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El éxito de prevenir nos obliga a perseverar
El éxito extendido de la prevención se sostiene con decisiones que deben renovarse cada año. Y lo logrado en Chile ante el VRS nos debe llenar de orgullo, pero también nos obliga a preservar las condiciones y convicciones que lo hicieron posible.
Cuando nuestro sistema de salud logra evitar una hospitalización difícilmente se convierte en noticia. Tampoco ocurre cuando una familia puede continuar de manera cotidiana con su vida gracias a que su hijo no enfermó gravemente. Lo anterior es precisamente la paradoja de la prevención: cuanto mejor funciona, menos visible se vuelve la propia amenaza que tuvo que enfrentar. La experiencia de Chile frente al Virus Respiratorio Sincicial (VRS) nos muestra por qué debemos reconocer ese éxito, valorado transversalmente, y asegurar su continuidad.
Durante décadas, el invierno en nuestro país estuvo acompañado por una amenaza constante: el aumento de las enfermedades respiratorias infantiles y la presión sobre las camas pediátricas y todo el sistema de salud. La temporada del año 2023 nos mostró, con mucha dureza, la fragilidad de los recién nacidos y lactantes ante los embates del VRS, desafiando a las familias, a los equipos clínicos y a toda la red asistencial.
En 2024, Chile fue más allá y se convirtió en el primer país de Latinoamérica en implementar una estrategia nacional de inmunización contra el VRS, entregando acceso universal y gratuito a través del anticuerpo monoclonal Nirsevimab. El objetivo era proteger a los recién nacidos y lactantes frente a la enfermedad causada por el VRS. Fue una implementación que reunió, de manera virtuosa, los elementos necesarios para dar un histórico paso: evidencia científica, decisión de las autoridades, financiamiento, un Programa Nacional de Inmunizaciones (PNI) consolidado y equipos técnicos capaces de llevar la protección directamente a los niños, tanto en el sistema público como privado, sin importar su previsión de salud ni su condición socioeconómica.
¿Los resultados? Sin duda alguna, respaldaron esa decisión. El estudio nacional NIRSE-CL estimó una efectividad de 76,4% para prevenir hospitalizaciones asociadas al VRS, de aproximadamente 85% para prevenir ingresos a cuidados intensivos y, más importante aún, no tener que lamentar ningún fallecimiento en menores de un año. ¿Qué hay detrás de esos porcentajes y resultados? Hay niños que evitaron una enfermedad grave y familias que no tuvieron que enfrentar la angustia de una hospitalización o el dolor irreparable de una pérdida.
Y a continuación del éxito sanitario, la evaluación de la carga en la red hospitalaria permite dimensionar otra parte de ese impacto para el país. Para la temporada 2024, el análisis estimó que la estrategia contra el VRS evitó cerca de 59 mil días cama en unidades básicas e intermedias y más de 25 mil días cama en cuidados intensivos. También estimó una reducción de más de 20 mil días de licencia médica. Una muestra contundente de que la prevención en salud tiene resultados que alcanzan tanto al sistema sanitario como a la vida cotidiana de las familias.
En términos económicos, se estimaron costos evitados por US$68,78 millones, frente a US$45,28 millones de inversión correspondientes a las dosis administradas. El beneficio económico neto calculado fue de US$23,5 millones para el país, de los cuales US$15,5 millones correspondieron al sistema público de salud.
Estas estimaciones tienen una especial relevancia a la hora de evaluar una decisión sanitaria, considerando tanto la inversión inicial como sus resultados. En tiempos de discusión presupuestaria, la revisión de una política sanitaria preventiva exige mirar cuánto cuesta implementarla pero también cuánto cuesta prescindir de ella. Evitar una sola hospitalización representa menos sufrimiento pero también una oportunidad de disponer de esa capacidad asistencial para otras necesidades.
¿Qué viene ahora? Debemos consolidar lo alcanzado y ello supone asegurar un financiamiento oportuno; mantener las altas coberturas logradas en estos tres años; fortalecer la vigilancia sobre el virus; y continuar generando evidencia nacional, la cual ha sido destacada a nivel internacional en prestigiosas revistas científicas como en The Lancet. Pero también nos exige comunicar el por qué sigue siendo necesario proteger a los niños cuando la enfermedad pierde su visibilidad.
Chile ha demostrado que puede innovar antes que el resto y producir un alto conocimiento sobre sus resultados hacia el resto del mundo. Un aprendizaje que merece mantenerse más allá de los ciclos de gobierno.
El éxito extendido de la prevención se sostiene con decisiones que deben renovarse cada año. Y lo logrado en Chile ante el VRS nos debe llenar de orgullo, pero también nos obliga a preservar las condiciones y convicciones que lo hicieron posible.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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