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Descentralizar las oportunidades: un nuevo modelo de regionalización para Chile Opinión

Descentralizar las oportunidades: un nuevo modelo de regionalización para Chile

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Nelson Vásquez Lara
Por : Nelson Vásquez Lara Rector de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
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Chile enfrenta hoy una oportunidad histórica. A pesar de los avances de los últimos años, continúa siendo uno de los países más centralizados de la OCDE.


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La experiencia internacional demuestra que descentralizar no se reduce a trasladar funciones desde el nivel central hacia las regiones. Los países que han alcanzado los mayores niveles de desarrollo han comprendido que la descentralización es una verdadera política de Estado, orientada a fortalecer la democracia. Más que una reforma administrativa, se trata de un nuevo modelo de desarrollo.

La evidencia comparada es concluyente. Los mejores resultados se observan donde existe un equilibrio entre descentralización política, administrativa y fiscal, acompañado de mecanismos eficaces de coordinación entre los distintos niveles de gobierno y de una sólida rendición de cuentas. Los países más avanzados han construido sistemas de gobernanza multinivel, donde el gobierno nacional, las regiones, los municipios, las universidades, las empresas y la sociedad civil participan de manera permanente en la definición de las políticas públicas. La lógica jerárquica ha sido reemplazada por la colaboración, el diálogo y la corresponsabilidad.

Uno de los pilares de estos modelos es la transferencia efectiva de competencias. Los gobiernos regionales administran áreas estratégicas. El principio de subsidiariedad orienta estas decisiones: aquello que puede resolverse desde el territorio no debería depender del nivel central.

La experiencia internacional también enseña que no existe verdadera descentralización sin autonomía fiscal. Las regiones más exitosas cuentan con capacidad para recaudar parte de sus impuestos, definir sus prioridades de inversión, ejecutar presupuestos plurianuales y administrar fondos regionales de desarrollo. Al mismo tiempo, estas mayores atribuciones se acompañan de estrictas reglas de responsabilidad financiera y transparencia.

Es importante la existencia de mecanismos de solidaridad. La descentralización no significa abandonar a las regiones con menores capacidades económicas. Los fondos de compensación y los mecanismos de redistribución permiten combinar autonomía con equidad.

Otra característica común es la planificación estratégica de largo plazo. Las regiones construyen visiones compartidas para los próximos treinta años, identificando sus ventajas competitivas, las áreas prioritarias de inversión, las necesidades de infraestructura, el fortalecimiento del capital humano y los desafíos de sostenibilidad. Esta mirada de futuro entrega estabilidad a las políticas públicas y genera confianza para atraer inversiones.

También se observa cómo se extiende el concepto de “especialización inteligente”. Cada territorio identifica aquellas actividades donde posee ventajas comparativas.

Una de las transformaciones más evidente a nivel internacional es el nuevo rol de las universidades. Las instituciones de educación superior han dejado de ser únicamente centros de formación profesional para convertirse en actores estratégicos del desarrollo regional. Participan en la planificación territorial, impulsan investigación aplicada, apoyan la innovación empresarial, forman emprendedores y contribuyen a la formulación de políticas públicas basadas en evidencia. En torno a ellas surgen ecosistemas completos de innovación integrados por parques científicos, distritos tecnológicos, incubadoras, aceleradoras de empresas, centros tecnológicos y laboratorios regionales. 

La descentralización también incorpora nuevas dimensiones. La digitalización de los gobiernos regionales, el uso intensivo de datos para la toma de decisiones y la evaluación permanente de las políticas públicas.

Finalmente, las experiencias más exitosas coinciden con el fortalecimiento de las identidades regionales. El patrimonio, la cultura, la historia, las tradiciones y las industrias creativas dejan de ser elementos secundarios para transformarse en factores de cohesión social, atracción turística y diferenciación económica.

Chile enfrenta hoy una oportunidad histórica. A pesar de los avances de los últimos años, continúa siendo uno de los países más centralizados de la OCDE. Santiago no solo limita el desarrollo de las regiones, también ha terminado afectando la calidad de vida de quienes habitan la propia capital. El centralismo, en definitiva, perjudica al conjunto del país. El desafío es construir un modelo moderno de gobernanza territorial que entregue a las regiones competencias reales, autonomía responsable, financiamiento suficiente y capacidades institucionales para liderar su propio desarrollo. Solo así podremos avanzar hacia un país más equilibrado y con mayores oportunidades para todas las personas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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