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Chile a medias Opinión Archivo

Chile a medias

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Claudio Orrego
Por : Claudio Orrego Gobernador de la Región Metropolitana.
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La gente está cansada de volver a creer. Si el Gobierno hace de las obras inconclusas un patrón de conducta, la ciudadanía perderá para siempre la confianza en sus autoridades y se perpetuará, con justa razón, la triste imagen del Chile a medias.


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Antes de hablar del GAM, de la ciclovía de Nueva Alameda, del cerro Chena y del Tren Santiago-Melipilla, quiero recordarles la historia del hospital Ochagavía, que prometía ser el hospital público más grande de Latinoamérica. Fue ideado en el Gobierno de Frei Montalva, se empezó a construir en el Gobierno de Allende y sus obras se paralizaron en 1973, con el arribo de la dictadura militar. Por 40 años estuvieron abandonadas.

Los vecinos de Pedro Aguirre Cerda cargaron con la frustración de un sueño abandonado, foco de inseguridad, de enfermedades y triste icono de promesas incumplidas. En entrevistas por televisión decían sentirse desamparados y algunos creían que no alcanzarían a estar vivos para ver la obra lista. Poco les importaba el partido político de los promotores de la idea, ni el de los continuadores, ni el de los que la paralizaron. Lo que les importaba era que la obra aún no estaba ahí.

En arquitectura se habla de “elefante blanco” para referirse a una obra de gran costo que termina abandonada o en desuso. Cuando en 2021 asumí como gobernador, constaté que los elefantes blancos eran más comunes de lo que uno cree. En nuestra región teníamos 11 proyectos paralizados (cuarteles de la PDI, estadios, etc.), todos en comunas de escasos recursos. Un triste ejemplo del Chile a medias.

Cuando esto ocurre, la comunidad siente una bofetada en la cara y se quiebra la confianza con las autoridades. ¿Para qué vienen con promesas si después no las cumplen?, ¿les gustaría ver una obra a medias en su barrio?, ¿sería concebible que esto pasara en comunas de altos ingresos?, ¿por qué no se ponen de acuerdo y hacen bien la pega para que algo así no vuelva a ocurrir?

Ojalá sea cierto que el Gobierno del Presidente Kast va a retomar la construcción del GAM, aunque el daño patrimonial (más de 6 mil millones de pesos en multas y saldos pendientes a favor de la empresa constructora por la cancelación anticipada del contrato), el daño a la confianza del sector privado y a la ciudadanía ya están hechos.

Lo opuesto del Chile a medias es el Chile donde se cumple la palabra, donde el sueño colectivo se convierte en política pública a pesar de las dificultades, donde las obras se terminan y nos damos cuenta de que no podemos tirar la plata a la basura e incumplir nuestra palabra, porque las obras que cambian la vida de las personas no son de un Gobierno, no son de un color político, son del Estado de Chile y estarán aquí mucho tiempo después de que nosotros ya no estemos.

Hoy tenemos tres crudas expresiones de ese Chile a medias: el Tren Santiago-Melipilla, cuyo tramo Lo Errázuriz-Alameda fue postergado a pesar del compromiso manifestado por el Presidente; el cerro Chena, que tiene un avance del 97%, sin mantención asegurada; y el tercer tramo de la ciclovía del proyecto Nueva Alameda, que tiene dos tramos ya completos con un convenio de programación comprometido y vigente, cuyos afectados son nuevamente vecinos de comunas de menos ingresos, como si romper un compromiso con ellos costara menos o saliera gratis.

Pero no es así. El daño es inmenso. Un vecino que escucha que en su comuna, donde faltan áreas verdes y conectividad, se va a construir un parque o una ciclovía o un tren, se llena de ilusiones, de alegría, se planifica y espera con ansias el día de inauguración. Familias enteras gozan con la noticia.

Uno es casualidad; dos, coincidencia; tres, un patrón.

En el caso del Chena el daño es doble, porque la comunidad ocupaba el lugar antes de que comenzaran las obras y ahora, mientras el Gobierno no asegure los fondos para su mantención, los boy scouts, los deportistas y los que plantaban árboles no podrán volver. En otras palabras, no solo se les priva de algo que les prometimos, sino que además se les quita algo que ya tenían.

La última constatación del Chile a medias es la postergación del tramo Lo Errázuriz-Alameda del Tren Santiago-Melipilla. Más de treinta años de promesas, con más de un millón de personas a la espera de un transporte que va a acortar tiempos de trayecto y que les permitirá pasar más tiempo con sus familias.

La gente está cansada de volver a creer. Si el Gobierno hace de las obras inconclusas un patrón de conducta, la ciudadanía perderá para siempre la confianza en sus autoridades y se perpetuará, con justa razón, la triste imagen del Chile a medias.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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