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Yo elijo mi PC: más allá de lo medible y cuantificable Opinión

Yo elijo mi PC: más allá de lo medible y cuantificable

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Alejandro Cataldo Díaz
Por : Alejandro Cataldo Díaz Doctorando en Sociología, Universidad Alberto Hurtado. Investigador en educación superior.
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No se puede “evaluar” una política pública netamente por su grado de cumplimento en metas, se deben tomar elementos más peculiares, específicos o cualitativos, los cuales muchas veces son dejados de lado dada su “complejidad”.


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Durante estos días, y a raíz de la introducción de la propuesta de ley de presupuestos, ha causado bastante revuelo el fin del beneficio “Yo elijo mi PC”. Durante una conferencia de prensa, el subsecretario del interior Máximo Pavez mencionó que el programa de becas TIC es uno “mal evaluado” y “que no presenta un efecto relevante en el aprendizaje”. Sentenciando a muerte, de esta forma, desde una mirada tecnocrática, a un beneficio social.

Sin embargo, si este diagnóstico fuese completamente cierto ¿por qué se ha extendido la crítica, desde la propia ciudadanía a casi todos los sectores del espectro político, incluyendo al oficialismo, al fin de este programa público?

En la administración pública, hace décadas se implementó una manera de hacer gestión que es propia de empresas privadas. Bajo el concepto de la Nueva Gestión Pública, se han extraído, por parte de instituciones públicas, elementos del mundo privado, de organizaciones y de empresas. Entre ellos, se pueden nombrar ciertos “valores” como la eficiencia y la eficacia y algunas técnicas de managment como el desarrollo organizacional.

En general, estas ideas gozan de una buena opinión, tanto por directivos como de funcionarios a niveles operativos, principalmente porque otorga beneficios individuales, institucionales y es una manera eficiente de evaluar programas, mediante la incorporación de metas e indicadores de desempeño.

No obstante, esta forma de medir tanto logros institucionales como políticas públicas se vuelve miope, justamente, en estos casos como la eliminación de un programa como Yo elijo mi PC. 

Si creemos exactamente lo que mencionó el subsecretario, es decir, que el programa está mal evaluado, no da espacio para comprender correctamente otro concepto que es más nuevo en gestión pública: el de “contribución”, el cual es un intento por evaluar aspectos más cualitativos de programas y políticas públicas.

Matías Ávila, vocalista de Candelabro, una de las bandas chilenas emergentes que mejor se ha posicionado en el campo musical nacional mencionó en una entrevista que gracias a este programa pudo comenzar en la música.

 Cientos de beneficiarios de esta política comentan en redes sociales que, más allá de la utilidad del computador que entrega el Estado, significó el inicio de una visión completamente nueva con el mundo. Mediante esta relación entre sujeto-aparato, que va más allá de lo medible cuantitativamente, hay una resignificación de la propia existencia.

Este tipo de programas y políticas sociales o de beneficios, van mucho más allá de lo cuantificable, de lo medible. Exacerba lo que cualquier meta u objetivo puede contabilizar. Actualmente, no existe un concepto claro de cómo esto puede ser “visto” por los gestores públicos. Si bien se ha intentado introducir la idea de “impacto” o “contribución” estos siguen teniendo una lógica, muchas veces, numérica.

En la administración pública, hay espacios que superan cualquier forma de medición, la entrega de un buen servicio y la modificación de relaciones sociales, tanto entre individuos como elementos no-humanos -que es el caso del programa social mencionado- son dos ejemplos de aquello.

No se puede “evaluar” una política pública netamente por su grado de cumplimento en metas, se deben tomar elementos más peculiares, específicos o cualitativos, los cuales muchas veces son dejados de lado dada su “complejidad”. Con un gobierno como este, sin embargo, eso se ve difícil de realizar.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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