Opinión
Crédito foto: Agencia Uno
La caza de lobos marinos no resolverá las interacciones con las pesquerías
Autorizar cuotas de captura no aborda las causas del conflicto y difícilmente producirá los resultados esperados.
Ante las solicitudes de dirigentes de la pesca artesanal para que se otorguen cuotas de captura de lobos marinos, como investigadoras que estudiamos mamíferos marinos, consideramos necesario aportar antecedentes basados en el conocimiento científico.
La evidencia internacional indica que reducir el número de animales no es una solución efectiva y sostenida para disminuir las interacciones con las pesquerías. Estas suelen concentrarse alrededor de artes de pesca que ofrecen alimento predecible e involucran conductas aprendidas. Experiencias de caza, control y traslado muestran que las interacciones pueden persistir por el retorno de los animales o su reemplazo por nuevos individuos. Lograr reducciones significativas requeriría remover fracciones muy altas de la población (cerca del 50%), y mantener esa extracción en el tiempo es un escenario biológica, ética y legalmente inviable.
No existe una relación simple entre la cantidad de lobos marinos y la abundancia de peces disponibles para la pesca puesto que esto depende de numerosos factores. Estos animales consumen presas comerciales y no comerciales y cumplen un rol fundamental como depredadores tope. Su eliminación puede generar impactos ecológicos y consecuencias económicas contraproducentes para las pesquerías.
La percepción de una “sobrepoblación” tampoco está respaldada por la evidencia. Algunas poblaciones se han recuperado después de la explotación comercial del siglo pasado y de décadas de protección, pero esta recuperación ha sido heterogénea y no evidencia una abundancia excesiva. Por ello, el aumento de los conflictos no puede atribuirse a un incremento de abundancia, sino que responde a múltiples factores, como la disminución de recursos pesqueros por sobreexplotación y cambios ambientales, y la habituación de algunos individuos por la alimentación intencional y el acceso a residuos.
La caza sumaría una nueva fuente de mortalidad a amenazas ya existentes, como la captura incidental, las marejadas, el Fenómeno de El Niño y la influenza aviar H5N1. Autorizarla sin estimaciones regionales actualizadas de abundancia y mortalidad total no es compatible con un manejo precautorio.
Existe además una dimensión económica y comercial. Desde el 1 de enero de 2026, la Marine Mammal Protection Act de Estados Unidos exige a las pesquerías extranjeras estándares comparables de protección de mamíferos marinos. En la evaluación de Chile, la autoridad estadounidense consideró positivamente la veda del lobo marino común vigente. Autorizar su caza durante operaciones de pesca comercial podría exponer a las pesquerías a restricciones y aranceles.
Por todo lo expuesto, autorizar cuotas de captura no aborda las causas del conflicto y difícilmente producirá los resultados esperados. La respuesta más efectiva consiste en desarrollar medidas de mitigación que promuevan la coexistencia: mejoras en las artes de pesca, modificaciones operacionales, manejo de residuos y descartes, prevención de la alimentación de fauna silvestre y estrategias adaptadas a cada pesquería.
Quienes suscribimos hacemos un llamado a que las decisiones de manejo se fundamenten en evidencia científica y en una evaluación integral de sus consecuencias ecológicas, sociales y económicas. La conservación de los lobos marinos y la sustentabilidad de las pesquerías requieren políticas públicas con enfoque ecosistémico y soluciones de largo plazo.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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