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El propósito, la brújula que la IA no puede reemplazar Opinión Imagen referencial

El propósito, la brújula que la IA no puede reemplazar

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Susana Sierra
Por : Susana Sierra Ingeniera comercial. Socia y CEO de BH Compliance
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La IA seguirá avanzando y trayendo incertidumbre. Nos seguirá desafiando, imponiendo urgencia y demandando rapidez para decidir. Por lo mismo, el criterio con el que tomemos esas decisiones será más importante que nunca. Ese criterio es el “cómo”, y ese “cómo” lo define el propósito.


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Pongámonos en el siguiente escenario. En una sala de directorio se debate si incorporar inteligencia artificial para automatizar procesos, reducir costos y responder a la presión competitiva. Las primeras preguntas aparecen de inmediato: ¿Cuánto podemos ahorrar? ¿Qué impacto tendrá en los resultados de este año? ¿Qué pasa si la competencia llega antes?

La presión es decidir rápido. El mercado no espera, la tecnología avanza y quedarse atrás puede ser una amenaza para el negocio.

Pero hay una pregunta que, precisamente por la urgencia del momento, debiera ser la primera sobre la mesa: ¿Es esta decisión coherente con el propósito de nuestra organización o solo resuelve el problema del hoy?

No es difícil entender por qué esa pregunta muchas veces queda relegada. En pocos años han debido adaptarse a una velocidad inédita. Nuevas tecnologías, cambios regulatorios, incertidumbre económica, ciberataques, exigencias crecientes de inversionistas, clientes y trabajadores. La agenda nunca parece dar tregua. Cuando un desafío comienza a resolverse, aparece otro.  

En el fondo, las empresas están haciendo lo que cualquiera haría frente a una avalancha de transformaciones: intentar mantenerse en pie mientras todo se mueve alrededor.

El riesgo es que, cuando toda la energía se destina a responder la urgencia, las decisiones comienzan a estar cada vez más guiadas por el corto plazo. Sin darnos cuenta, dejamos de preguntarnos no solo qué decisión es más conveniente, sino también cuál es la correcta en el largo plazo.

Según la “Encuesta trimestral de la National Association of Corporate Directors de Estados Unidos: segundo trimestre 2026”, hace poco más de un año solo el 27% de los directores tenía la IA entre sus prioridades. Hoy esa cifra alcanza el 65%. Así vemos cómo la IA pasó, en muy poco tiempo, a ocupar un lugar central en la agenda de los directorios. Precisamente por eso, hoy más que nunca, necesitamos recordar de qué hablamos cuando hablamos de propósito. 

El propósito no es una frase inspiradora en la web o colgada en un cuadro en la recepción de la empresa. Tampoco es una campaña institucional o un concepto pensado para sentirse bien. Es la expresión de lo que la organización no está dispuesta a transar, como los principios y valores que definen quién es, para qué existe y cómo crea valor. En otras palabras, es la brújula que orienta las decisiones, especialmente en un entorno incierto y cambiante como el que nos impone la IA y su acelerado avance.

Hace algunos años las empresas entendieron la necesidad de contar con un propósito claro. En 2019, más de 180 directores ejecutivos de destacadas compañías respaldaron una declaración de la Business Roundtable que redefinió el propósito corporativo más allá de generar valor para los accionistas, incorporando también la responsabilidad hacia los distintos grupos de interés, como trabajadores, clientes, proveedores y comunidades. 

En base a esto, muchas empresas trabajaron su propósito y fue parte esencial de la estrategia. Conceptos como sostenibilidad, ESG y creación de valor se instalaron con fuerza en la agenda.

Con el tiempo, esa conversación fue perdiendo protagonismo. No porque el propósito dejara de ser importante, sino porque la urgencia pasó a ocupar el centro de la agenda.

Hoy, el desafío es tener el propósito presente y volver a la bases. Volver a mirar esos principios y valores que nos definen y preguntarnos si siguen siendo el punto de partida de nuestras decisiones. Porque la tecnología puede cambiar, los mercados evolucionar y las estrategias adaptarse, pero aquello que está en el corazón de la organización no debería modificarse simplemente por la presión de la urgencia.

Solo así podremos generar confianza en un entorno donde la inteligencia artificial está transformando la forma de hacer negocios. Y esa confianza es el activo estratégico más importante de una empresa. Se construye con hechos y decisiones coherentes entre lo que dicen ser y lo que realmente hacen, no con palabras sin fondo ni decisiones apuradas.

La IA seguirá avanzando y trayendo incertidumbre. Nos seguirá desafiando, imponiendo urgencia y demandando rapidez para decidir. Por lo mismo, el criterio con el que tomemos esas decisiones será más importante que nunca. Ese criterio es el “cómo”, y ese “cómo” lo define el propósito. Ahí radica, finalmente, el verdadero liderazgo responsable.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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