Publicidad
Salirse de los No Alineados: un nuevo error estratégico de la política exterior de Chile Opinión AgenciaUno

Salirse de los No Alineados: un nuevo error estratégico de la política exterior de Chile

Publicidad
Mladen Yopo
Por : Mladen Yopo Doctor en Ciencia Política e investigador del Programa de Política Global - Universidad SEK-Chile
Ver Más

La participación de Chile en este espacio ha sido coherente con una política exterior de Estado y una tradición diplomática.


El Mostrador Fuente Preferida

La decisión del gobierno del presidente Kast de retirar a Chile del Movimiento de Países No Alineados, poniendo fin a 55 años de participación, ha abierto un intenso debate sobre el rumbo de la política exterior chilena.

Según se informó, la Cancillería ordenó la “salida completa e inmediata” de esta institución multilateral, y justificó la medida diciendo que el Movimiento fue creado en un contexto geopolítico propio de la Guerra Fría y que “no responde a los nuevos desafíos ni a la realidad internacional actual”, agregando que Chile continuará promoviendo el multilateralismo mediante otros organismos y foros internacionales. 

En relación a esto, hay que partir diciendo que la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China ha llevado a numerosos analistas a hablar de una “nueva Guerra Fría 2.0”, debido a la intensificación de la competencia estratégica, tecnológica, económica, militar e ideológica entre ambas potencias. 

Hoy ambas potencias compiten por el liderazgo global en ámbitos como la inteligencia artificial, los semiconductores, las cadenas de suministro, la influencia en organismos internacionales y el control de regiones estratégicas como el Indo-Pacífico. A pesar de que Washington y Pekín tienen una profunda interdependencia económica, amplios intercambios comerciales y participan en las mismas instituciones multilaterales, autores como Graham Allison, John J. Mearsheimer y Joseph S. Nye Jr. coinciden en que el sistema internacional atraviesa una etapa de intensa/tensionante competencia y rivalidad entre grandes potencias. Chile, quien tiene buenas relaciones con ambos, no debe alinearse. 

En segundo lugar y aunque Chile no era miembro pleno del movimiento, sino que participaba como Estado observador, esa condición le proporcionaba importantes beneficios diplomáticos, pero también económicos, culturales y de seguridad al mantener un canal privilegiado de diálogo con los 121 países que integran el Movimiento de los No Alineados.

Para una diplomacia con recursos limitados, el estar Chile en la segunda mayor agrupación internacional de Estados después de la ONU, le facilitó la interlocución con países de África, Asia, Medio Oriente y América Latina en función de coordinar posiciones antes de votaciones en la ONU en aras del interés nacional. Igualmente, la presencia en él, ayuda y/o facilita, a través del diálogo y la cooperación, la posibilidad de encontrar repuestas para enfrentar problemas transnacionales que ningún país puede resolver por sí solo, como el cambio climático, las pandemias, el crimen organizado, las migraciones, el terrorismo o los conflictos armados.

La participación en este movimiento, también contribuyó a la diversificación de la política exterior chilena (aspecto clave para un país secundario como el nuestro), evitando una dependencia exclusiva de las relaciones con EE.UU., Europa o Asia-Pacífico (China especialmente) y los vaivenes que ellas puedan presentar. Al mismo tiempo, fortalecía la cooperación Sur-Sur a través de intercambios técnicos en ámbitos como agricultura, salud, energía, educación y desarrollo científico, así como el intercambio cultural y económico.

La participación de Chile en este espacio ha sido coherente con una política exterior de Estado y una tradición diplomática que, especialmente durante el gobierno del presidente Allende y más tarde en los gobiernos democráticos post dictadura, comparte principios con numerosos países No Alineados como la defensa del derecho internacional, la autodeterminación de los pueblos, el desarme nuclear, la solución pacífica de las controversias, la cooperación Sur-Sur, la reforma del sistema internacional y el fortalecimiento del multilateralismo, entre otros. 

