Opinión
Lo confederal verde contra los presidencialismos ultras
La buena política debe romper el presidencialismo autoritario y seguir los pasos de las democracias parlamentarias con soluciones pactadas confederales a los conflictos.
Los Verdes alemanes han causado polémica y reconocimiento público por poner “entre paréntesis” su ideario pacifista ante un mal mayor, como la prolongada guerra en Ucrania, con su cada vez más persistente ataque mutuo, afectando vidas y economía. Fue el gobierno rojo-verde del socialdemócrata Schröder, con el ministro de RR.EE. Verde, Joschka Fischer, que Alemania rompió su política de no beligerancia, empujando a que Europa actuara militarmente para detener al genocida Milosevic de la limpieza étnica que llevó a la locura la ex Yugoslavia. El “mal menor existe” en la tradición tomista occidental.
Pero vamos a ese concepto de lo diverso en política sin odio, pero, a su vez, sin negar que todo se funda en comunidades con identidad, lengua, territorios que pueden convivir en lo que Arend Lijphart llamó las democracias consociativas, las cuales se traducen en los modelos confederales, pluriétnicos, culturales y religiosos. De hecho, los dos conflictos que más duelen al mundo tendrían salida en democracias confederales. La mismísima Hannah Arendt, la principal filósofa política, propiciaba una confederación israelí-palestina (cristiana y musulmana, drusa y beduina), al igual que Edward Said, el máximo intelectual palestino, por sobre la idea de Estado confesional en conflicto (y amenaza) permanente, donde se han impuestos los halcones ultras, sin olvidar el asesinato de Isaac Rabín por buscar la paz con los palestinos. Conocemos la brutalidad del terrorismo de Hamás, matando a dos mil personas, muchas de ellas en un festival por la paz, y, a su vez, la condenable venganza israelí, con más de setenta mil palestinos muertos en Gaza, muchos de ellos mujeres, niños y médicos. La democracia en Israel se ha sostenido a duras penas ante los ministros ultras que ocupan Cisjordania. Se espera que venga un gobierno moderado que ojalá de allane a pactar con los partidos árabes.
La tragedia se repite en Ucrania con la invasión rusa, pero, a su vez, no se puede desconocer que la zona en conflicto es mayoritariamente de habla rusa, y el habla constituye realidad e identidad, pudiendo ser el modelo confederal que reconocer autonomías la solución de largo plazo y, como han apuntado muchos historiadores, que Ucrania reconozca Crimea como rusa y las regiones rusoparlantes debieran tener un estatus de mayor autonomía en Ucrania.
La buena política debe romper el presidencialismo autoritario y seguir los pasos de las democracias parlamentarias con soluciones pactadas confederales a los conflictos. Suiza, Bélgica, Alemania, India, España, Reino Unido, Canadá, en estricto rigor, son confederales, medido por las competencias administrativas, el reconocimiento pluriétnico y los recursos que administran los gobiernos territoriales. Suiza funciona como reloj perfecto con sus representantes de cantones pluriétnicos y lingüísticos (de habla francesa, alemana y tirolesa), sin presidente, ya que gobierna una comisión con coordinador rotativo. Bélgica asegura la autonomía a la zona valona de habla francesa y a Flandes de habla holandesa, además de la minoría alemana. España ha sido notable con el modelo de autonomía por comunidades, más confederal que algunos dudosos federalismos (el amenazado en USA, México, India, Venezuela, Argentina). En jerga chilensis hablamos del Estado “Regional” que se propició para Chile en la primera constituyente, teniendo como gran intelectual al democristiano profesor Humberto Nogueira de la U. de Talca.
Por su parte, Canadá es ejemplar en poder territorial plural que ha incluido nuevas regiones para los inuits del Ártico, como los hacen los países nórdicos con los saamis, quienes deambulan libremente entre Noruega, Suecia y Finlandia. El propio Reino Unido, ejemplo de la democracia Westminster, superó la crisis sectaria cristiana protestante y católica irlandesa (IRA) en base al diálogo con Tony Blair, de la centroizquierda.
En Chile logramos el milagro de la unanimidad en la Comisión de Estado para la Descentralización que convocó la presidenta Bachelet el 2014, con una propuesta para el “conflicto mapuche”: permitir la Región Wallmapu con un 40% de su asamblea. El confederalismo es el futuro ante los presidencialismos que nos llevan al infierno.
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