Opinión
El desempleo también tiene código postal
El desafío no consiste únicamente en generar más empleo, sino también en avanzar hacia una distribución más equitativa de las oportunidades laborales.
La tasa de desocupación nacional alcanzó 9,6% en el trimestre junio-agosto de 2026, aumentando un punto porcentual en doce meses, mientras las personas ocupadas disminuyeron 0,9% y las desocupadas crecieron 13%. Se trata de cifras preocupantes que reflejan las dificultades actuales del mercado laboral. Sin embargo, detrás de este promedio nacional existe una realidad que suele quedar relegada en el debate público: el desempleo no afecta de la misma manera a todos los territorios del país.
En Chile, las oportunidades laborales están distribuidas de manera desigual. El lugar donde se vive condiciona las posibilidades de encontrar trabajo, no solo por la estructura productiva de cada región, sino también por la disponibilidad de empleos, la conectividad, las distancias y el acceso a servicios. Por ello, hablar de una única realidad laboral nacional puede ocultar las profundas diferencias que enfrentan las personas según su región o comuna de residencia.
Estas desigualdades territoriales no son recientes. En 2024, mientras la tasa de desocupación anual del país fue de 8,5%, regiones como La Araucanía y Ñuble alcanzaron 10,0% y 9,9%, respectivamente. Asimismo, durante el trimestre octubre-diciembre de ese año, la desocupación fluctuó entre 3,5% en Aysén y 9,5% en La Araucanía, frente a un promedio nacional de 8,1%. Estas diferencias evidencian que, incluso bajo un mismo escenario económico, las posibilidades de acceder al empleo varían considerablemente entre territorios.
Pero las desigualdades no se expresan únicamente entre regiones. También existen al interior de ellas. una persona que reside cerca de los principales centros de actividad económica No enfrenta las mismas oportunidades laborales que otra que vive en una comuna rural, periférica o con escasa diversificación productiva. En muchos casos, encontrar trabajo implica trasladarse largas distancias, asumir elevados costos de transporte o depender de actividades estacionales. Así, el desempleo no puede comprenderse solamente a partir de las características individuales de quienes buscan trabajo, sino también de las condiciones que ofrece el territorio donde viven.
Estas barreras adquieren especial relevancia para las mujeres, cuyas posibilidades de participación laboral están estrechamente vinculadas con la distribución de las responsabilidades de cuidado. La disponibilidad de jardines infantiles, servicios de apoyo, transporte y redes familiares puede determinar si una oportunidad de empleo resulta realmente accesible. De esta manera, las desigualdades territoriales y de género se entrecruzan, profundizando las dificultades de inserción laboral en determinados contextos.
Lo anterior obliga a ampliar la forma en que comprendemos y abordamos el desempleo. No basta con observar cuánto aumenta o disminuye la tasa nacional si desconocemos dónde se concentran las oportunidades laborales, qué territorios presentan mayores desventajas y qué obstáculos enfrentan sus habitantes para acceder a un empleo de calidad. Tampoco basta con promover medidas homogéneas en un país cuyos territorios tienen estructuras productivas, necesidades y recursos tan diferentes.
Reconocer esta dimensión territorial no significa restar gravedad al desempleo actual. Por el contrario, implica comprender mejor su magnitud y las desigualdades que lo acompañan. Las cifras recientes exigen respuestas, pero también políticas de empleo capaces de reconocer las particularidades regionales y locales, fortalecer las economías territoriales y reducir las barreras de acceso al trabajo.
El desafío no consiste únicamente en generar más empleo, sino también en avanzar hacia una distribución más equitativa de las oportunidades laborales. Porque, mientras el debate siga concentrado exclusivamente en los promedios nacionales, continuaremos observando solo una parte del problema. En Chile, el desempleo también tiene código postal, y comprender esa geografía es fundamental para enfrentarlo.
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