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Descentralizar los debates y las decisiones
Un debate verdaderamente nacional no puede construirse solo desde Santiago ni únicamente con la mirada de quienes ya están pensando en la próxima elección presidencial. También debe incorporar la voz de quienes, desde las regiones, conocemos de cerca los problemas.
El debate sobre la compensación a los municipios por la rebaja de contribuciones para las personas mayores de 65 años -ya zanjado en el Congreso- ha dejado en evidencia dos aspectos que, a mi juicio, trascienden con mucho la discusión técnica y hablan de un problema estructural que nuestro país aún no ha sido capaz de resolver: el excesivo centralismo con que se abordan las grandes decisiones nacionales.
Una vez más, la discusión pública parece concentrarse casi exclusivamente en las voces de alcaldes de Santiago. Son ellos y ellas quienes ocupan los principales espacios en los medios de comunicación y terminan instalando la percepción de que representan la realidad de todos los municipios del país. Sin embargo, Chile es mucho más que la capital. Las comunas de regiones enfrentamos desafíos, oportunidades y necesidades muy distintas, que también deben ser consideradas al momento de debatir políticas públicas de alcance nacional.
A ello se suma un hecho que no puede pasar inadvertido. Varios de los alcaldes que han tenido mayor presencia mediática mantienen aspiraciones presidenciales o han sido mencionados como eventuales cartas para competir por La Moneda. Esa circunstancia, plenamente legítima en democracia, puede terminar desplazando el foco desde las necesidades concretas de las comunidades hacia una discusión marcada por estrategias políticas y proyecciones electorales. Los municipios no pueden transformarse en plataformas de campañas anticipadas cuando se trata de decisiones que afectan a millones de vecinos y vecinas.
Pero existe una tercera realidad que desde las regiones conocemos demasiado bien. Con frecuencia se nos pide asumir responsabilidades que corresponden al Estado, utilizando recursos municipales que fueron concebidos para atender las necesidades locales. Arica es un ejemplo evidente. Por nuestra condición de puerta de entrada norte de Chile, enfrentamos desafíos permanentes en materia migratoria, de seguridad, control sanitario, atención social y uso intensivo del espacio público.
Muchas de esas situaciones responden a fenómenos de interés nacional, pero sus efectos inmediatos recaen sobre el presupuesto de una municipalidad que debe responder con recursos limitados. No es razonable que las regiones debamos financiar, con fondos comunales, problemas cuya solución corresponde al conjunto del Estado.
Como alcalde de Arica, creo que el país necesita escuchar con mucha mayor atención a las autoridades regionales. Somos quienes conocemos de primera fuente las realidades locales alejadas de Santiago y quienes debemos implementar las políticas que se diseñan desde el nivel central. Nuestra experiencia no es complementaria, sino que es indispensable para construir soluciones eficaces y justas.
Si de verdad queremos avanzar hacia un país más equilibrado, la descentralización no puede quedarse en un concepto que se invoca en los discursos. Debe traducirse en una participación efectiva de las regiones en las grandes decisiones nacionales y en un trato más justo respecto de las responsabilidades que asumimos.
Un debate verdaderamente nacional no puede construirse solo desde Santiago ni únicamente con la mirada de quienes ya están pensando en la próxima elección presidencial. También debe incorporar la voz de quienes, desde las regiones, conocemos de cerca los problemas y trabajamos todos los días para resolverlos.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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