Opinión
Reactivar el empleo femenino exige mirar la trayectoria completa
Reactivar el empleo femenino no consiste solamente en crear vacantes o reducir trámites. Significa construir condiciones para que las mujeres puedan ingresar, permanecer y desarrollarse en el mercado laboral con autonomía y protección.
La Mesa de Reactivación Laboral acierta al reconocer que no es posible aumentar la participación laboral femenina sin abordar las responsabilidades de cuidado. El diagnóstico es claro: un 33,6% de las mujeres fuera de la fuerza laboral señala el trabajo doméstico y de cuidado como su principal razón de inactividad, y el 93% de quienes no trabajan por cuidar hijos o personas dependientes son mujeres.
En este contexto, avanzar en sala cuna universal, ampliar la cobertura preescolar entre los dos y cuatro años y crear un sistema de cuidado extraescolar son medidas necesarias. Especialmente relevante es eliminar el costo diferenciado que históricamente ha afectado la contratación de mujeres y reconocer el derecho al cuidado tanto para madres como para padres.
Sin embargo, la propuesta sigue concentrándose principalmente en el cuidado infantil. Las trayectorias laborales de las mujeres también son interrumpidas por el cuidado de personas mayores, familiares enfermos o dependientes. La evidencia muestra que la maternidad y el cuidado no remunerado aumentan la probabilidad de desarrollar trayectorias laborales informales o de baja vinculación con el mercado laboral. Por ello, se requiere una política integral de cuidados que acompañe a las mujeres durante todo el curso de vida.
También es necesario incorporar con mayor fuerza la dimensión territorial. Una sala cuna, una capacitación o una vacante laboral pueden existir formalmente, pero seguir siendo inaccesibles por falta de transporte, inseguridad, distancia o ausencia de redes familiares. La propia Mesa reconoce que los beneficios deben ajustarse a las diferencias de costos y disponibilidad existentes entre comunas y regiones. Esta lógica territorial debería extenderse al conjunto de las políticas laborales.
Respecto de la formalización, simplificar trámites y desarrollar plataformas digitales puede reducir barreras, pero no resolverá por sí solo el problema. Para muchas mujeres, la informalidad no es una elección libre, sino una estrategia para compatibilizar ingresos, cuidado y crisis familiares. Las investigaciones sobre microemprendedoras muestran trayectorias marcadas por movimientos entre empleo formal, trabajo sin contrato y emprendimientos de subsistencia. Formalizar, entonces, debe significar una transición gradual con protección social, capacitación, asesoría tributaria, acceso a financiamiento y servicios de cuidado.
Es valiosa también la propuesta de integrar los sistemas de capacitación, certificación e intermediación laboral, verificando si las personas efectivamente encuentran empleo después de capacitarse. Pero el éxito no debería medirse únicamente por la contratación. También importa la permanencia, la calidad del empleo, los ingresos, la compatibilidad con los cuidados y las razones por las cuales una mujer vuelve a la informalidad o abandona el mercado laboral.
La Mesa ha abierto una conversación necesaria. El siguiente paso es comprender que reactivar el empleo femenino no consiste solamente en crear vacantes o reducir trámites. Significa construir condiciones para que las mujeres puedan ingresar, permanecer y desarrollarse en el mercado laboral con autonomía y protección, considerando sus trayectorias familiares, sus responsabilidades de cuidado y los territorios donde transcurre su vida.
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