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Los arrepentidos de Kast Opinión

Los arrepentidos de Kast

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Juan Pablo Orrego Miranda
Por : Juan Pablo Orrego Miranda Cientista político. Estudiante de doctorado en Política, Universidad de Edimburgo. Investigador de la Fundación Nodo XXI
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Por lo pronto, el alto número de votantes arrepentidos de haber apoyado a Kast tiene que interpretarse como lo que es: una consecuencia directa de la hoja de ruta del actual Gobierno.


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A poco menos de 7 meses de haber asumido como presidente de Chile, José Antonio Kast atraviesa uno de los momentos más duros de su Gobierno. A pesar de su contundente triunfo en 2025, su popularidad ha experimentado un profundo declive producto del mal manejo de la economía, el creciente costo de la vida y múltiples errores no forzados por parte de su administración. 

En dicho contexto, recientemente la Fundación Nodo XXI publicó la tercera medición de la encuesta Chile Actual. Los resultados vienen a constatar de manera categórica el mal momento por el cual atraviesa la popularidad del Gobierno. 

El porcentaje de personas que evalúa positivamente cómo José Antonio Kast está conduciendo su Gobierno bajó de 29,5% en junio de este año a tan solo 24,5% en septiembre. El Ejecutivo también es evaluado con notas rojas en su manejo de materias claves, como delincuencia y seguridad (2,7), inmigración y frontera (3,1) y economía y trabajo (2,6).

La agenda de reformas gubernamental tampoco logra adhesión dentro de la ciudadanía, con la mayoría de las encuestadas y los encuestados mostrando su desacuerdo con medidas como la implementación de un nuevo Estado de Excepción Constitucional para enfrentar la delincuencia ante posibles transgresiones de libertades y derechos civiles, la privatización parcial o total de bienes y activos públicos, o la reciente rebaja de impuestos corporativos del 27% al 23%. 

Sin embargo, quizás el dato más relevante de esta medición es el alto porcentaje de personas que, de repetirse hipotéticamente la elección presidencial, no volverían a votar por José Antonio Kast. 

En esta simulación, y asumiendo una competencia entre los mismos candidatos de 2025, el actual Presidente perdería cerca de un cuarto de sus votos en segunda vuelta, quedando por detrás de una Jeannette Jara que alcanzaría la victoria con un 53,3% de respaldo. 

Lo que hace este dato especialmente preocupante para la derecha es el perfil de estos electores “arrepentidos”. Provienen mayoritariamente de sectores populares, tienen menores niveles de educación, son mayoritariamente mujeres y no se identifican con ninguna ideología política. 

A ello se suma que parecieran estar entre los más golpeados por la precaria situación económica del país: un 48% afirma que su situación económica es peor hoy que hace doce meses y un 19% declara estar cesante.

Su comportamiento electoral tampoco sigue claramente el mapa de alianzas entre partidos, con varios de ellos declarando que en una hipotética repetición de la primera vuelta votarían por candidaturas de derecha, como las de Matthei o Kaiser, varios otros por el candidato del PDG Franco Parisi, o incluso por la candidata progresista Jeannette Jara. Son, en definitiva, votantes que oscilan entre distintas alternativas y que, por lo mismo, juegan un rol pivotal en la construcción de cualquier mayoría electoral.

La administración de José Antonio Kast así aparece cuestionada por partida doble. Por un lado, por la forma en que está gestionando áreas de vital importancia para la ciudadanía, particularmente la economía. En ese sentido, ciertamente el mal desempeño económico del país responde a causas estructurales asociadas al contexto internacional y a un modelo de desarrollo que lleva varios años dando señales de agotamiento, pero es igualmente innegable que decisiones tomadas por el actual Gobierno, como restringir el uso del MEPCO o limitar el gasto público, han tenido un impacto más que negativo en la economía y el empleo.

Por el otro, el Gobierno enfrenta un bajo nivel de adhesión a sus reformas, basadas en recortes sociales, posibles privatizaciones, restricción de derechos laborales, y beneficios a grandes empresarios. Su proyecto económico y social choca con aquellas posiciones redistributivas presentes en la sociedad y demandas por un Estado más presente. Sin ir muy lejos, el 73% de los encuestados cree que el Estado debería tener un rol activo reduciendo las desigualdades entre ricos y pobres. 

Desde la izquierda estos datos tampoco debieran apresurar celebraciones. Es cierto que hoy la mayoría de los encuestados declaran estar dispuestos a votar por Jeannette Jara si compitiera contra Kast nuevamente. No obstante, esa victoria hipotética dice más sobre las falencias de la actual administración que sobre la capacidad de las izquierdas para ofrecer un horizonte de transformaciones propio y convocante tras lo que fue el Gobierno del Presidente Boric.

La pregunta que los distintos sectores políticos debieran estar haciéndose no es, por tanto, cuántas personas se muestran arrepentidas de su voto o cómo movilizarlas de cara a las próximas elecciones. Más que buscar estrategias para acumular el descontento social a través de alianzas electorales circunstanciales, el desafío de la política chilena, y en particular de las izquierdas, sigue siendo la construcción de mayorías sociales que se sostengan en el tiempo. 

Construir dicha mayoría social en el presente requiere de proyectos de sociedad que ofrezcan soluciones concretas a urgencias sociales, como el alto costo de la vida, la precariedad de los servicios públicos o el alto desempleo, pero también reformas de mediano-largo plazo que permitan enfrentar de manera estructural problemas como la falta de crecimiento y desarrollo económico del país.

Todo lo anterior en un contexto geopolítico desafiante y turbulento. En otras palabras, y pensando en las izquierdas chilenas, el desafío no es solo distribuir la riqueza existente, sino también generarla en un contexto nacional e internacional incierto. 

Por lo pronto, el alto número de votantes arrepentidos de haber apoyado a Kast tiene que interpretarse como lo que es: una consecuencia directa de la hoja de ruta del actual Gobierno, pero de igual forma como un síntoma del periodo político que nos toca enfrentar. 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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