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Evelyn Matthei y la construcción de una derecha de reserva ANÁLISIS

Evelyn Matthei y la construcción de una derecha de reserva

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Marco Moreno Pérez
Por : Marco Moreno Pérez Director del Centro Democracia y Opinión Pública, Universidad Central
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Las críticas de Evelyn Matthei a los equipos y la conducción de Kast perfilan una posición propia dentro de la derecha: mantener distancia de los costos del Gobierno y mostrar que existía otra manera de ejercer el poder.


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Evelyn Matthei parece haber encontrado un lugar incómodo para La Moneda. No está en la oposición, pero tampoco está dispuesta a convertirse en acompañante silenciosa del gobierno de José Antonio Kast. Sus últimas intervenciones comienzan a mostrar algo más que una sucesión de críticas: la construcción de una posición propia dentro de la derecha.

Sería fácil interpretar este comportamiento como la reacción de quien perdió una elección o como el comienzo anticipado de otra aventura presidencial. Ambas explicaciones tienen el atractivo de lo simple, pero probablemente dicen poco sobre lo que está ocurriendo.

Matthei parece estar construyendo una derecha de reserva.

No se trata de formar otra coalición ni de romper con el Gobierno. Es algo más sutil: permanecer dentro del mismo espacio político, pero establecer suficiente distancia para no compartir automáticamente los costos de su gestión. Para eso necesita demostrar que los problemas que enfrenta Kast no son necesariamente problemas de la derecha, sino de una determinada manera de gobernar.

Por eso importa observar dónde sitúa sus críticas. Matthei no cuestiona solamente decisiones específicas. Ha puesto el foco en los equipos, la experiencia, la coordinación gubernamental, la relación con los partidos y la forma en que se toman las decisiones. El argumento que comienza a instalar es incómodo para los republicanos: había otras capacidades disponibles y otra manera posible de gobernar.

La diferencia es importante. Criticar una política pública puede expresar una discrepancia circunstancial. Cuestionar la forma de gobernar abre una discusión sobre quién estaba mejor preparado para ejercer el poder.

Aquí aparece, además, una ventaja política para Matthei. No necesita transformarse en adversaria de Kast. Si el Gobierno logra buenos resultados, seguirá perteneciendo al sector que los capitaliza. Si la administración acumula dificultades, podrá sostener que esos problemas no eran inevitables: había advertencias, equipos y alternativas que no se consideraron.

Es una posición políticamente cómoda, aunque no exenta de riesgos. Una derecha de reserva solo adquiere valor cuando consigue demostrar que constituye una alternativa y no simplemente una tribuna desde la cual comentar los errores ajenos. Matthei tendrá que mostrar, en algún momento, qué representa, además de aquello que cuestiona.

Hay también un problema para La Moneda. Mientras las críticas provengan de la oposición, pueden ser procesadas como parte de la competencia habitual. Cuando vienen del propio campo político, resultan más difíciles de neutralizar, especialmente si quien las formula puede afirmar que conoce el Estado, encabezó administraciones municipales, fue ministra y aspiró a llegar a La Moneda.

Por eso, el fenómeno Matthei merece atención. La discusión no es todavía si volverá a ser candidata. Esa pregunta llega demasiado pronto y simplifica el problema.

Lo relevante es que Kast comienza a tener dentro de la derecha una voz interesada en demostrar algo incómodo para su administración: que, si las cosas salen mal, quizás el problema no sea el proyecto de la derecha, sino la manera republicana de llevarlo al Gobierno.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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