PISA: más que preguntarnos qué están aprendiendo, preguntémonos cómo estamos enseñando
Frente a cada resultado hay dos preguntas: qué necesitan aprender nuestros estudiantes y qué necesitamos cambiar en cómo enseñamos para que puedan aprenderlo.
PISA 2025 se publicó el 8 de septiembre. Chile bajó 12 puntos en Lectura y 9 en Matemática respecto de 2022, y un 38% de los jóvenes de 15 años no alcanza el nivel básico de lectura, el que permite identificar la idea principal de un texto. La pregunta de siempre es qué están aprendiendo los estudiantes. Yo prefiero otra: cómo estamos enseñando.
PISA no mide solo cuánto contenido recuerdan los estudiantes. La OCDE la define como la capacidad de usar lo aprendido frente a situaciones de la vida real. Y nuestro sistema sigue enseñando, en muchos contextos, con métodos centrados en transmitir contenidos, memorizar y mecanizar procedimientos. Dedicación hay: el 86% de los estudiantes chilenos dice que sus profesores se interesan por el aprendizaje de cada uno, contra un 69% en la OCDE. Lo que hay que revisar es qué tipo de aprendizaje estamos promoviendo.
No todo puede seguir explicándose por la pandemia. La ministra habló de un sistema “que aún no retoma el nivel prepandemia”. La pandemia profundizó brechas que ya existían. Pero la baja de este ciclo fue general (el promedio OCDE cayó 14 puntos en Lectura; Chile, 12), en 2018 ya estábamos 35 puntos bajo ese promedio y hoy en Lectura estamos bajo nuestro propio puntaje de 2006. Los jóvenes que rindieron esta prueba iban en primero básico en 2016 o 2017: aprendieron a leer, o no, antes de la pandemia.
El Ministerio respondió a PISA remitiendo al programa Chile Aprende y Avanza, cuyo diagnóstico señala que tres de cada cinco niños de segundo básico no alcanzan el nivel de comprensión lectora esperado, y agrega que “el problema no es de lenguaje sino de decodificación”, porque el 91% de quienes tienen rezago lector comprenden cuando se les lee en voz alta. Quisiera detenerme ahí: de cómo entendemos una dificultad depende cómo la abordamos.
La decodificación no ocurre aislada ni es algo distinto del lenguaje. Para aprender a leer, un niño necesita conciencia fonológica, vocabulario, discriminación auditiva, memoria de trabajo y otras habilidades que relacionan los sonidos del habla con su escritura. Un estudio europeo muestra que entre la mitad y cuatro quintos de las brechas de lenguaje al final de la primaria ya existían antes del primer día de clases. Que un niño comprenda cuando le leen en voz alta habla de su comprensión oral; sobre las habilidades que convierten ese lenguaje en lectura dice poco.
Cuando un estudiante tiene dificultades para decodificar, no basta con darle “más práctica de lectura”. Hay que identificar qué habilidades interfieren, qué experiencias ha tenido y qué apoyo requiere. Eso exige conceptos claros sobre el desarrollo del lenguaje, la adquisición de la lectura y la manera en que enseñamos estos procesos.
Volvamos a la pregunta: ¿enseñamos para recordar o para comprender y usar lo aprendido? La memoria importa; sin contenidos no se puede pensar. El problema es cuando memorizar se vuelve el fin. En Chile apenas el 2% de los estudiantes alcanza los niveles más altos de lectura, los que exigen distinguir hechos de opiniones.
PISA no debiera llevarnos solo a reforzar contenidos, sumar ejercicios o preparar mejor la próxima prueba. Debiera llevarnos a revisar cómo preguntamos, cómo evaluamos y cuánto espacio damos a la reflexión, la argumentación y la resolución de problemas nuevos. Y a dejar la idea de que existe una única manera de enseñar y de aprender: las dificultades no se explican solo desde el déficit del estudiante, también desde las condiciones, las metodologías y la capacidad del sistema para responder a distintas trayectorias.
Frente a cada resultado hay dos preguntas: qué necesitan aprender nuestros estudiantes y qué necesitamos cambiar en cómo enseñamos para que puedan aprenderlo. Si no están desarrollando las habilidades que esperamos, la responsabilidad no puede recaer solo en ellos. También debemos mirarnos como sistema educativo y preguntarnos si estamos enseñando para el mundo que nuestros estudiantes tendrán que enfrentar.
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