La decisión de abandonar este foro, entonces, reduce enormemente la presencia diplomática de Chile en regiones donde el país posee una red limitada de embajadas y disminuye un canal tradicional de diálogo con un amplio conjunto de Estados en desarrollo. Se pierde la posibilidad de coordinación política, intercambio de información y construcción de alianzas (flexibles) en materias relevantes y de seguridad como cambio climático, desarrollo sostenible, cooperación internacional, reforma de la ONU y desarme.

Si bien la relación de Chile con los No Alineados nunca significó una adhesión plena, sí reflejaba una política exterior orientada a preservar márgenes de autonomía y a mantener vínculos con el denominado Sur Global, en medio de una incertidumbre e inseguridad internacional creciente con las relaciones realistas (fuerza) de poder que ha establecido la política exterior del presidente Trump en este mundo inestable.

Desde una perspectiva de las relaciones internacionales en este mundo incierto y conflictuado, el debilitamiento o abandono de espacios multilaterales puede tener efectos que trascienden e impactan en la seguridad e intereses del país. Como sostienen Robert O. Keohane y Joseph S. Nye Jr., las instituciones internacionales reducen los costos de cooperación, generan confianza entre los Estados, facilitan el cumplimiento de acuerdos y contribuyen a la estabilidad del sistema internacional.

Para países medianos y pequeños como Chile, cuya capacidad de influencia depende en gran medida del derecho internacional y del multilateralismo, la reducción de su participación en estos foros puede disminuir las oportunidades para formar coaliciones (empoderarse), defender intereses nacionales y proyectar influencia diplomática.

En términos más amplios, el debilitamiento de las estructuras multilaterales tiende a dificultar la cooperación frente a problemas transnacionales (como el cambio climático, las pandemias, el crimen organizado, las migraciones o los conflictos armados) y favorece un escenario internacional donde adquieren mayor peso las relaciones de poder entre los Estados más fuertes (adquieren mayor peso las políticas de poder y las relaciones asimétricas). Ello puede traducirse en una menor capacidad de influencia para países de tamaño medio o secundarios, una creciente competencia geopolítica, una reducción de los mecanismos de cooperación técnica y una pérdida de legitimidad de las normas internacionales que sustentan el orden liberal/idealista multilateral.

Desde esta perspectiva, el debate sobre la salida del Movimiento de Países No Alineados trasciende la pertenencia a un foro específico o no y plantea una discusión de fondo sobre el modelo de inserción internacional que Chile desea proyectar en un contexto global cada vez más fragmentado y competitivo.

En esta lógica, los exministros de Relaciones Exteriores como Heraldo Muñoz y José Miguel Insulza han cuestionado la decisión, argumentando que implica abandonar una tradición en función de aumentar la autonomía estratégica precisamente en un escenario internacional marcado por la competencia entre grandes potencias y por negociaciones multilaterales de creciente relevancia (como lo nuevos aranceles promovidos por EE.UU). Muñoz sostuvo que la presencia de Chile en el Movimiento permitió, entre otras cosas, contrarrestar iniciativas impulsadas por Bolivia para obtener respaldo internacional a su demanda marítima.

El canciller del presidente Kast, Francisco Pérez Mackenna, ha impulsado una política exterior orientada a fortalecer la relación estratégica con Estados Unidos, argumentando que durante el gobierno anterior Chile se había alejado de una tradición diplomática de cooperación con Washington (cosa no exacta, por cierto: se optó por la cooperación con autonomía y no con sumisión). Tras reunirse con el secretario de Estado, Marco Rubio, Pérez Mackenna sostuvo que ambos países comparten valores como la democracia y la libertad, y calificó a EE.UU. como un socio estratégico para Chile, develando con ello la percepción de que ciertas decisiones privilegian afinidades políticas por sobre una política exterior de Estado que resguarde nuestros intereses, la soberanía y la seguridad.

Salirse de los No Alineados es un nuevo error estratégico de la política exterior.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Inscríbete en nuestro Newsletter El Mostrador Opinión, No te pierdas las columnas de opinión más destacadas de la semana en tu correo. Todos los domingos a las 10am.

Publicidad