Opinión
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Del riesgo declarado al impacto cuantificado: desafíos pendientes en la gestión climática
El próximo paso para el mercado no consiste en identificar más riesgos, sino en desarrollar una comprensión más precisa de sus potenciales impactos.
La conversación sobre cambio climático ha dejado de ser un tema exclusivo de sostenibilidad para convertirse en una variable cada vez más relevante de estrategia empresarial. La creciente adopción de estándares como IFRS S1 y S2 refleja una transformación más profunda: la necesidad de comprender cómo los riesgos climáticos pueden afectar el desempeño, la resiliencia y la creación de valor de las organizaciones.
Las grandes empresas han avanzado significativamente en incorporar el riesgo climático dentro de sus procesos de reporte y gestión. Sin embargo, una revisión de las memorias y reportes integrados 2025 de las empresas que componen el IPSA muestra que aún existe una diferencia importante entre reconocer estos riesgos y comprender plenamente sus implicancias para el negocio.
El 87% de la muestra identifica el clima como un riesgo material y el 83% distingue entre riesgos físicos y de transición. A medida que el análisis requiere un mayor nivel de profundidad, la información disponible comienza a reducirse: el 63% incorpora al menos un escenario climático, el 53% utiliza más de un escenario, el 50% evalúa la resiliencia de su modelo de negocio y solo el 10% traduce esos análisis en impactos financieros concretos.
Esta evolución puede representarse como un embudo: existe una amplia identificación de riesgos en la etapa inicial, pero son menos las organizaciones que avanzan hacia la cuantificación de sus consecuencias y su integración en la toma de decisiones. El desafío ya no está únicamente en identificar qué riesgos existen, sino en entender cuáles son realmente relevantes, cómo pueden materializarse y qué efectos tendrían sobre la estrategia, las operaciones y el desempeño financiero.
Para los equipos ejecutivos y directorios, este es un cambio relevante. La gestión de riesgos climáticos deja de ser un ejercicio de reporte para convertirse en una herramienta que permite evaluar resiliencia, orientar inversiones, fortalecer procesos de planificación y mejorar la capacidad de respuesta frente a escenarios cada vez más inciertos.
En este contexto, IFRS S1 y S2 representan mucho más que una nueva exigencia regulatoria. Bien utilizados, se transforman en un marco que ayuda a conectar riesgos, estrategia y resultados, generando información más útil para la gestión y una visión más robusta de los factores que pueden afectar el valor de una organización en el largo plazo.
El próximo paso para el mercado no consiste en identificar más riesgos, sino en desarrollar una comprensión más precisa de sus potenciales impactos. Eso implica avanzar en la medición de la exposición, la evaluación de escenarios, la estimación de efectos financieros y la incorporación de estas variables en las decisiones críticas del negocio, entendiendo que el fin último es mejorar la capacidad para anticipar cambios, gestionar incertidumbre y fortalecer la resiliencia de sus modelos de negocio en un entorno cada vez más complejo.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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