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Ciencia sin humanidades: un paso en falso Opinión Crédito imagen: magnific.es

Ciencia sin humanidades: un paso en falso

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Miguel Vargas Román
Por : Miguel Vargas Román Decano Facultad de Economía y Negocios Universidad Finis Terrae
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Este recorte puede generar una brecha en esta área del conocimiento que nos dejará en desventaja frente a un mundo que, paradójicamente, demanda cada vez más competencias humanísticas para gobernar el avance tecnológico. 


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La decisión del Ministerio de Ciencia de establecer que hasta un 70% de las adjudicaciones del concurso Fondecyt de Postdoctorado 2027 se destinará a diez áreas prioritarias, ha encendido un debate necesario sobre nuestra política científica.

Al concentrar el esfuerzo en las ciencias naturales, la tecnología y la seguridad, se relega a un segundo plano a las humanidades, las artes y las ciencias sociales. Esta medida, aunque comprensible en su intención de abordar urgencias nacionales, constituye un error de política pública que merece ser analizado con detención.

En primer lugar, resulta ingenuo pensar que los países no intencionan sus áreas prioritarias de desarrollo. Es un deber del Estado orientar esfuerzos hacia aquellos desafíos críticos que requieren soluciones urgentes. La focalización es una herramienta legítima y necesaria en el diseño de políticas públicas. Sin embargo, el problema radica en el instrumento elegido. Fondecyt es el principal fondo de investigación de base en nuestro país. Su prestigio se ha cimentado sobre principios inalterables: la libertad de investigación, la apertura a todas las áreas del conocimiento y la competencia basada en el mérito. Como ha señalado el Cruch, Fondecyt no es el lugar para implementar mecanismos de priorización temática. El ecosistema científico chileno cuenta con otros instrumentos diseñados específicamente para impulsar áreas estratégicas. Alterar la naturaleza de Fondecyt es desvirtuar el núcleo mismo de la generación de conocimiento libre, aquel que, a menudo sin buscar aplicaciones inmediatas, termina sentando las bases de lo que podría ser un importante avance en el futuro próximo.

Segundo, existe en ciertos sectores el diagnóstico de que la “teoría crítica” o ciertas corrientes posmodernas han fagocitado a las humanidades, convirtiéndolas en espacios de activismo más que de rigor académico. Incluso si se compartiera esa preocupación, la solución no pasa por asfixiar financieramente a estas disciplinas. Por el contrario, la respuesta a los excesos ideológicos se construye desde el mismo rigor intelectual.

El filósofo británico Roger Scruton, por ejemplo, articuló una de las defensas más lúcidas del conservadurismo y una crítica profunda a la deconstrucción posmoderna. Su obra no habría sido posible sin un trabajo sistemático y riguroso, precisamente desde las humanidades. Quitarles fondos no purifica estas disciplinas; simplemente empobrece el debate de ideas y deja el campo libre a la superficialidad.

Tercero, la miopía de este recorte se hace evidente al observar el panorama tecnológico global. Hoy, las humanidades han tomado una fuerza inusitada en el mundo del desarrollo de la IA. Los grandes debates sobre el futuro de la tecnología no son meramente técnicos, sino profundamente éticos, filosóficos y sociológicos. ¿Cómo programamos algoritmos sin sesgos? ¿Qué significa la privacidad en la era de los datos masivos? ¿Cuál es el límite moral de la automatización? Estas preguntas no las responden los ingenieros en solitario; requieren del bagaje reflexivo de filósofos, lingüistas y sociólogos. Además, las humanidades estudian precisamente aquello que nos hace inherentemente humanos, el reducto de creatividad, empatía y sentido crítico en el que la IA aún no nos puede reemplazar, como señala el papa León XIV en su reciente encíclica.

Por todo lo anterior, este recorte puede generar una brecha en esta área del conocimiento que nos dejará en desventaja frente a un mundo que, paradójicamente, demanda cada vez más competencias humanísticas para gobernar el avance tecnológico. 

Reducir el financiamiento a las humanidades en la investigación de base es amputar una parte vital de nuestra capacidad de comprensión y reflexión como sociedad. Es de esperar que el Ministerio de Ciencia reconsidere esta medida, comprendiendo que el desarrollo integral de Chile no se construye sacrificando la profundidad de su pensamiento.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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