¿Tiene futuro Naciones Unidas?
En este nuevo capítulo de “Mirada Internacional”, el excanciller Ignacio Walker se pregunta por el futuro de Naciones Unidas.
La Asamblea General de las Naciones Unidas, que se celebra año tras año y que en 2025 cumplió 80 años desde su fundación en 1945 con 51 estados suscriptores de la Carta de San Francisco —hoy 193—, enfrenta un contexto de crisis del multilateralismo. Las guerras en Ucrania, Gaza e Irán han evidenciado una gran impotencia de la principal organización internacional, lo mismo que el cambio climático y los temas emergentes como la ciberseguridad y la inteligencia artificial, todo con el trasfondo de la “era Trump” en que se transita hacia una sociedad sin reglas. La ONU nació prohibiendo el uso de la fuerza, con la paz y la seguridad como su principal razón de ser, tras el fracaso de la Liga de las Naciones creada en 1920 y el antecedente de los tratados que desde el siglo XVII —Westfalia en 1648, Utrecht en 1713, Viena en 1815— procuraron resolver los temas de guerra y paz, aunque el Tratado de Versalles que castigó a Alemania condujo al resentimiento que pavimentó el ascenso de Hitler, lección que tras la Segunda Guerra Mundial pareció aprenderse con la reconstrucción de Alemania, Italia y Japón vía el Plan Marshall.
El sistema de Naciones Unidas, más que una organización, ha sido un sistema internacional que produjo la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, la Convención sobre el Genocidio ese mismo año tras el Holocausto, la Corte Internacional de Justicia, los pactos complementarios de derechos humanos en 1966, los derechos colectivos de los pueblos indígenas, el Tratado de no proliferación nuclear en plena Guerra Fría, los tratados de limitación de armas estratégicas, la Corte Penal Internacional y la Organización Mundial de Comercio. La pregunta que cabe hacerse es si vamos a tirar por la borda todo eso para sustituirlo por una “ley de la selva” basada en los intereses de las grandes potencias, desprendiéndonos de este mínimo civilizatorio que abarca salud, educación, cultura y diplomacia, sobre todo cuando empresas tecnológicas como Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon, Meta y Google manejan recursos mayores que muchos estados sin ninguna regulación, aunque paradójicamente son esas mismas empresas las que hoy piden algún tipo de acuerdo de cooperación o regulación, como ocurrió con las armas nucleares, químicas y biológicas en plena Guerra Fría. Esperemos que esta Asamblea General no sea una más en un mundo sumido en el desaliento, sino la posibilidad de renovar un compromiso con esos mínimos civilizatorios, acometiendo la gran reforma que la ONU requiere en su organización y funcionamiento, lo que exige visión, liderazgo y capacidad de gestión para llegar a la realidad concreta de las personas en su vida cotidiana.
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