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Orlando Letelier, Canciller Opinión

Orlando Letelier, Canciller

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Fernando Reyes Matta
Por : Fernando Reyes Matta Exembajador en China, Director del Centro de Estudios Latinoamericanos sobre China, Universidad Andrés Bello.
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Hubiera sido bueno que Orlando Letelier viviera muchos años más, su visión y mirada de futuro habría sido muy útil con el retorno a la democracia. Cuando lo eliminaron, mataron también la proyección de sus ideas.


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Al cumplirse 50 años del asesinato de Orlando Letelier en Washington se han recordado sus palabras, especialmente aquellas que pronuncia cuando se entera que el gobierno militar le ha quitado la nacionalidad chilena, en septiembre de 1976. Y, por cierto, algunos de sus textos elaborado en aquella época, como investigador del Institute for Policy Studies. Allí escribió “The Chicago Boys in Chile: Economic Freedom’s Awful Toll” (Los «Chicago Boys» en Chile: el terrible precio de la libertad económica), publicado en The Nation en agosto de 1976, pocas semanas antes de su muerte. Es su texto más conocido. Critica el modelo de Milton Friedman aplicado en Chile y sostiene que la libertad económica pregonada por la dictadura era inseparable de la represión política.

Pero Orlando Letelier también fue Canciller, tras cumplir desde 1971 la tarea de embajador de Chile en Washington. Por cierto, aquella no fue tarea fácil, determinada por el carácter socialista del gobierno de Allende y, especialmente, por la confrontación ligada a la nacionalización del cobre y la cuestión de la compensación. No obstante, fue un diplomático de contactos y habilidades. Ahí está, como muestra, la ocasión cuando el propio Henry Kissinger concurrió a la sede de la embajada de Chile, en octubre 1971, para escuchar del canciller Clodomiro Almeyda los argumento de Chile y los detalles de la Enmienda Constitucional, con aprobación unánime, que respaldó la nacionalización. 

A mediados de mayo 1973, en medio de una crisis política creciente, el Presidente decide llamar a Orlando Letelier a Chile, para que ocupe la cartera de Ministro de Relaciones Exteriores. Aquello ocurre el 22 de mayo y estará en esa responsabilidad hasta el 9 de agosto. Puede considerarse un tiempo mínimo. Pero dada la intensidad que se vivían aquellos días, es un tiempo donde deja una impronta.

El 25 de mayo es la transmisión del mando en Argentina, tras tiempos complejos también en aquel país. Perón regresó, pero no podía ser candidato, por lo cual Héctor Cámpora asumió la tarea de representar al justicialismo. A Buenos Aires viaja el presidente Allende y otros mandatarios de la región, también el uruguayo José María Bordaberry, ya marcado por avanzar hacia una dictadura cívico-militar. Por protocolo, había respondido primero a la invitación, le correspondía hablar en el Congreso en nombre de las delegaciones. Allende lo haría en la cena de honor. Obvio, el mandatario chileno prefería el Congreso. Y allí Letelier, con sutileza y buen manejo, logró que el uruguayo aceptara hablar en la cena – allí habría “más cercanía regional” – y Allende pronuncio fogoso discurso ante el Parlamento y todas las delegaciones.

Pero existe otra circunstancia especialmente rescatable por la huella y visión que ella muestra. Es el discurso con el cual participa en la cuarta reunión de Ministros de Relaciones Exteriores del Pacto Andino, el 1° de agosto de ese año en Lima. La mirada que hace de la economía andina, de sus desafíos y perspectivas es aquella de quien por una década fue antes alto funcionario y evaluador de proyectos en el Banco Interamericano de Desarrollo. “Es indispensable adoptar medidas destinadas a desarrollar nuestros mercados potenciales, porque los hechos demuestra que los mercados pequeños nos hacen pequeños en todo sentido” dice, junto con demostrar con cifras y referencias la alta concentración que sigue marcando la economía andina y su falta de integración. Más allá de eso, se concentra en el impacto tecnológico y el abuso de poder que se está conjugando on ellos. Son palabras que resuenan al presente: “La tecnología debe cumplir una función económica en beneficio de la humanidad y, en consecuencia, debemos crear los mecanismos que permitan a los países subdesarrollados tener acceso en forma radicalmente diferente a la tecnología y a la investigación.

Y en ese marco coloca el tema del Skylab. Era la Estación Espacial tripulada de Estados Unidos que estaba asombrando al mundo por la capacidad de fotografiar en detalle todos los continentes. Llevaba un paquete de instrumentos de observación terrestre llamado EREP (Earth Resources Experiment Package). Con él se tomaron 46.000 fotografías de la superficie terrestre, el primer relevamiento sistemático de la Tierra desde el espacio. Y dijo Orlando Letelier: “El desarrollo científico está rebasando las más sólidas concepciones tradicionales…nos hemos maravillado con las apasionantes experiencias del Skylab. Sin embargo, junto con la proeza científica – que a todos nos alcanza como seres humanos- se producen otras situaciones. Permítanme leer algunos despachos de prensa internacional: ´los astronautas del laboratorio espacial Skylab cumplieron hoy la exploración fotográfica más extensa de los recursos de la tierra, buscando petróleo en Venezuela, analizando los recursos de la cuenca del Amazonas, en Brasil…observaron las condiciones del mar en el Golfo de México y evaluaron las cosechas y la organización agrícola en Colombia y Brasil”.

Tras leer esos y otros informes de prensa Letelier hace la pregunta del Canciller que mira a futuro. “¿Qué significa todo esto? Son muchas las conclusiones iniciales que podemos recoger. Aparece claro que los derechos y obligaciones que fluyen del concepto clásico de soberanía han sido radicalmente modificados por la ciencia…Nos informamos por la prensa que se acaban de sacar miles y miles de fotografías de todo nuestro territorio, nuestras industrias, nuestras ciudades, por parte de un instrumento de una nación extranjera. ¿Qué uso y destino tendrán? ¿A quién beneficiarán los estudios sobre recursos de la tierra y del mar? ¿Con que objeto serán utilizados? ¿En qué medida tendremos acceso a esa información? Las dudas y preguntas son múltiples. Aquí tan solo quiero apuntar hacia un aspecto que considero de trascendente gravedad.”

Tras colocar esa dimensión nueva y de advertencia ante los cancilleres andinos, hace una afirmación que rebota con plena vigencia en este siglo XXI. “La tecnología crea hechos que rebasan la juridicidad internacional existente. El país que tiene capacidad ara financiar la investigación tecnológica, adquiere poder para impulsar su desarrollo económico, consolidando y acrecentando su dominio sobre otras naciones. Frente a estas situaciones debemos reaccionar a través de un pensamiento y una actitud conjunta”.

Hubo largo debate en los años posteriores. Y aquello concluyó en 1986 cuando en Naciones Unidas se aprobaron los Principio sobre Teledetección, teniendo como marco muchas de las ideas que Letelier había colocado trece año antes.  Hubiera sido bueno que Orlando Letelier viviera muchos años más, su visión y mirada de futuro habría sido muy útil con el retorno a la democracia. Cuando lo eliminaron, mataron también la proyección de sus ideas.

*Exembajador. Fue asesor de Orlando Letelier canciller. 

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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