Opinión
Cuarto medio y la falta de proyectos colectivos
Cuarto medio debiera ser, a diferencia de lo que está siendo, un momento central para formar a las personas respecto de vivir juntas, para invertir en proyectos o, al menos en espacios, que nos ayuden a encontrarnos, a visibilizar nuestros puntos en común y en volver a confiar.
Más de 300.000 jóvenes rendirán la Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES) a fines de noviembre de este año. En este momento del año, un gran grupo de ellas y ellos están preparándose para rendirla de la forma más exitosa posible, de manera de tener posibilidades de seguir la carrera que desean y, con ello, avanzar su propio proyecto de vida.
Hasta ahí, nada cuestionable, al contrario, muchas personas -especialmente aquellas en cuyos antecedentes familiares la experiencia de educación superior es inexistente o reciente- sitúan en esta nueva etapa educativa importantes sueños y aspiraciones y tengo la sincera expectativa de que las puedan alcanzar. Lo que me interesa reflexionar en esta oportunidad es cómo nuestro sistema educativo y las propias instituciones van, en la práctica, descartando otros importantes proyectos para culminar la escolaridad, los que quedan relegados o, derechamente, abandonados, en cuatro medio. Y más aún, en ello no pareciera haber ningún disenso.
El artículo N°2 de la Ley General de Educación, principal norma que regula los principios, el funcionamiento y resultados esperados para la educación chilena, declara “La educación es el proceso de aprendizaje permanente que abarca las distintas etapas de la vida de las personas y que tiene como finalidad alcanzar su desarrollo espiritual, ético, moral, afectivo, intelectual, artístico y físico, mediante la transmisión y el cultivo de valores, conocimientos y destrezas. Se enmarca en el respeto y valoración de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, de la diversidad multicultural y de la paz, y de nuestra identidad nacional, capacitando a las personas para conducir su vida en forma plena, para convivir y participar en forma responsable, tolerante, solidaria, democrática y activa en la comunidad, y para trabajar y contribuir al desarrollo del país”.
¿Cuánto de ello puede vincularse con lo que la PAES evalúa o las puertas que abre en caso de tener buenos resultados? Un subconjunto minoritario.
La vida escolar se organiza y tiene sentido en función de un conjunto de desafíos que son personales y también colectivos. Cada año nuestras hijas e hijos participan en desfiles, bailes, actividades deportivas o espacios de reflexión; también desarrollan la amistad, trabajan por otras personas de la comunidad, participan en proyectos mayores, entre otras muchas experiencias formativas. Además, se enfrentan a problemas de convivencia o violencia, frustraciones afectivas, dudas de todo tipo, situaciones injustas para ellos o para otros, también entre otras múltiples situaciones complejas.
Todas esas vivencias palidecen, por decir poco, en cuarto medio frente a la PAES. ¿Qué señal estamos dando a las y los jóvenes respecto de lo que es realmente importante llevarse de la vida escolar, luego de 12 o 14 años?
La escuela fue creada y mantiene su valor no solo como un espacio de desarrollo académico individual, sino como una instancia indispensable de socialización, en que vivimos a una escala reducida lo que significa vivir en la sociedad, donde nos preparamos para enfrentar tanto las dificultades como las alegrías de la vida y en que podemos desarrollar un genuino interés por nuestro país, su herencia y los diferentes tipos de grupos y personas que lo conforman. También la escuela ha sido un escenario que ha favorecido la creación o la renovación de movimientos colectivos que han sido importantes para el desarrollo del país.
Si en el año en que las y los estudiantes terminan esta importante parte de sus vidas, momento, en que, además, están ad portas de iniciar su vida adulta, hacemos que todo gire en torno a su posible éxito (y, además, solo una dimensión de su vida) estamos, consciente o inconscientemente comunicando que no hay nada más importante que mi propio futuro y mis propios logros.
Lógicamente, a todos nos interesa tener el mejor futuro posible y, además, disfrutamos cuando cumplimos nuestros objetivos. Sin embargo, proyectar la vida únicamente en torno de mí mismo, es altamente concordante con la realidad que las conversaciones cotidianas y también las investigaciones sociales revelan como nuestros principales dolores: sentirnos solos, desconfiar de las personas y las instituciones, vivir la desigualdad, ser atropellado o estar sobrepasado por las circunstancias, creer que nadie hará nada por mí, por más que lo necesite.
Cuarto medio debiera ser, a diferencia de lo que está siendo, un momento central para formar a las personas respecto de vivir juntas, para invertir en proyectos o, al menos en espacios, que nos ayuden a encontrarnos, a visibilizar nuestros puntos en común y en volver a confiar. Ninguno de esos mensajes está presente, al menos de forma colectiva, a algo más de tres meses de terminar la vida escolar.
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