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Improvisación e ideologismo en política exterior Opinión Archivo

Improvisación e ideologismo en política exterior

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Boris Yopo H.
Por : Boris Yopo H. Sociólogo y Analista Internacional
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Ha habido un sometimiento a las presiones de Estados Unidos y al ala más extrema de la derecha local por sobre el interés nacional, lo que implica una ausencia total de voluntad para concordar esa indispensable política de Estado que Chile necesita hoy más que nunca.


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Hace un tiempo, entrevistaron a Bill Gates en la CNN Internacional y le pidieron que describiera el mundo de hoy en una palabra, y respondió: «Incertidumbre». Y claro, cuando se ven las noticias internacionales hoy lo que vemos es una multiplicación de conflictos bélicos, guerras comerciales, el auge de populismos autoritarios y del crimen organizado, y los gigantescos desafíos que plantea la crisis climática, las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial, y la dramática crisis de natalidad que ya afecta a casi todo el mundo. Y esta incertidumbre extendida a nivel global se traduce muchas veces en un pesimismo creciente en las sociedades. El mejor ejemplo de ello es Europa, donde por primera vez desde la post Segunda Guerra Mundial, los jóvenes ahora perciben que sus condiciones de vida serán peores que las de sus padres.

Este es el mundo que enfrentará nuestro país en los próximos años. Un mundo marcado por la creciente rivalidad entre China y Estados Unidos, por el retroceso de la democracia en América Latina y otras partes, y por el debilitamiento del multilateralismo y la erosión de las reglas internacionales basadas en el derecho, que han sido una fuente de predictibilidad y protección sobre todo para países medianos y pequeños.

En este escenario, ¿cómo debe navegar Chile en un mundo que seguirá inevitablemente marcado por grandes turbulencias y abusos de poder por parte de potencias y actores que creen que las reglas aplican para los demás, pero no para ellos? Bueno, nuestro país tiene un conjunto de principios y una práctica histórica en política exterior que deben ser reafirmados en la actual coyuntura.

El primero es que, no importando quién gobierne, se debe avanzar en la construcción de acuerdos a nivel doméstico, porque una de las fortalezas de los países en el campo internacional es cuando hablan con una sola voz ante contrapartes en el mundo, ya sea en el ámbito bilateral o multilateralmente. Pero, lamentablemente, el giro ideológico y sectario que ha adoptado la política exterior bajo el gobierno del Presidente Kast (el retiro del apoyo a la candidatura de la expresidenta Bachelet es el mejor ejemplo de ello) hace cada vez más distante lograr lo anterior, cuando la convocatoria a fortalecer una política de Estado debiese partir desde el propio Ejecutivo.

Adicionalmente, habría que dar un nuevo impulso a la conformación de alianzas internacionales con países afines (like-minded) de manera flexible, buscando en cada materia de interés las convergencias, de manera de sumar fuerzas en temas de interés común. Eso significa que los países en estas alianzas serán distintos, dependiendo de la materia a impulsar, pero lo clave aquí es continuar diversificando nuestros vínculos, porque esto aumenta nuestro margen de maniobra frente a escenarios que pueden ser complejos.

Sin embargo, la participación en alianzas internacionales debe reflejar una política de Estado, y no mecanismos de adscripción ideológicos, como son los que impulsa el gobierno de Trump ahora en la región, y al cual se han plegado varios gobiernos, incluyendo Chile.

Y en este marco, es necesario hacer una fuerte defensa de principios básicos que deben guiar nuestra acción: reivindicar el respeto y acatamiento al derecho internacional, al camino multilateral para resolver las diversas disputas internacionales y a la promoción y protección permanente de los derechos humanos y la democracia.

Al mismo tiempo, se deben rechazar los intentos de algunos de instalar otra vez prácticas que buscan recrear las esferas de influencia en el mundo, y que buscan relativizar los principios de soberanía y no intervención en asuntos internos, que tanto costó a países medianos y pequeños conseguir en otras épocas, cuando diversos imperialismos se repartían el mundo. Hoy varios de estos principios son violentados a diario, sobre todo por grandes potencias y bloques, que los interpretan y usan como un menú a la carta, en función de sus intereses y preferencias políticas.

Excepto en dictadura, Chile ha tenido como sello de su política exterior su condición de país democrático, latinoamericano, occidental en el sur del mundo e históricamente no alineado. Esta es nuestra identidad. Reivindicar esto ahora, en un mundo donde reaparecen las lógicas de la fuerza e imposición, no siempre será fácil, pero lo hemos hecho en el pasado si impera ahora un piso mínimo de unidad en política exterior, o lo que se ha llamado «Política de Estado», ante los grandes temas de la actual agenda internacional.

Lamentablemente, no es alentador lo que ha hecho el gobierno actual hasta ahora, con graves problemas de coordinación en el manejo de temas, como ha sido el reciente caso de las tensiones con Argentina, y con un sesgo (como señalamos) sectario e ideológico en la conducción de la política exterior, que han llevado a varios fracasos y bochornos en estos seis meses, y a un alineamiento inédito con el Estados Unidos de Trump, que rompe con nuestra tradición histórica en política exterior, y que lamentablemente el gobierno ha ratificado en el último tiempo con la salida del movimiento de Países No Alineados y la adhesión al Escudo de las Américas, un foro ideológico que reedita viejas prácticas de la Guerra Fría y que tácitamente implica aceptar la vigencia de la Doctrina Monroe, hoy actualizada como «Donroe» por Trump y su Administración.

En definitiva, ha habido un sometimiento a las presiones de Estados Unidos y al ala más extrema de la derecha local por sobre el interés nacional, lo que implica una ausencia total de voluntad para concordar esa indispensable política de Estado que Chile necesita hoy más que nunca. Mal camino, que no llevará a nada bueno para Chile en este mundo convulso que vivimos hoy.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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