiento que el país se atribuya a sí mismo, sino uno conferido por las marinas con las que ha compartido entrenamiento, planificación y operaciones durante tres décadas. Ese reconocimiento pertenece, en primer lugar, a la Armada de Chile, pero al mismo tiempo constituye un activo estratégico del país.
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