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Canciller Pérez y compañía limitada: aprendices en geopolítica Opinión Archivo (AgenciaUno)

Canciller Pérez y compañía limitada: aprendices en geopolítica

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Paz Zárate
Por : Paz Zárate Abogada experta en derecho internacional (@paz_zarateb).
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El Canciller Pérez y su gente han demostrado, en temas clave, grave falta de juicio y expertise para establecer relaciones estratégicas; incapacidad para cuidar el interés de Chile y prevenir errores que cuestan caro; y pusilanimidad para defender la soberanía nacional.


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La interpelación parlamentaria al Canciller Pérez tuvo lugar el 28 de septiembre pasado. Tal como ocurrió en instancias anteriores, la herramienta mostró fallas de diseño: nada impide al interpelado leer un libreto preparado con anticipación e ignorar las preguntas que se le formulan. Entre evasivas y superficialidades, se esquivaron inquietudes reales y, en medio del bullicio, la altisonancia de algunas frases fue presentada como signos de un inexistente triunfo ministerial.

Porque como las dudas no fueron resueltas, a sólo horas del cierre de la interpelación, el amateurismo de la Cancillería volvió a quedar en evidencia.

Al día siguiente (29 de septiembre), el Canciller argentino Pablo Quirno, aludiendo al comunicado Kast-Milei del 3 de septiembre, aseguró que existe un acuerdo con Chile para impedir el apoyo logístico a la explotación de recursos en las Malvinas-Falklands. En referencia al comercio marítimo con las islas que Punta Arenas se apresta a restablecer, Quirno agregó que su gobierno “espera el cumplimiento de los tratados”. Y mediante la frase “palabra de Presidente mata a palabra de Ministro”, Quirno despreció declaraciones de Fernando Barros, titular de Defensa chileno, quien hizo ver que Chile tiene derecho a ejercer el comercio marítimo.

Esta semana Quirno volvió sobre el tema, advirtiendo en un discurso que otros países no deben ayudar ni siquiera indirectamente a los habitantes de las islas a explorar o explotar sus recursos. Añadió, como amenaza, que la relación bilateral estará definida por la respuesta de cada país. Desconocer prioridades argentinas saldrá caro, dijo: la integración -en infraestructura, energía, minería etc.- dependerá de si hacemos nuestra la causa argentina.

¿Qué puede explicar el hecho que el Canciller chileno no proteste ante dichos y amenazas que niegan tratados vigentes, y el derecho de nuestro país a comerciar?

Las limitaciones del Canciller y su equipo son profundas. Era obvio que ese comunicado conjunto -redactado por Argentina, evidentemente-, nuestros vecinos intentarían considerarlo como tratado, no obstante su tenor político. Y es obvio también que Argentina estima que vender comida y material de construcción es ayudar indirectamente a los isleños a explotar sus recursos. Pero el equipo de Pérez no percibió estas obviedades antes de la suscripción del texto y aprobó -como el mismo Pérez aseveró a El Mercurio– que el Presidente Kast suscribiera este inconveniente texto.

Estos genios geopolíticos (los mismos, probablemente, que anticiparon que la guerra en Irán sería corta), no sólo no han sido despedidos por este autogol, sino que siguen haciendo de las suyas. Así por ejemplo, el Subsecretario del Interior Máximo Pavez dijo que el comercio desde Punta Arenas a las islas sólo podrá realizarse si cumple con la legalidad internacional. Pavez demuestra entonces que ignora lo básico: que nuestros tratados ya garantizan el cruce por aguas argentinas viniendo desde el estrecho de Magallanes. Y que nada, absolutamente nada, los deroga o modifica.

Como Milei enfrenta una reelección en octubre 2027, Argentina le pesará a Kast al menos durante todo un año. De hecho, el arbitraje contra Reino Unido que Milei iniciará ante el Tribunal Internacional para el Derecho del Mar podría ser preludio de acciones contra Chile, incluso sobre temas distintos a Malvinas-Falklands, como nuestras propias disputas pendientes de solución (Campos de Hielo Sur y Plataforma Continental Extendida). El inexperto equipo de RREE del Canciller, y el del segundo piso, no están técnicamente preparados para esa delicada contingencia.

Pero Argentina no es el único problema que enfrenta este desnutrido team, carente de toda especialización respetable. Dejando de lado por ahora el Escudo de las Américas, que requiere tratamiento aparte, está el tema del Embajador de EEUU en Chile Brandon Judd, que cumple un año de constante intervención en asuntos internos.

Lo de Judd, hay que decirlo, no es la simple locuacidad de un exguardia fronterizo tocado por la varita trumpista e ignorante de códigos diplomáticos esenciales. Su conducta incluye derechamente amenazas, como cuando mandó callar a los ministros Barros y Campos, so pena de posible castigo arancelario; y mentiras, como cuando dijo que contaba con inteligencia sobre la autoría del estallido social y, confrontado, debió admitir que eran elucubraciones suyas.

Esta semana Judd traspasó todos los límites. El martes, en un seminario, negó la existencia de la Antártica chilena (“no hay una Antártica que pertenezca a Chile”, pues “el sistema de tratados de Antártica dice que no hay un territorio que es de un país”). En vista del interés de Trump en las regiones polares y en sus riquezas, los dichos de su representante local revisten enorme gravedad.

Ayer miércoles, en otro evento, Judd sumó un chantaje a su prontuario: expresó que Chile debe trabajar con EEUU, en temas que le interesan a EEUU, si es que nuestro país quiere proteger sus derechos sobre el Estrecho de Magallanes; es decir, si quiere proteger su propio territorio.

En vista de que el Presidente Kast ha dicho anteriormente que personalmente no tiene problemas con la conducta de Judd, y de que Pérez ha sido incapaz de protestar formalmente ante la violación de nuestra soberanía (como sí hizo su antecesor Van Klaveren), fue el Senado de Chile quien emitió una condena (“Chile no requiere condicionamientos ni autorizaciones externas para defender lo que le pertenece”).

Judd reaccionó como siempre: mintiendo (“mis palabras fueron sacadas de contexto”) y burlándose (“disfruto de una buena teleserie como cualquier persona, pero este drama está siendo tergiversado”).

Nuevamente preguntamos: ¿Qué puede explicar el hecho que el Canciller chileno no proteste formalmente ante dichos que amenazan su soberanía territorial, y se contente con una declaración a los medios?

A esas preguntas se añaden otras: ¿Cuándo más aguanta el país que su política exterior estén en manos de personas que no entienden lo que está pasando? ¿cuándo convocará el señor Pérez al Consejo de Política Exterior? ¿cuándo despedirá a los asesores sin calificaciones, quizá en un par de meses, cuando Milei intente impedir físicamente la navegación de la nave chilena que viajará a Malvinas-Falklands? ¿o quizá el próximo invierno, cuando Argentina nos deje -otra vez- sin gas? ¿o tal vez cuando Trump repentinamente nos suba los aranceles al doble, en solidaridad con su amigo Milei? ¿o cuando el Reino Unido, principal proveedor de nuestra Armada y la alianza militar más antigua de Chile, rebaje nuestra relación?

El Canciller Pérez y su gente han demostrado, en temas clave, grave falta de juicio y expertise para establecer relaciones estratégicas; incapacidad para cuidar el interés de Chile y prevenir errores que cuestan caro; y pusilanimidad para defender la soberanía nacional.

Señor Pérez, por Chile: despierte hoy.

O vuelva al mundo de los negocios.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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